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Barreda y «Bambino» Veira: ¿por qué son «queribles» un asesino y un violador?

0001796715Entre risas y justificaciones desopilantes, estos dos personajes lograron ser aceptados por la sociedad. ¿Qué esperamos como comunidad?

Uno violó a un chico de 13 años en su departamento. El otro mató a sus dos hijas, a su mujer y a su suegra. ¿Las causas? El primero dijo que el menor «era un manteca». El segundo, que lo llaman «Conchita». Esas justificaciones parecen más que suficientes para nuestra sociedad, que defiende, se ríe y hasta aplaude las actitudes de Héctor «Bambino» Veira y Ricardo Barreda.

En 1987, el histórico ícono del Club San Lorenzo de Almagro, Héctor Veira, fue acusado por Luis José Candelmo de haber cometido una violación a un menor: su hijo, que se habría acercado a su ídolo para pedirle un autógrafo. Con los años, las versiones se contradijeron, se desmintieron y se volvieron a afirmar. ¿Fue realmente así? Lo cierto es que, al ser consultado sobre el hecho en televisión, «El Bambino» simplemente se dedicó a hacer chistes. Entre ellos, soltó la famosa frase: «Era una manteca». Aplausos del público.

El caso de Ricardo Barreda es distinto. No existe ninguna duda sobre la autoría del cuádruple crimen, por el que fue condenado a cadena perpetua. Veira sólo pasó 36 horas en prisión.

En 1992, Barreda se hartó del hostigamiento que le propiciaban las mujeres con las que vivía, a saber: su esposa Gladys McDonald, su suegra Elena Arreche y sus dos hijas Cecilia y Adriana. El odontólogo decidió que la mejor manera de solucionar sus conflictos familiares consistía en tomar la escopeta Víctor Sarasqueta que le había regalado la madre de su mujer y repartir un tiro a cada una de sus fustigadoras. Y así lo hizo. Cuando terminó, se fue a pescar.

«Pero le decían ‘Conchita’ y lo obligaban a limpiar los pisos», es una frase que escuché decenas de veces. Algunos se resisten a aceptar que la situación les causa cierta gracia. Entonces, para probar su voluntad, yo les digo: «Un detalle: la escopeta se la había regalado su suegra». Y todos se ríen. La pregunta es: ¿de qué nos reímos?

El personaje del «Bambino» Veira es, sencillamente, eso: un personaje. Sus maneras desopilantes, sus anécdotas, su look. Cada ingrediente de su identidad tiene un efecto risible instantáneo y, cabe destacar, querible. En su repertorio se ha colado la clásica frase que hace referencia a una violación, pero que todos aplauden como cada una de sus bromas. La pregunta vuelve a surgir: ¿por qué causa gracia un hecho tan aberrante? Un hecho por el que muchos presos se toman venganza dentro de las cárceles.

¿Podemos justificar un cuádruple asesinato o una violación y ser aceptados por la sociedad? Estos dos casos parecen decirnos que sí. Un hombre que mató a escopetazos a sus hijas de 24 y 26 años puede resultar simpático si se lo mira a través de la lente del pobre anciano, el sumiso «Conchita» que sufrió estoico el hostigamiento hasta que un día explotó.

Quizás resultaría útil detenerse un  momento y pensar las cosas en frío. Existen casos que merecen ser tomados con seriedad. De otra manera, ¿qué podemos esperar como sociedad?, ¿de qué podemos quejarnos si nos causa gracia un asesino o un violador? El hecho de sentir cierta empatía con estos dos personajes debería preocuparnos. Pero esta, sencillamente, es una opinión.

Diario Veloz

Por Juan Manuel Muttoni

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