Arte y Cultura

Un problema de lenguas

José Campusano. Otra vez estuvo en Competencia Oficial, en este caso con Vikingo.
José Campusano. Otra vez estuvo en Competencia Oficial, en este caso con Vikingo. (foto David Pafundi)

Por Mex Faliero

Habemus credenciales. Luego de las complicaciones de la primera jornada, finalmente vagamos por las calles de la ciudad con el plástico en el pecho: sí, ahora a recorrer las salas. Una buena manera de celebrar esto fue viendo Nanayo, la muy bonita película de Naomi Kawase, una de las directoras que más han trascendido en los últimos años dentro del panorama del cine asiático. Para muchos, su anterior Shara es una de las mejores películas que se han realizado en años.

En Nanayo, Kawase vuelve a vincular la naturaleza y lo humano, en choque constante. Una japonesa llega a Tailandia y de una manera un tanto confusa es llevada por un taxista a una casa en medio de un bosque. Particularmente tengo algo en contra de cierto cine que está en pose constante, como excedido en su estilo. Para mí es la contrapartida del exceso melodramático del cine convencional: es decir, es lo mismo, pero para el lado de la sustracción total de las emociones.

No obstante, atravesada esa barrera, Kawase nos permite adentrarnos en un mundo bello visualmente, donde lo que importan son las relaciones entre los personajes. Hecho singular, si tenemos en el relato la unión de un francés, dos tailandeses y una japonesa, que no saben más que relacionarse a través de gestos y posturas físicas, ya que no entienden la lengua del otro. Aflora una mirada sobre la modernidad representada en esta japonesa que invade ciertamente la tranquilidad de la casa de campo. Los conflictos de la ciudad, amilanados por el impacto de la naturaleza y la posibilidad de la introspección.

Nanayo es un film bello desde lo visual, que termina alegremente, bien arriba, con una escena en la que los personajes finalmente se aceptan y logran atravesar las diferencias. Además, Kawase practica algunos pasos de comedia muy acertados.

Charlando con colegas se habló muy bien de Moon, el film de ciencia ficción dirigido por Duncan Jones, reconocido mundialmente por ser el hijo del genial David Bowie. En el caso de Moon tenemos una película de ciencia ficción que se aleja del entretenimiento y retoma la idea del género como metáfora espiritual. Un film bastante melancólico, se ha dicho. Por otra parte, también recibí comentarios de la comedia Visioneers, que según parece tiene algunas ideas piolas pero que en un largo quedan algo dispersas. Claro que se habla maravillas del maravilloso Zach Galifianakis.

La verdad que fue lindo poder ver El cristal encantado, aquella maravilla que en 1982 filmaron Frank Oz y Jim Henson. Un tiempo en el que el cine infantil todavía se preocupaba por contar una historia, con un espíritu artesanal. Lástima que la copia en dvd y doblada al castellano no le brindó el debido homenaje a uno de los clásicos del cine de aventuras de la década del 80.

Recorriendo un poco las calles festivaleras -algunas funciones contaron con buena cantidad de público- pudimos ver al filo de la madrugada una larga cola en el cine 3D para ver El extraño mundo de Jack, aquella creativa película infantil de Henry Selick pero que muchos confunden como de Tim Burton. Mientras tanto, otros iban de aquí para allá, buscando un buen lugar donde cenar. Una hamburguesa acompañada de unas papas con crema fue un buen cierre de jornada, obviamente en una mesa donde se siguió hablando de cine.

Mientras, este lunes la Competencia Oficial presentará Nada personal, de Urszula Antoniak; Mal día para pescar, de Alvaro Brechner; y El cuerno de la abundancia, de Juan Carlos Tabio. Segunda jornada de competencia luego de una primera en la que gustó Mother de Bong Joon-Ho y José Campusano, como no podía ser de otra manera, convocó nuevamente a la polémica con Vikingo. Yo me apresto para ver por tercera vez en el año la maravillosa Up, pero por primera vez en 3D.

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