Carta de Lectores, Opinión

29 de mayo: Día del Ejército Argentino

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“Nació con la patria en mayo de 1810”. Esta impactante frase grabada al pie de su escudo podría llegar a establecer su incierto origen, sin embargo mi homenaje en este 208° aniversario, pretende ir más allá de esa inolvidable fecha; el Ejército Argentino hizo la patria antes que ella fuese una nación libre e independiente. Este Ejército de bravos soldados la forjó, la cinceló, regó y fecundó su tierra con la sangre de los bravos integrantes de sus cuadros, batiéndose brava y triunfalmente en Suipacha, Tucumán, Salta y San Lorenzo. Vendió cara su derrota en Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma y Sipe-Sipe. Lo condujeron desde sus albores González de Balcarce, Belgrano, San Martín y la pléyade de jefes y oficiales como Lavalle, Paz, Güemes, Lamadrid o Dorrego, que acompañaron la gesta emancipadora que consolidó la Independencia Nacional.

Este Ejército que regresó victorioso de Ituzaingó, tras la guerra con el Brasil, y que recibió la afrenta de una paz deshonrosa que se firmó a espaldas del mismo y que nos hizo ceder R.G.do Sul y otorgar la independencia de la Banda Oriental, refrendada por políticos medrosos y de escasos principios.

Este Ejército de hombres valientes que debió durante casi treinta años, sacrificar sus vidas en guerras intestinas y que desangraron la patria.

“Pero como todo llega a su término en la vida”, Caseros promovió la Reorganización Nacional y fue afianzándose hasta la creación del Colegio Militar de la Nación, allá por 1869 y, con ello, adquirió una estructura orgánica que, años más tarde, fructificó con el agrandamiento de nuestras fronteras que, si bien nuestras, nos estaban vedadas.

Este es el Ejército Argentino que asomó al siglo XX con orgullo y acompañado de su hermana mayor, nuestra Marina de Guerra, orgullosos ambos de una Nación que figuraba entre las más importantes del planeta.

Este también es el Ejército Argentino que salió a partir de 1975 por órden constitucional a desenvainar sus espadas frente a un terrorismo apátrida que amenazaba con socavar los pilares de la Nación y el que, por consenso casi unánime de su pueblo, un año después debió asumir la conducción de los destinos del país. Entregó todo lo que pudo entregar y hoy muchos de sus integrantes, ya viejos y enfermos, están pagando con absurda prisión y la pasividad de un pueblo sin memoria y “flojito de papeles”, el hecho de haber evitado que flameara en los mástiles un trapo rojo y sin principios.

Hago una reseña emocionada hacia los veteranos y muertos de Malvinas de las tres fuerzas. A todos ellos mi profunda gratitud y respeto.

¡VIVA EL EJÉRCITO ARGENTINO!

¡VIVAN LAS TRES FUERZAS ARMADAS Y DE SEGURIDAD!

¡VIVA LA PATRIA!

 

Alberto E. Valente

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