Jorge Elias Gomez, Opinión

¡Qué lindo haber conocido a Willy!

Willy Wullich se sintió orgulloso, hace dos semanas. Su trayectoria se condecoraba en el recinto de la gente, del pueblo. Muy importante para un hombre que no hizo ostentación ni exhibicionismo de su condición de hombre de la cultura.

Por eso, hoy a las 15.41 cuando dejaba por última vez su lugar de trabajo, esa cascada de recuerdos que siempre despierta el que se va, nos trajo a la memoria haberlo visto siempre en su lugar o en la mesa de un café cercano a su trabajo.

Siempre presente, con otra condición, pasaba desapercibido.  No habitaba en él un protagonismo ansiado, tan común en los funcionarios que necesitan mostrarse. Nunca manchado con la política, al margen de las controversias ni salpicado por un rumor.

Era Willy, siempre igual. El intendente actual Gustavo Pulti, y su antecesor Daniel Katz, no ocultaron la intolerancia personal y política que se dispensaban, a tal punto que ni se cruzaron en el acto de asunción el 10 de diciembre de 2007. Sin embargo hubo una excepción, Willy Wullich permaneció al frente del Teatro Colón. “Tan malo no deberían ser mis funcionarios” diría el “Tano” Aprile, en este caso con acuse de recibo de un mensaje político. Aprile lo había dejado en el lugar exacto.

Esas voces gastadas, bajo la lluvia, el frío y el viento, intentaron con poco éxito el “Willy no se va”, abrazadas por los aplausos que lo llevaban en su despedida, cuando dejaba atrás por última vez,  la rica marquesina de un teatro que supo manejar con destreza. Hasta el Cholo Ciano, en una desaconsejable conducta, por lo que acaba de padecer, se arrimó emponchado para expresar su sentimiento, aún a costa de la prescripción médica.

Es cierto que hubo dolor y lágrimas, pero también hubo regocijo, el que se experimenta cuando un hombre público nos deja, y ha sabido cosechar la estima, el cariño y el respeto de quienes no lo frecuentamos lo necesario.

“Publican mucho del Auditorium”, nos dijo Willy con la broma de fondo. “Y Willy, hay veces que hay que estirar o llenar espacios”, sonó como justificación. Pero claro era una señal que tenía la camiseta puesta del teatro municipal.

Esa sangre que su corazón dejó  de bombear ayer a las 21.40, corría por sus venas. Esa misma sangre que nos gustaría que corriera, por todas las dependencias municipales, defendiendo con honestidad y trabajo, un lugar que el poder político ha confiado. Un ejemplo para rescatar, en toda la mensura que corresponde.

Esta tarde gris plomiza, de lluvia y ventosa, nos encontró al intendente Pulti, a radicales, a peronistas, a socialistas, diciéndote que vimos pasar a un gran tipo, humilde, sencillo, de perfil bajo, y reencontrarnos con ese crédito invalorable de quienes no fuimos estafados. Creo que muchos estuvimos allí, para intentar transmitir ese testimonio.

Todo lo demás, te lo dijeron y lo viviste en el recinto del H.C.D., nadie te regaló nada, te lo merecías. Pero siempre el momento de la muerte, despierta sensaciones distintas. Chau Willy. Hasta siempre.

Jorge Elías Gómez
jgomez@mdphoy.com

Un comentario

  1. Muy sentidas palabras y una excelente nota necrologica, como las que ya no se leen en los diarios habituales. Es el trazo fino de la imagen que tenemos de Willy a las tardennoches en el cafe de la esquina.