Política

A Solá no le alcanza con hacerse el boludo: ¡¡¡Y no de la semana!!!

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El reemplazo de Felipe Solá al frente de la Cancillería está decidido, pero AF sabe que será la resignación de otro cargo clave en el gabinete que irá a parar a manos de La Cámpora, recortando aún más su ya discutido poder.

El canciller Solá protagonizó uno de los momentos más curiosos de la semana política, al brindar en una entrevista radial detalles de la charla que protagonizaron el presidente Alberto Fernández y su par norteamericano, recientemente electo, Joe Biden. Lo curioso es que luego se supo que Solá llegó tarde a la reunión y que inventó parte de lo que allí se habló. Y no era para menos, el enlace con EE. UU. era desde la Casa Rosada y Solá fue a la Quinta de Olivos, un detalle no menor de cómo lo tienen en cuenta, a los funcionarios que no funcionan.

 

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En verdad a Solá o le pasaron mal el lugar de la reunión o se confundió, por lo que resta saber si se trató solo de un error o de una maniobra de una parte del Gobierno para hacerlo quedar en ridículo y moverle el piso bruscamente. Claro que no deja de ser curioso que haya inventado un diálogo que no sucedió, aunque la historia lo muestra como alguien no demasiado afecto a las versiones reales.

Solá es un hombre de la política en el más amplio sentido, alguien sin ideología aparente que no tiene problemas en acomodarse en el espacio de poder que sea. Así lo ha demostrado a lo largo de todos estos años, aunque el secreto de su éxito se lo reveló tiempo atrás a Daniel Tognetti, quien lo consultó sobre cómo hay que hacer para mantenerse tanto tiempo en el poder: “hay que hacerse el boludo”, dijo en aquel momento el ahora canciller.

Como decíamos, a Solá le molestan un poco las versiones reales y, tal vez como en este caso, prefiere inventarse las suyas. Como buen hombre campechano que es, seguramente se sienta cómodo con el cuento a lo Luis Landriscina.

Una anécdota que lo muestra tal cual es sucedió en Mar del Plata, en tiempos en los que era gobernador y vino a presentar el Operativo Sol. Mientras desayunaba tranquilamente en el Hotel Hermitage, una canilla siempre abierta por Aldrey Iglesias al poder político de turno, un poco que se atragantó con una medialuna mientras miraba la tapa del diario El Atlántico. Allí se mencionaba el descontento de los agentes de la Policía Bonaerense por cuestiones salariales y laborales.

Como ocurría por aquellos tiempos (ahora los policías son más propensos a la movilización sindical) los efectivos eran poco adeptos a exponerse públicamente, por miedo a las sanciones que podían sufrir, que podían llegar hasta la baja del servicio. Pero en aquella tapa se hacía mención al no cobro de viáticos, traslados discrecionales y sin alojamiento, y hasta la inseguridad del cobro de adicionales al término del verano.

También había inquietud y mucho malestar con los francos y los turnos sin descansos. Por supuesto que La Capital no difundía este tipo de noticias que involucraba nada menos que a la principal fuerza de seguridad provincial, y que tenía a su cargo el control del verano con hasta 3.000.000 de personas dando vueltas por la ciudad. El servicio de Aldrey incluye desayuno continental, almuerzo, cena, spa y buen trato de sus medios periodísticos.

Como tiene que ser, en un hombre no demasiado afecto a la verdad, el gobernador prefirió echarle la culpa a los carteros y al medio que dio a conocer aquella noticia. Y aquel día, desde la Plazoleta Almirante Brown donde se daba el discurso oficial, usó la tribuna para denostar la información que había ganado la luz y reflejaba el real descontento de los miles de policías afectados por el maltrato institucional de su gobierno, y que temían expresarse públicamente por miedo a las represalias.

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