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Las dudas que encierra el hundimiento del San Antonino

Sin títuloEl casco de madera del San Antonino está hundido a 10 millas al este de Punta Mogotes, a unos 35 metros de profundidad. Al menos eso parece indicar el sonar de la Armada que detectó la presencia de un objeto sumergido a esa profundidad y ahora esperan por días de mayor claridad para el descenso de los buzos.

Un avión B200 de la escuadrilla de exploración y vigilancia marítima de la Armada y el destructor ARA Almirante Brown se sumaron a las tareas de rescate para intentar hallar al patrón, Claudio Zerboni, al marinero Alejandro Ricardenez y al engrasador, Pablo Pardo, que se encuentran desaparecidos desde que la lancha de 16 metros naufragó en la madrugada del jueves 1 de septiembre a dos horas de zarpar del puerto marplatense.

Los cuerpos de los tripulantes Carlos Campos, Sergio Juárez y Gonzalo Godoy recibieron cristiana sepultura el sábado por la mañana y hoy descansan en el cementerio Parque después de ser velados juntos, con el acompañamiento de familiares y amigos en una casa velatoria de Juan B. Justo al 500.

Las víctimas del naufragio no son cinco como se dio a conocer en un principio sino seis. Gonzalo Godoy no figura en el libro de embarque que la agencia marítima Hugo Simonazzi entregó a la Prefectura con la firma del patrón de la lancha.

La aparición póstuma del marinero dejó en evidencia el descontrol que existe en la banquina chica, donde Prefectura debería ser la responsable de que la documentación coincida al momento de la zarpada de cada embarcación.

Para colmo la falta de controles recae en un tipo de flota donde la norma es precisamente ésa, no cumplir con todos los requerimientos que dispone la normativa.

Serían seis los tripulantes del buque San Antonino

Las irregularidades en el parte de salida del San Antonino quedaron en evidencia porque naufragó. Pero no es la excepción sino la regla en una banquina donde si uno quiere embarcarse, lo único que necesita es un par de botas.

Enterado de la irregularidad, de que no eran cinco sino seis, el juez Santiago Inchausti decidió desplazar a la Prefectura de las tareas de búsqueda y rescate de los ya no dos sino tres tripulantes que se encuentran desaparecidos y asignarle un rol protagonista a la Armada.

De ahí que Gustavo Campanini, el responsable de Prefectura Mar del Plata fuera obligado a correrse de la escena y los medios de comunicación. Quedaba claro que no todo estaba en regla como había asegurado el Jefe de la fuerza.

“No creo que le cueste el cargo pero posiblemente se adelante su salida de Mar del Plata”, confió una fuente que conoce el humor de la fuerza de seguridad, que otra vez quedó en el centro de la escena.

En las horas posteriores al naufragio el silencio oficial motivó que se tejieran distintas hipótesis. Conocido el rescate de Godoy, por un momento se pensó que Pardo nunca había embarcado y en realidad su libreta la había utilizado Godoy. Y seguían siendo dos los marineros desaparecidos.

La Policía Federal fue al domicilio de Pardo, pero no lo encontró porque ya no vivía en La Rioja 3458, el que figura en el libro de embarque. Pero confirmaron rápido que estaba entre los náufragos. Tuvieron el testimonio de un remisero que esa madrugada lo llevó al puerto desde Juncal y Juan B. Justo.

“Es mentira que la familia de Pardo no fuera a Prefectura a saber de su suerte”, contó un dirigente del SIMAPE que el viernes asistió al velatorio. La confusión se generó porque los hombres de Campanini ya estaban fuera de la investigación, del rastrillaje y de la función de voceros. Nadie contó que Pardo tenía familia en Mar del Plata. Tal vez para seguir alimentando la versión oficial de los cinco tripulantes.

La Armada tampoco es garantía de transparencia. En la mañana del viernes, a apenas 24 horas de producido el naufragio y con la fuerza de los hechos en los medios de comunicación -el cuerpo de un tripulante que no figuraba en los registros- todavía no habían oficializado la búsqueda de tres desaparecidos.

Guillermo Repetto, comodoro de la Armada, sostuvo esa mañana en una entrevista radial que habían encontrado la balsa del San Antonino, aunque no aclaró en qué condiciones estaba, si abierta o cerrada.

Pero con el correr de las horas y la revisión de fotografías tomadas al momento en que arribó la Madonna di Giardini, la lancha que fue en auxilio de la San Antonino cuando entró en emergencia, queda claro que la balsa no la encontró la Armada sino que llegó a puerto en la cubierta de la Giardini.

Por estas horas el juez Inchausti dispondrá que se inicien los peritajes para determinar por qué la balsa no se abrió, lo que hubiese permitido que los marineros pudieran haber sobrevivido.

La balsa viene equipada con una válvula hidrostática que se activa de manera automática para cumplir con su función de salvamento. La balsa del San Antonino se eyectó pero se mantuvo cerrada.  De la cubierta de la Giardini salió del puerto en la caja de una camioneta roja de la Prefectura.

La balsa tiene un recorrido de seguridad que debe cumplirse de manera periódica. Aunque Prefectura tiene atributos para cumplir con esa tarea, la delega generalmente en el proveedor del dispositivo de seguridad.

“Ahora el problema es para quien emitió el certificado. O para quien la acomodó en la cuna. El cabo de disparo tiene que estar sujeto a la estructura. Para que si se cae, se abra sola”, le explicó un especialista en la materia.

“La lancha ya fue haciendo agua desde que salió”,  fue una versión repetida en estos días. Al momento de la zarpada, además de la inexistencia del control de Prefectura, es difícil imaginar otros testigos presenciales.

Godoy era marinero frecuente del “San Antonino”. Lo dice su hermana Julieta en el velorio. Incluso mostró un recibo de sueldo del mes de mayo, donde solo aparece el ingreso en blanco. Cerca del juez que investiga el naufragio creen que no lo incorporaron al rol de salida por un cambio a último momento.

El sábado todos los gremios marítimos y portuarios, junto con las cámaras armadoras, decidieron honrar a las víctimas del San Antonino y declararon un día de luto durante el cual el puerto no registró zarpadas de buques a zona de pesca.

El viernes a la tarde un grupo de marineros debió frenar la decisión de un armador apurado en salir para no caer en el duelo del sábado. La solidaridad, como la hipocresía, siguen siendo las dos caras de la misma moneda en estas historias de víctimas inocentes.

Roberto Garrone

Revista Puerto

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