Política

Hasta dónde llega la onda que jaquea a CAMBIEMOS: la autovía y el refulado en 1999

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Una regla sin excepciones en política, obliga a los oficialismos a conservar los votos para retener el poder. El tránsito de las elecciones generales es un laberinto en el oficialismo y en la oposición. El laboratorio de estrategias proselitistas es un trabajo a destajo. Las reglas están echadas y todos los instrumentos de medición están recalculando, permanentemente, cruzando datos.

El juego de alianzas y nuevos frentes, cobran una dinámica tan vertiginosa que la realidad desintegra minuto a minuto. Nadie puede renegar de la realidad, sino aceptarla. Hoy un candidato con una intención de voto que no supere el 30 % de los votos, es un potencial ganador. Las PASO 2015, abrieron la etapa que culminaría la hegemonía K, que se desbarrancó desde un 54 %.

La definición de los alineamientos no es apta para los ansiosos. Todos, absolutamente todos, deben apelar a su máxima capacidad de negociar, tolerar e invertir en paciencia. Es casi una recomendación, frente a un escenario con un decorado que se devora a los actores. La chapa de favorito se volvió utópica.

La dispersión fragmenta espacios consolidados hasta límites impredecibles. El presidente Mauricio Macri, cayó ¿sorpresivamente? en Chapadmalal, fue un operativo contención o una arenga para mantener la guardia alta en el elenco de María Eugenia Vidal.

Macri necesitó un clinch con la gobernadora. Allí pudieron observarse titubeos, que ahora parecen también haberse trasladado a los pagos de Rodríguez Larreta, nada menos que la cuna del PRO. A tal punto que el jefe de CABA debe ratificar a Macri como único candidato

Larreta por estas horas no dispone de la mejor gracia en las encuestas. No está en peligro, por ahora, la renovación de su mandato, pero sufrirá recortes en un margen que dejó de nadar en la abundancia. Hay que tener en cuenta que habrá un antes y un después de la Capital Federal tras el paso de Rodríguez Larreta.

Pero los antecedentes vuelven relativos los resultados perennes, si nos atenemos al caso Mar del Plata, la construcción de la largamente postergada autovía de 400 kilómetros, que unía nuestra ciudad con la Capital Federal fue casi simultánea al refulado de arena que hasta triplicó la superficie en las principales playas del balneario, todo ocurría en 1999. Dos años después quedábamos sumidos en la crisis 2001.

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