Jorge Elias Gomez, Opinión

Ya bajan la música, y pronto apagarán las luces

La nacionalización es posible, pero la polarización es altamente improbable. Hay una oferta electoral que no toma notoriedad, por la falta de recursos para desarrollar campañas publicitarias proselitistas. Hoy en las imágenes faltan actores, por un perverso manejo de la caja política. Vilma Baragiola, Fernando Arroyo y José Cano, y los demás han quedado excluidos, por un sistema que los condena de antemano, no hay equivalencia en una competencia cuyos límites económicos no se respetan. Esto no es casual sino causal.

Hay un 50 % de marplatenses que no votarán ni a Pulti ni a Cheppi. Sin embargo una carrera entre ambos parece haberse desatado, mientras se caen los días del almanaque, que nos separan hasta el 23 de octubre.

Pulti y Cheppi no son lo mismo. Para ellos CFK y Scioli, no son de la misma madera, los separan barreras imposibles de sortear, no comparten la ideología, que uno pregona (Cheppi) con la billetera abultada y el otro (Pulti) disfruta con el beneficio del poder y de haber echado por tierra a radicales y peronistas juntos, en la segunda ciudad más importante de la Argentina. Pulti no se considera ajeno a quienes mandan en la Provincia y en la Nación, pero no puede acreditarlo, está flojito de papeles, pero es un adoptado que hace los deberes, y ha sabido leer cómo y cuándo, con un especial sentido de la oportunidad política.

¿Y los demás son convidados de piedra? Que esté instalada una teórica polarización, es una cuestión que tiene que ver con la exposición pública de un intendente que va por la reelección y otro candidato del mismo espacio que desde hace seis meses,  emprendió una campaña e inversión publicitaria, con muy pocos antecedentes.

Cheppi y sus adláteres no quieren repetir la experiencia Katz – Fares, en ese paso de camaleón por la política. La ideología predominante, lleva a sus protagonistas a imaginar, quedarse con la intendencia de la ciudad, coronando el éxito con esta versión peronista en el poder, algo que fue negado con votos, por la ciudadanía históricamente.

Cheppi se convirtió en candidato, siendo un desconocido para la población marplatense. Ahora en campaña la gente lo ha comenzado a observar, se identifica como un reflejo del modelo, así lo dicen sus mensajes en la cartelería pública “Somos el Proyecto Nacional y Popular”.

¿Su gestión? Lo sacaron a la cancha en el peor momento del enfrentamiento con el campo por la 125, cuando Julio Cobos emitió su voto “no positivo”. Esa crisis se lo devoró al ingeniero, un cuadro técnico con especialidad agropecuaria, pero que el conflicto le quedó grande, en un contexto muy complicado en el que lo hicieron debutar. Fue más o menos, cuando Guillermo Moreno en un escenario público, gráficamente degolló al ex ministro de Economía Martín Lousteau, que duró poco más tiempo en el cargo.

El propio Néstor Kirchner decidió el alejamiento de Cheppi. Significó una decepción en la Casa Rosada, donde no olvidan fácilmente el episodio. Protegido por José López, quien fue el único miembro del gabinete nacional que asistió a su lanzamiento en Once Unidos. López ha sido involucrado como factor excluyente en la relación del Ministerio de Planificación, Ebe de Bonafini y Sergio Schoklender. Pesado muy pesado el ambiente. Sueños Compartidos es un plan emblemático para CFK, las viviendas populares y la causa de Madres de Plaza de Mayo. Cheppi y López, como ellos admiten, militaron desde Santa Cruz junto al ex presidente de la Nación.

Parece como desatinado hacer un pronóstico, de lo que ocurrirá en el cuarto oscuro, por lo menos imprudente. ¿Es decisivo que Juan Garivoto y Pepe San Martín se hayan corrido del Frente Para la Victoria? Aún considerando como propios esos votos, para Cheppi es una cosecha magra, muy lejos de la proporción necesaria cómo encaramarse al sueño de llegar al sillón de Yrigoyen 1627. El Frente Para la Victoria no tiene otro horizonte de voluntades, y por ende es insuficiente, no alcanza.

Es falaz pretender imponer que siete de cada diez ciudadanos eligieron otro intendente. Es como decir que la mitad del país no quiere a Cristina. ¿Y? ¿Cuál es el problema? El resto tuvo otro menú de opciones en la carta, su preferencia se dividió dentro de las reglas del juego, con una oposición descompuesta a partir de personalismo, hedonismo y escaso sentido común. Así 20.000.000 de argentinos quedaron a la intemperie, por la falta de tino político.

Tal vez Cheppi, sea más fiel al modelo, es lo que quiere transmitir e impregnar en el electorado, en cada una de sus intervenciones. Desde ese prisma la gente ya eligió en la primaria, abierta, simultánea y obligatoria. El Frente Para la Victoria es la persecución a economistas, a los medios de comunicación críticos, el dinero público volcado a la prensa oficialista, el INDEC con sus índices de inflación y pobreza, es la inseguridad, el asistencialismo con planes sociales, es la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, es el aislamiento internacional, es la política energética que no asegura combustibles, los jueces a la carta, los camioneros de Moyano, el desdén que habilita a Bonafini y Schoklender, la guitarra de Boudou con la caja de los jubilados y el precio de la soja, los medicamentos adulterados, ¿Zanola y Pedraza de dónde emergieron? Este paquete es el que se adjudica Cheppi, con el Proyecto Nacional y Popular. Algunas explicaciones serían más que necesarias.

Cheppi tampoco tiene un modelo de gestión como para exhibir, sólo es un crítico del gobierno municipal. Pulti lo hizo durante 20 años, para que la gente lo eligiera intendente, en este caso al candidato del Frente para la Victoria le faltarían 19 años, si no es capaz de resolverlo antes. Pero aún así podría pensarse, sino resulta obsceno hacerlo a través de dispendioso gasto publicitario, para ganar una elección. Es mucha plata para justificar, lo cual no asegura un correcto manejo de la hacienda pública. No deben abstenerse sospechas y dudas.

Jorge Elías Gómez

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