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Coronavirus: cómo cambiaron los hábitos de los argentinos en un mes de cuarentena

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Dos docentes, una estudiante universitaria y una costurera cuentan cómo fueron adaptando sus días para cumplir con las obligaciones laborales, el descanso y los afectos.

Mantener rutinas, no perder el contacto con seres queridos, evitar la frustración y la ansiedad de chicos y grandes, extremar medidas de prevención ante el virus y la preocupación por la falta de ingresos, son algunos de los desafíos que enfrentan las y los argentinos, al cumplirse un mes del aislamiento obligatorio por coronavirus.

Desde el 20 de marzo, día en que se puso en vigor el aislamiento social, preventivo y obligatorio dispuesto por el gobierno nacional para mitigar la propagación del Covid-19, quienes realizan trabajos no «esenciales» debieron continuar con sus tareas laborales desde sus hogares, al menos quienes tienen la posibilidad de hacerlo.

Profesora de Avellaneda

«Estoy trabajando muchísimo, las horas se me escapan. Hay días que me acuesto a las tres y después me cuesta levantarme a la mañana«, explicó en diálogo con Télam Giselle Sosa, profesora de inglés en un colegio de Avellaneda.
La mujer de 35 años que vive junto a su marido y su hijo aseguró que cuando suspendieron las clases se tuvo que poner a trabajar en una plataforma para poder dar clases «lo que resulta muy difícil ya que no es como una clase presencial en donde con una respuesta evacuas la duda de varios alumnos a la vez».

«Mi marido y mi hijo siguen levantándose y acostándose en sus horarios de siempre, intentamos mantener la rutina. Pero además de trabajar, lo tenemos que ayudar a hacer la tarea del cole, jugamos con él, nos comunicamos con amigos y familiares por videollamadas. Es muy importante no perder los vínculos», destacó Sosa.

Y remarcó que la cuarentena trajo experiencias positivas como «poder almorzar los tres juntos, o hacer clases de gimnasia con amigos a través de videoconferencia y ese tipo de cosas que con los horarios habituales no podemos hacer».

Costurera de Barracas

Maira Ledezma, vive con sus cinco hijas en la Villa 21-24 de Barracas y aseguró que en su barrio «al principio» no se cumplía «mucho» el aislamiento ya que «hay vecinos que tienen casas muy chicas y son muchos en la familia, así que veías a los chicos jugando en la calle, pero siempre en sus veredas».

«Mi hija más grande me ayuda muchísimo a entretener a sus hermanas, hacemos las tareas que le mandan por el celular y recién después las dejo jugar. Se peinan, se hacen las uñas, se divierten así», señaló la mujer de 36 años que además por las tardes tiene un merendero para los chicos del barrio que, como consecuencia de la cuarentena duplicó la cantidad de raciones que debe preparar.

«Me levanto muy temprano porque trabajo de costurera y nos encargaron barbijos así que estoy muy ocupada, por suerte porque con la cuarentena los que vivimos al día estamos muy mal. Trato de tomarme un tiempo para estar con las chicas, conversar y tratar de que entiendan que todo este encierro es por su bien», apuntó.

Estudiante de Valentín Alsina

Otro desafío que se presenta a la hora de mantener el confinamiento es para estudiantes que deber cursar de manera virtual, como Mailén Cervera, de 22 años que transita el tercer año de la Licenciatura en Periodismo en la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav).

«Me cuesta bastante estudiar desde casa. Tengo la suerte de poseer las herramientas para hacerlo pero es muy difícil la relación con los docentes, cambia todo el esquema de clase tradicional», contó la joven que cumple el aislamiento en su casa junto a su pareja y detrás de la casa de sus padres en Valentín Alsina.

En la primera semana de cuarentena, tras cuatro meses sin conseguir trabajo, la estudiante fue convocada para trabajar en el call center que atiende llamadas de personas con síntomas de coronavirus, por lo que tiene que viajar los fines de semana a La Plata «extremando todas las medidas necesarias para cuidarme y cuidar a mis seres queridos cuando vuelvo a casa«.

La joven aseguró que intenta mantener sus rutinas y que cumple con todas las recomendaciones sanitarias: «Nos turnamos para salir a comprar, intentamos no hacerlo todos los días, nos lavamos muchísimo más las manos y desinfectamos todo en casa».

Maestra de Mar del Plata

Desde Mar del Plata, Marine Piazza, docente de segundo grado señaló que con sus alumnas y alumnos están «finalizando una unidad pedagógica de alfabetización» y advirtió que «es muy difícil hacerlo de modo virtual, hay que buscar ejercicios para la motricidad, enseñar a trabajar los espacios del cuaderno y darle herramientas a los padres para que puedan hacerlo».

Con el inicio de la cuarentena Piazza acordó con el padre de sus hijos, de 6 y 15 años, cambiar el régimen de visitas y ahora pasan «cinco días corridos conmigo y luego otros cinco con él».

«Tratamos de manejar la frustración, pero las peleas son inevitables, tratamos de resolverlas buscando alguna actividad juntos, como una película, un chiste o un pedido de ayuda, como para romper el hielo», sostuvo.

Y agregó: «En casa intentamos mantener todas nuestras rutinas de siempre, tenemos tareas asignadas en cuanto al orden y al aseo, aunque cambiamos un poco los horarios y no nos levantamos a las seis y media».

Por Victoria Peralta

TELAM

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