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Del Potro: La Torre de Tandil tenía que ser de granito

Así, duro como la piedra de su tierra natal, embellecida por la sierra de donde se extraen los adoquines que soportan durante décadas el tránsito más pesado. Juan Martín Del Potro gestó otra épica contienda en un court, del cual fue despedido con una conmovedora ovación por los asistentes aplaudiéndolo de pie.

¿Por qué una vez más La Torre de Tandil generó esa empatía con el público en una pista de Roland Garros? Porque su rodilla flameó durante el primer set. Asistido en su banca, por el médico asignado por la organización, fue fajada su articulación para sostener esa extremidad, cuya rótula lo había dejado afuera del circuito en el final de la temporada 2018.



El presagio era el peor, no pisaba bien, rengueaba, los cruzados a los flejes directamente no los corría. Los fantasmas lo nublaron y sus fanáticos seguidores ya casi con resignación esperaban su retiro en la segunda ronda del mayor torneo del polvo de ladrillo, nada menos que el emblemático abierto de Francia.

Pero su temple superó el trance, fue recomponiendo sus señales y su rival Yoshihito Nishioka no se la hizo fácil. En evidente inferioridad física, su reacción era sostenida por su fortaleza mental, muy posiblemente pensando en otro mal trago de esa rodilla que lucía las vendas que estabilizaban su pierna derecha.

Juan Martín Del Potro no jugaba en su superficie preferida, el polvo de ladrillo no es el cemento ni un supreme court, por eso la batalla también tiene mayor valor. Del Potro estaba afuera del partido era inminente su abandono. Pero leyó bien su cuerpo game a game y remontó la adversidad una vez más. Las imágenes de la transmisión de ESPN no dejaron dudas, la rodilla derecha cedió hacia adentro y luego hacia afuera, recordando la caída que fracturó su rótula y le hizo perder el número 4 del mundo.

Lo cierto es que Del Potro, noveno en el ranking mundial, se impuso en 3 horas y 46 minutos ante un Nishioka (72º) que sólo logró imponerse en los momentos en los que el argentino penó con su físico. Cuando Delpo pudo tener la mente clara, se mostró firme, potente y preciso, y desde ahí logró dominar para no tener que correr de más. Así, se sobrepuso al dolor en su rodilla derecha y venció 5-7, 6-4, 6-2, 6-7 (5) y 6-2 para avanzar a la tercera ronda de Roland Garros, donde este sábado enfrentará a Jordan Thompson.

El tandilense en sus años de carrera entre lesiones y recuperación de las mismas dejó cinco años en blanco en la élite del tenis, un deporte de máxima profesionalidad que tiene valores de los quilates de Federer, Djokovic y Nadal, en ese nivel está el argentino. Del Potro ya pasó a la historia, cuando se propuso traer la Copa Davis a nuestra tierra, nadie ni nunca podrán quitarle ese orgullo.

Allí en Tandil en la Avenida Don Bosco, entre el Almacén Noli y muy cerca de La Cascada, sobre un cerro de Tandil edificó su finca que tiene firmes sus cimientos, bases sólidas, el suelo es de granito, como sus canteras, así puede sostener ese temperamento, ese dominio mental que resulta clave para que en este juego individual logre equilibrios emocionales y deportivos, en momentos críticos, y lo vuelven proclive a tutearse con la hazaña. Muy posiblemente como más le gustaría definir sus batallas deportivas es que » gana a lo Boca».

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La medalla de plata obtenida en los Juegos de Río 2016.

No en vano en las tierras más lejanas, extrañas y distintas a la Argentina, ya tienen presto su grito  de guerra en todos los idiomas, “Delpooo”, “Delpoo…”,  como ayer en el Simone Mathieu, esa identificación es el rótulo de una carrera que no siempre fue de satisfacciones, sino sufrida pero también con conquistas del libro de oro de todos los deportes argentinos. En la misma galería de Fangio, Monzón, Maradona, Ginobili y Messi, que no quepan dudas.

 

Jorge Elías Gómez

jgomezmdphoy.com

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