Política

El sentido común ganó la partida

Pudo resultar fatal, salió hacia adelante, pero el intendente capitalizó acertadamente su mínimo margen de error disponible. “No quiero ser el próximo intendente que lleve el pésame a los padres de un joven fallecido en una fiesta de éstas”, esa frase del doctor Carlos Arroyo, no fue demasiado reflejada en las crónicas periodísticas de los últimos días, y sin embargo forma parte de la cuestión de fondo.

En una gestión que va de asombro en asombro, la intencionalidad política había metido la cola y la mala fe también. Había que recurrir a la semántica para definir con claridad los alcances de los términos; prohibido, autorizado, suspendido, postergado, cancelado, aprobado, habilitado, etc. con lo cual se había entrado en un juego no exento de provocación de efectos perversos.

Hubo un especial trabajo por mostrar a una ciudad blindada durante la temporada, que la dejara exenta de escándalos y hechos desagradables vinculados a la crónica policial. Esta es la ciudad donde ocurrieron los tristes episodios de Carlos Monzón y Alberto Olmedo. Tragedias luego de las cuales Mar del Plata no trascendió de igual manera.

En el tratamiento de los casos de la realización de las fiestas electrónicas, que se han ventilado en los últimos días, se salió hacia adelante, con mucho trabajo, interferencias y golpes bajos, a sabiendas del complicado funcionamiento político administrativo de una gestión compleja, enredada, imprevisible e impredecible.

No en vano, para este verano Mar del Plata ocupa el primer lugar del podio de los desvelos en Balcarce 50 y en La Plata, precisamente por los desbordes que ocurren en temporada alta. Pocos recuerdan que Daniel Scioli prohibió la venta de alcohol a partir de las 21, aún en casos de consumo familiar para una cena en el domicilio propio.

De acuerdo a información que ha recibido mdphoy.com este tipo de acontecimientos en auge en una franja de la juventud, era uno de los indicados para promover desórdenes y descontrol, previamente en la costa atlántica balnearia, la agenda venía pesada.

Según relatan vecinos ubicados en Ruta 11, a la altura de los balnearios del Sur donde se realizan las reaves, se han observado jóvenes que salen con las primeras luces de la madrugada y literalmente en muy malas condiciones derivados de la ingesta de alcohol, energizantes y otras sustancias. Se acuestan y quedan dormidos sobre la misma cinta asfáltica de la ruta o a escasos centímetros de la misma, como en un juego inconsciente con la misma muerte.

Es innegable que se tomó cabal noción de cuáles podían ser las consecuencias, en el último minuto, en tiempo de descuento, lo cual impactó sobre el factor presión de los afectados, interesados y de quienes no podían dejar pasar su oportunidad de lograr un mezquino rédito político.

Que la solución haya llegado junto con la mano de los organizadores, es un paso trascendental, si nos atenemos al cumplimiento y la rigurosa vigencia de los controles más estrictos, como ha sido convenido. Si había cancelaciones de protagonistas extranjeros, alteraciones de fechas, entradas vendidas, reservas anticipadas etc. son problemas que forman parte del riesgo de inversiones de esta naturaleza y como tal se resuelven, como ha ocurrido en infinidad de oportunidades.

Si en este caso, todo ha sido potenciado, para dejar al desnudo la permeabilidad de una administración política, el objetivo ha sido logrado. Pero debe existir la total tranquilidad que la extenuante negociación superó el trance que apareció en el camino, por errores propios es cierto, y fundamentalmente, por una cuestión de oportunidad. Como muchos otros temas se escapó de las manos de un gobierno que frecuentemente termina confabulado en sí mismo. Es la peor de las señales, porque hay desesperación por irle a la yugular ante el menor error.

Cuando se entra en el análisis de las medidas que deberán tomarse para que las fiestas se celebren, se cae en la cuenta que las previsiones estructurales, de profesionales en medicina, equipos especiales y hasta un hospital a disposición, podemos asomarnos a un dantesco acontecimiento, que hasta hoy muchos ignoraban.

Las crónicas de los penosos hechos ocurridos en Arroyo Seco y Time Warp en Costa Salguero, sirven como antecedentes que reflejan que todas las precauciones no habían sido tomadas, siempre el Estado debe velar por el bien común, sin entrar en otro tipo de disquisiciones, que si deben ser evacuadas en su totalidad a la brevedad posible.

No es fácil convivir con eventos de esta naturaleza, sobre todo cuando los mismos no están exentos de importantes intereses económicos, que no reparan en la vida de las víctimas.

En la programación de las fiestas electrónicas, habrá un antes y un después de enero de 2017 en Mar del Plata. Se clavó un hito que cualquier autoridad competente deberá observar con obediencia religiosa, salvo que quiera exponerse a un desastre propio, que no tenga reparaciones posibles.

Nos enteramos de los casos de los jóvenes muertos, pero se desconocen cómo es la evolución de quienes logran sortear con vida la experiencia. Los relatos son crueles, hasta criminales, se acaba el agua, atan las canillas con alambres, el precio de una botella de medio litro es una fortuna, se desconocen los orígenes de drogas sintéticas.

No se trata de prohibir o de restringir la libertad de nadie, ni caer en la torpeza de intentar sacar ventajas políticas con un tema tan delicado, ya que sería desviar el eje de la cuestión intencionalmente.

Arroyo aguantó la embestida, casi se lo llevan por delante, pero priorizó el sentido común, y muy posiblemente haya sentado un antecedente que se convertirá en política de Estado.

Jorge Elías Gómez

jgomez@mdphoy.com

2 Comentarios

  1. EXCELENTE COMENTARIO, con mayúsculas.

  2. Jorge:
    Una nota a reflexión pura; precisa; profunda; objetiva.
    Una redacción impecable que conduce inevitablemente al razonamiento,
    y deja en claro que al bien común se llega con la participación de todos,
    con buena fe, ocupándose permanentemente y enfrentando los intereses
    y actitudes espúreas que aparezcan. Un abrazo.
    espúreas