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El hijo de un ícono de la Resistencia Peronista busca a su madre biológica

eduardo luis felipe vallese 1“Quiero encontrar a mi madre biológica. Confío que, en algún momento, entre el público, aparezca ella. O que alguien se presente y me diga que es o fue amigo de mi mamá, de quien ni siquiera sé su nombre”, manifestó, en diálogo con este portal, con la voz quebrada por la emoción, Eduardo Felipe Luis Vallese, hijo de Felipe Vallese, el mítico delegado gremial de la Unión Obrera Metalúrgica, que tras su secuestro el 23 de agosto de 1962, se constituiría en uno de los primeros detenidos-desaparecidos de la historia argentina contemporánea, y en un icono de la resistencia peronista.

Acto seguido añadió: “yo no sé quién fue mi mamá. Aparentemente ha sido un amor de jóvenes, faltos de experiencias. Obviamente, se querían pero eran distintas castas. Mi papá era obrero, ella, por lo que sé, era de la alta sociedad, y sus padres se opusieron a la relación. En la búsqueda de mi identidad, esa es la otra pata de la investigación, la más difícil”, refiriendo que “yo estoy tratando de armar el rompecabezas de mi propia historia, más allá del hecho de que han transcurrido de 53 años de la desaparición de mi padre, y que aún hoy se levantan banderas y se abren locales con su nombre. Lo cual para mí, por supuesto es muy gratificante, porque no lo están haciendo por mí, sino por lo que él representó”.

Hasta el viernes pasado, el hall principal de la Municipalidad, fue el espacio en el que Eduardo exhibió la muestra itinerante que cuenta la vida y lucha de su padre. La cual “fue planteada, en el año 2006, cuando yo hacía ya un año que estaba trabajando, en la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación, junto a el Dr. Eduardo Luis Duhalde, y viendo muestras de otros compañeros me pareció interesante hacer una sobre mi padre, se lo plantee a Duhalde y no titubeó, me dijo: “dale para adelante”, y me ayudó mucho económicamente porque, de alguna manera había que invertir algunos pesos; y me dio esa apertura. Desde entonces, he llevado esta muestra a Tucumán, San Luis, Mendoza, Bahía Blanca, Córdoba, Santa Fe y muchos otros lugares de la Provincia de Buenos Aires, y para mí es un orgullo, más allá de que no tengo a mi “viejo a mi lado…”.

El ex secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, fallecido en abril de 2012, “fue conocido y amigo de mi papá, siempre tenía llamados telefónicos de él para ver como yo andaba, y la primera vez que nos vemos físicamente, me comenta que mi “viejo”, cuando iba a la UOM a buscar libros, documentación o reglamentaciones para la fábrica, me llevaba a mí, en brazos, y le decía a Eduardo: “teneme al pibe que yo voy a buscar unos libros”. Y yo quedaba, en brazos, de Duhalde. “Te imaginas que eso para mí es parte de mi propia historia, más allá de mi viejo, porque, ya te he dicho, que voy haciendo mi propio rompecabezas…”

Duhalde y el ex diputado nacional Rodolfo Ortega Peña, asesinado en 1974 por la Triple A, “escribieron, en 1965, el primer libro sobre mi papá, en base a la investigación previa realizada por el periodista Pedro Leopoldo Barraza, a quien después, en 1974, asesinan por haber investigado la desaparición de mi “viejo”. O sea, que había toda una conexión de los años ’62 y ’65 con el ’76. Inclusive, el oficial principal Juan Fiorillo, que fue quien detuvo a mi padre en el ’62, catorce años después, también estuvo involucrado en el secuestro de la nieta de “Chicha” Mariani, quien es una abuela de la línea fundadora, que está prácticamente dejando la vida por encontrar a su nieta. Yo, en cambio, lo encaro de otra manera. Me parece que ya no tengo posibilidades de encontrar el cadáver de mi “viejo” y, entonces, lo abordó de la manera de hacer memoria de quién fue Felipe, de qué manera militaba, qué clase de persona era”.

Con respecto a los responsables de la desaparición de Felipe Vallese, su hijo afirma que “en los cuadros de la muestra, exhibo un listado de cuarenta policías, a veces leo los nombres, pero no sé qué habrá sido de la vida de ellos, algunos supongo que se habrán muerto, porque superan los 70 años. Y yo traté de nunca involucrarme, en el sentido de yo me conozco y sé que me va a causar mucho daño”, señalando que “este año, lo llame a Luis Alem subsecretario de Derechos Humanos de la Nación, quien estuvo con el caso de mi “viejo”, en la recuperación de mi identidad, y lo consulté sobre si era factible hacer una búsqueda de los asesinos, y me dijo que si, que había que hacer ciertos pasos, pero que lo pensara bien, porque era involucrarme en un dolor, para el cual tengo que estar muy bien preparado. Entonces, lo estoy evaluando porque, también, yo tengo una vida, una hija y no puedo caer en ningún pozo depresivo o de tristeza…”

A la tierna edad de cinco años, quien por entonces creía llamarse Eduardo Felipe Luis de la Peña, jugando en una habitación, en un armario, junto a banderas y panfletos que decían: “Un grito que estremece, Vallese no aparece”, hallaría el retrato de quien, desde ese día, sabría que fue su padre. Y con esas las primeras piezas del rompecabezas, emprendería una búsqueda identitaria…

“Me había quedado al cuidado de dos compañeras de militancia de mi papá – recuerda Eduardo -, y una de ellas, Elvia Raquel de la Peña, soltera de 42 años, ese día, me reveló que Felipe Vallese era mi papá. Luego me fue contando, de a poco, que ella no era mi mamá, y que para sacarme, en un momento dado, de un colegio donde yo estuve internado de pupilo, bajo juez de menores, me puso su apellido. Elvia se hizo cargo de mí, y en mi corazón, le guardo un eterno agradecimiento, pero ella no sabía quién era mi madre biológica. Y esa búsqueda la voy haciendo, de alguna manera, a través de las charlas y las reuniones y convocatorias, de andar de acá para allá por todo el país. Tengo esperanza de encontrarla algún día”.

A modo de colofón, el hijo del mítico Felipe Vallese comentó que “el hecho de figurar, en el DNI, con otro apellido, me “ayudo” durante la dictadura militar, porque más de una vez tuve que presentar documentos, donde figuraba como Eduardo Felipe Luis De La Peña, y si hubieran visto el apellido Vallese, dudo que estuviera acá haciendo la nota con vos. Aunque, por entonces, yo ni siquiera militaba ni pertenecía a ningún cuadro político, me interesaba la política pero, a partir del 2005, cuando ingreso a la Secretaria de Derechos Humanos, comienzo a participar en política. En aquella época era más el miedo que tenía que otra cosa. Y como te dije, en más de una ocasión, me detuvieron simplemente porque, después de estudiar, me iba a practicar deportes y regresaba muy tarde a mi casa. Cruzaba la Avenida General Paz, a la altura de Ciudadela, y me revisaban el bolso, los libros, me preguntaban qué estudiaba, a dónde iba, que hacía, y después me decían: “Salga de acá, dispare. No lo queremos ver. Y la verdad es que las piernas no me alcanzaban para salir corriendo. Ese era el temor que ellos te trataban de inculcar para que vos no puedas hacer nada…”.

Roberto Latino Rodríguez

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