Política

¿El nepotismo es un problema?

El caso Triaca obligó a Macri a lanzar un decreto que exime a los funcionarios de poder nombrar a sus familiares.

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El nepotismo, es decir, esa afición que tienen los funcionarios de nombrar a sus familiares no nació con Macri, tampoco con Cristina Kirchner. No es nuevo en la política, y como suele suceder, no es un invento argentino. Algunos autores remontan su origen en la Grecia clásica, allá por el siglo VI a.C. ¿Pero es acaso un problema? No, el inconveniente es la importancia que le damos al Estado.

Para los políticos enmarcados en la “teoría” meritocrática el nepotismo es negativo y se considera corrupción. Así lo señala el diputado provincial Guillermo Castello quien en 2016 presentó un proyecto para eliminar las posibilidades que los funcionarios de todos los poderes de gobierno pudiesen nombrar a sus parientes. Para el Lilito es un hecho de corrupción claro y llano.

Muchas veces lo es, y lo fue durante décadas. En grandes ocasiones se concibió al Estado como esa estructura mágica, útil para poder “darle una mano” al sobrino, al hijo, al primo, incluso al amante. Eso es nepotismo y debe ser combatido, pero cómo.

La solución más simple es eliminarlo de cuajo. Así lo hizo Macri en el decreto que firmó esta semana. Con esa resolución el Presidente es consciente que el escándalo de Triaca, con su empleada doméstica y sus familiares, iba a quedar atrás. En la política, como en la vida, un escándalo, algo resonante, tapa un viejo escándalo que queda en el pasado, lejos del recuerdo.

La otra opción, más compleja claro está, es comenzar a interpretar al Estado como el mecanismo ideal para resolver los conflictos ciudadanos, brindar la protección de derechos, etc. Para esta concepción, el Estado ya no es el aguantadero para los amigos y familiares del poderoso de turno, sino un andamiaje mucho más enmarañado y fascinante.

En este contexto, los puestos del Estado, y sobre todo los que exigen una tecnificación específica deberían ser designados por concurso. Tener lazos sanguíneos sería en estos casos sólo eso. Para lograr sortear los exámenes los aspirantes a ingresas a la burocracia estatal, deberían aportar conocimiento, capacidad de gestión, interés por resolver los conflictos.

Argentina es un Estado joven en el concierto de las naciones. Los concursos pueden ser manipulados, tampoco seamos ingenuos, pero resulta conveniente para el buen funcionamiento de un país que allí sea donde se apunte: a la búsqueda de concursos limpios y específicos. Mientras tanto, por más que se expulsen a los familiares, el Estado seguirá siendo el aguantadero de los amigos de los poderosos de turno.

* @nicoalberio

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