Arte y Cultura

Un heavy re jodido

El tipo tiene fama de complicado, y no hace nada para desmentirlo. “Mi intolerancia sigue intacta. Sigo detestando a los mismos que antes. El cantor es el que canta las cuarenta, el otro es un ladrón”, dice sin ruborizarse. Sin embargo Ricardo Iorio, el emblema del metal nacional, hizo algo que podría ser considerado como esquizofrenia aunque también mantiene una lógica: en sus letras es en extremo nacionalista y defiende a Seineldín, pero a la vez ha llegado a cantar con León Gieco.

Ex integrante de V8 y de Hermética, actualmente con Almafuerte lidera la banda más popular del metal argentino. En Mar del Plata tienen una gran cantidad de seguidores -de hecho es una de las bandas nacionales que más se presenta por aquí- y esta noche a las 21 en GAP -Constitución 5780- demostrará su poderío. La excusa es la promoción del cd + dvd En vivo en Obras, editado recientemente como plasmación del show realizado en mayo de 2008.

No obstante, Almafuerte está preparando nuevo material aunque todavía no está avanzado el asunto. Cuando se presentaron en Mendoza hace dos semanas no tocaron ningún tema nuevo. “Creemos que a fin de año nos metemos a grabar y a principios del año que viene ya vamos a estar lanzando el nuevo cd a la calle”, dijo en declaraciones periodísticas. Las melodías están, lo que falta son las letras, que es lo que le toca hacer a Iorio.

Su figura es imponente. Grandote, de cabeza rapada, todo vestido de negro, también es cierto que eso remeda a otras cosas. No del todo positivas o políticamente correctas, pero al menos es uno de los pocos artistas a los que uno puede conocer abiertamente. Por momentos brutal, por otros controversial, siempre pone en blanco sobre negro su gusto y expresa lo que siente. Cuenta, claro, con un caudal de seguidores que encuentran una contención en su música. Eso lo habilita a ser como es, cuando a veces resulta un poco incómodo.

El mensaje de Iorio es nacionalista, en extremo. Reaccionario. Cuánto de personaje hay detrás de eso. No se sabe. Lo cierto es que se trata de un discurso construido a lo largo del tiempo, lo que mantiene una coherencia sí, pero también el peligro de que la superficie no sea sólo eso. Hay algo de peligro en la música de Iorio, en ese discurso que bordea lo faccioso. Al menos, como decíamos, sabemos si lo tomamos o lo dejamos. La sinceridad es un poco la cuota de indulgencia que le permitimos a lo virulencia.

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