Política

Mar del Plata en zona de turbulencias, ajustarse los cinturones

Si Mariu vino 45 veces a la ciudad durante su mandato, el actual gobernador no le irá en zaga. A Kicillof, un hombre de Capital Federal, que  hizo de su tierra porteña un bastión de su militancia, que sin embargo  le permitió llegar al sillón de Dardo Rocha. Axel, como Vidal, tiene a Mar del Plata entre sus objetivos excluyentes.

Mucho tienen que ver con visibilizar, potenciar y magnificar las acciones que generen conflictos con la gestión política. Es decir buscar problemas donde no los hay.  ¿Cómo la pasaron en CABA durante los 12 años de dominio K en Balcarce 50? Muy lejos de la zona de confort del PRO  a pesar que la Capital Federal fue la cuna que llevó el amarillo a la punta del Obelisco.

Era una convivencia con una patología definida: intratables. Aún cuando los problemas se hubieran evitado con una genuina vocación de diálogo, sólo cruzando la Plaza de Mayo. Olvídate, sino había jaleo, no existía la mamadera política que se gesta cuando se lucha por el poder.

La policía, los subtes, los terrenos del Aeroparque Jorge Newbery, la estatua de Colón, son apenas algunos de los casos más resonantes. Acá ya arrancaron con las reparaciones en las escuelas provinciales. Montenegro se corrió como otros jefes comunales del PRO. Desde La Plata lo apuntaron y hubo un exceso de velocidad para la primera estocada.

“Escuelas a la Obra“(muy buen título) era “La desfinanciación de nuestro sistema educativo municipal, que es el más grande del país”, advirtió Marianela Romero. Ya que no vienen de zaranda los recursos para la educación, era menester aportar claridad para cuidar los dinerillos que deben provenir de la capital provincial. Hubo un cruce que se resolvió sin sangre y eso disgusta, mal que nos pese.

Kicillof pasó del tranquilo barrio Agronomía a la sección chacras de Pilar, su afincamiento a los efectos de fijar domicilio bonaerense y cumplir con ese requisito para aspirar a la gobernación. El ex ministro de Economía de la Nación mantiene una prudente distancia, casi fóbica, con los intendentes bonaerenses, y recíprocamente. No encajan las piezas, falta encastre, se desconocen.

En ese pelotón se sumó Guillermo Montenegro, un nativo marplatense, con más años fuera de la ciudad que viviendo en ella. Este es el combo que alumbró la maña de la  política. Es hachazo por puñalada, a la hora de cobrar por la territorialidad para ambos, Kicillof y Montenegro. No son extraños, pero suenan a forzados en su hábitat, laboral por estos días.

 Kicillof desembarca y arenga a su tropa política, multifacética por cierto, y con expertos para hacer posible la incomodidad, la mala calidad de vida y los trastornos urbanos.  Casi ni empezaron todavía, pero la tendencia es irreversible.

Muy probablemente, para el actual intendente preparen una batería que dejará de ser silenciosa e irá cobrando ruido con el correr de los meses.  Ya hubo una chicana con “Escuelas a la obras” una provocación innecesaria, un trastorno insignificante y encima con un gobernador mal “dateado”. Bueno, la prolijidad no es tampoco alguna de sus virtudes.

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