Carta de Lectores

“Todos los incurables tienen cura cinco segundos antes de la muerte”

Argentina, pueblo “futbolero” por antonomasia, con 40 millones de directores técnicos, no le encuentra explicación a un enigma: tiene el mejor futbolista del mundo, delanteros que encabezan la tabla de goleadores en España, Italia y Alemania, entre otros países, y, sin embargo, lleva cuatro partidos sin convertir un gol; el único fue en contra, en el encuentro con Venezuela.

Y, dentro de pocas horas, tendrá la última oportunidad de lograr el boleto para el Mundial de Rusia: parece mentira que hayamos llegado a esta increíble situación…

Pensar que fuimos “el granero del mundo” y ahora importamos alimentos o que Uruguay, Bolivia, Chile nos han desplazado en exportaciones tradicionales…

Lo mismo está pasando con el más popular de los deportes: desde el siglo pasado venimos llenando los estadios de todo el mundo, con jugadores que fueron idolatrados: Distéfano, “el Charro” José Manuel Moreno, Angelillo, Sívori, Maradona, Riquelme; y la sangría continua en nuestros días: Di María, Agüero, Higuaín, Mascherano, Romero, D´Alessandro, etcétera, etcétera…

Pero no sólo exportamos arqueros, defensores, delanteros. También directores técnicos, en su mayoría triunfadores: Simeone, Pochettino, Bielsa, Berizzo, Pellegrino, Cúper (acaba de clasificar a Egipto para el Mundial de Rusia), Martino, Ramón Díaz, la lista es extensa.

¿Qué explicación tiene el actual fracaso?

¿Los jugadores son los culpables?

¡NO! Ellos también, como los hinchas, son víctimas, martirizados…

En vísperas de la confrontación con Ecuador, la mala racha del equipo argentino, tendrá un problema extra: jugará en un estadio donde, la altitud sobre el nivel del mar (2.850 metros), provoca a los jugadores visitantes, cansancio prematuro, mareos  y ahogos, hecho que favorece al equipo local.

Esa sí es una ventaja, no la estupidez de pensar que jugando en la “Bombonera Boquense” el griterío y los saltos de los hinchas, que estimulan la sensación de que se mueve el piso, amedrentará a los adversarios.

Los opinólogos, “catedráticos”, que ejercen el periodismo “porque no hay ninguna ley que lo prohíba”, han inventado en la televisión, nuevas fuentes laborales, que son bienvenidas para la profesión,  aunque poco aportan al esclarecimientode los problemas: se preocupan más por el show, grotesco en muchos aspectos, olvidando el deber de analizar.

Por ello no han cuestionado la designación de tantos directores técnicos en los últimos años, lo que constituye un récord mundial. Y, sin embargo, han silenciado el nombramiento del “eléctrico” Jorge Sampaoli, que quiere inventar el cambio de roles: sólo falta que ponga a Romero como 9 y a Benedetto como arquero. También existe la posibilidad que en lugar de hacer rotar a los zurdos como diestros les cambie los zapatos y los obligue, a los diestros (derechos) a calzarse los botines izquierdos…

Eso, en parte, explica, los motivos de la peor campaña de todas.

En la televisión, han tomado por costumbre “gritar”, para desaprobar; gesticular…para imponer descabelladas reflexiones o pensamientos; adoptar posiciones vehementes, creyendo que con eso impondrán su verdad; lo peor, es la sarta de gansadas con las que contaminan el idioma y la atención del espectador: “Messi no canta el himno”; ni siquiera hace la mímica en alguna de las estrofas que crearon Vicente López y Planes y Blas Parera.

“¿Con la camiseta Argentina, jamás juega como en Barcelona?” “En España hace goles y aquí no”.

Es cierto que ponerse la celeste y blanca es un honor para cualquier futbolista y ello también los favorece en la parte económica.

Pero,  alguien puede pensar que “Pipita” Higuaín, erró goles que parecían cantados sin reprocharse internamente; él debe ser el que más lo sintió y muchas noches habrá sido víctima del insomnio, flagelándose, al verse sólo frente al arco al patear la pelota hacia las nubes, aturdiéndose con los gritos e insultos que bajaban de las tribunas…

Volviendo a Messi: en Europa tuvo de compañeros a Iniesta, Suárez, Neymar… pero, además, en su etapa más brillante, conducido por Guardiola, siempre jugó, por derecha o izquierda, bien adelantado, en ¾ de la cancha.

Esto significa que, en esa posición, 3 ó 4 defensores, se dedicarán a marcarlo, custodiarlo, golpearlo, tumbarlo…Y si el fútbol tiene 11 jugadores y 3 o 4 se ubican, detrás del rosarino, es que queda la otra banda totalmente desprotegida y por ello será bastante fácil, que otros delanteros argentinos, lleguen con posibilidades de convertir.

A Lio no lo pueden instalar en el medio a tanta distancia del arco enemigo y pedirle que gambetee a medio equipo. Ningún mortal (llámese Messi, Maradona, Pelé, Distéfano) puede eludir a la carrera, aunque sean estacas o esos conos naranjas, utilizados en los entrenamientos, llegar al área y conviertir el gol (De Perogrullo…).

Los problemas de la selección tienen bastante relación con la situación política que vive, desde hace muchos años la República Argentina. Muchos creyeron que, desaparecido Don Julio Grondona, el hombre que con puño de acero manejó la Asociación del Fútbol Argentino, durante los gobiernos peronistas, radicales, aliancista e, incluso, en la dictadura militar, la cosa cambiaría. Y cambió. Lejos de mejorar, empeoró. “El ferretero” tenía peso en el exterior, porque integró durante muchísimos años esa horda multinacional que es la FIFA, institución fuerte, cerrada e inviolable, igual o más que una embajada o el mismísimo Vaticano.

Nadie parece querer comprometerse y cantar la justa; por eso “todo pasa”, aunque no pase.

Y como prueba un solo disparate que, lejos de preocuparnos, motivó los chistes más variados: en la AFA se realizó la elección de autoridades y hubo más votos que votantes.

Dicen que se formó una trenza para boicotear a Marcelo Tinelli que no es un improvisado, ya que en sus comienzos como periodista recorrió la mayoría de los estadios de fútbol de Capital Federal y todo el conurbano, cubriendo los partidos para Radio Rivadavia, en esos momentos líder incuestionable en audiencia.

Tinelli quedó afuera y, la dirigencia de Independiente de Avellaneda (Hugo Moyano y su hijo, Pablo, conductor del poderoso gremio de Camioneros), con la colaboración de Daniel Angelici,  bostero auténtico  y, quizás de un titiritero que movió los hilos desde su residencia en una Quinta de Olivos, ungieron presidente a Claudio Tapia por sus antecedentes como titular de un modesto club de Primera B: esto último no es un desmérito. Si es cuestionable que el flamante titular del fútbol argentino haya afirmado que “el sólo”  eligió al nuevo entrenador de la selección nacional (el “eléctrico” Jorge Sampaoli).

Otro de los logros que se adjudica el esposo de la hija de Moyano es haber cambiado la cancha de River por la de Boca para recibir a Perú… Estaba convencido que las vibraciones de la “Bombonera” harían temblar de miedo a los futbolistas peruanos y que de esa forma ganaríamos por goleada.

La Argentina -insistimos- es rica por su cantera de directores técnicos. Los señores de la AFA, en especial su nuevo titular, ¿no podrían haber consultado a César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo? que conquistaron los campeonatos del Mundo de 1978 jugado en Buenos Aires y el del 1986, disputado en México.

También “en el banco” tienen a otros tipos que algo saben de fútbol, estrategias, entrenamientos, formación, sistemas, etcétera, Bielsa, Martino,  Diego Armando Maradona, “el pibe 10” (6 de Bolivia y 4 de Alemania)…

Sintetizado: dentro de pocas horas iremos por la única chance que nos queda: ganarle a los ecuatorianos que ya quedaron fuera de la competencia selectiva al haber perdido varios puntos en la segunda rueda de las eliminatorias.

Parece mentira pero, así como hay fanáticos que defienden a dirigentes políticos corruptos, existen aficionados que desearían que la Argentina no clasifique al Mundial.

Son los detractores que están imaginado que la selección nacional está sintiendo los estertores que anuncian el final. A ellos, amigablemente, les recordamos un párrafo de una famosa poesía de Pedro B. Palacios (Almafuerte)

“¡Todos los incurables tienen cura cinco segundos antes de la muerte!”

¡Ah! Otro si, digo: Ese Clemenceau, como a Ricardo Gareca, lo apodaban “el tigre” y acuñó una frase excepcional: “la guerra es muy grave para dejarla sólo en manos de los militares”.

¿La podemos parafrasear y decir que lo mismo sucede en el fútbol…?

 

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