Política

Sin timón político en la última recta electoral: no hay vías de escape

El Concejo Deliberante con un clima de asamblea con actitudes estudiantiles, elude responsabilidades, la oposición en el HCD abandona una sesión por un debate menor, que tiene otras instancias de resolución y ni siquiera agotó un tratamiento legislativo que guarde relación con decidir dejar las bancas vacías. La gravísima situación que viven barrios de la periferia donde los asesinatos, ajustes de cuentas y linchamientos se han convertido en una moneda corriente. La tensión existente entre el Departamento Ejecutivo y el Sindicato de Trabajadores Municipales, sumergidos en una discusión paritaria que mantiene virtualmente paralizada a la administración local.

Son sólo algunos eslabones de una vasta cadena con eslabones de distinta índole, con un factor predominante común, la ausencia de un liderazgo claro que el PRO – Agrupación Atlántica nunca pudieron ejercer, y el conjunto de CAMBIEMOS como coalición que ha defendido la gobernabilidad, a cambio de un desgaste tan prematuro como constante, que no ha sabido de tregua en 18 meses. No han sabido ni han podido sortear con éxito la degradante estela kirchnerista. El gobierno municipal elegido allá por octubre de 2015, asumió una ciudad a punto de incendiarse. Hoy los mismos protagonistas, que avivaron las llamas, siguen echando nafta al fuego, que terminará con casi todo convertido en brasas.

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La gestión si la consideramos como tal, fue zurciendo y aplicando parches, en un contexto de quiebra virtual, como lo representan  $ 1.000.000.000 de déficit al cierre de 2015. Como Mar del Plata, no es Río Gallegos ni está ubicada en la provincia de Santa Cruz, alzando los trapos de CAMBIEMOS pudo ir disimulando el fragor del incendio. Desde pagar sueldos, asistencia social, obras y servicios públicos, convenios de apoyo, anuncios y más anuncios, atenuaron un estado terminal, pero han persistido las secuelas.

Ya en este marco la política de las internas partidarias y complejos mecanismos de alianzas, debilitan los escasos signos de gobierno y situaciones inabordables desde el Estado. Hay casos de violencia extrema, que nos remontan a siglos pasados. Se reconocen linchamientos e intentos de los mismos, cuerpos calcinados, casos de venganza personal, justicia por mano propia, donde la mano de la seguridad pública se reconoce que no llega, o que si lo hiciera sería peor ¿De qué estamos hablando? El fiscal General, Fabián Fernández Garello y el jefe de la policía local Fernando Telpuk, discrepan públicamente, sobre la existencia o no, de casos entre narcocriminales.

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Aunque despuntan índices favorables para una economía que todavía espera que los brotes verdes sean para todos y todas. El proceso gradual impacta por capas, por ahora es insuficiente, pero nadie zafó del cadalso sin sufrir el camino de ida. La reactivación inmobiliaria, aumento de la actividad portuaria, más patentamientos de autos de alta gama, mayor dinámica en el interior agropecuario del país, crecimiento del empleo en la construcción por la inversión de la obra pública y planes hipotecarios, son los atisbos que tardan en aparecer.

Los rubros son de marcha lenta para el gusto de la mayoría, de bolsillos flacos que se traducen en menor poder de compra con la inflación que no cede al ritmo esperado. Los síntomas dejan evidencias que el modelo anterior es tozudo. Cada reforma deja su trauma y el mecanismo de relojería que armó el kirchnerismo, tiene su complejidad e intencionalidad. Después del 25 de octubre y 22 de noviembre de 2015, envenenaron hasta los pozos de agua, dinamitaron los puentes y hasta exhibieron el desplante histórico en el traspaso del mando presidencial. Esa falta de reconocimiento se instauró desde el fanatismo e ideologización, de un régimen que demoró en alejarse de Venezuela, sino que sólo lo disimuló.

Allí en el confín de la Patagonia, los casi 300.000 habitantes de Santa Cruz, están viviendo padecimientos a los cuales no llegan los bálsamos de la Nación. En cambio, Mar del Plata es territorio bonaerense que quedó en manos de la ex vice jefa de la Ciudad de Buenos Aires. El presidente Mauricio Macri nunca dejaría librada a su suerte, a quien apuesta hasta el último boleto a una nueva demostración de cambio que se exprese próximamente en la urnas.

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Por qué, es casi imprescindible abordar este parangón. Porque Mar del Plata está perdiendo la gran oportunidad de escapar de un escenario obsceno de pobreza y atraso, en la cual se la ha sumido. También es inevitable concluir que la crisis política incentiva e induce los signos de desestabilización, que no tan increíblemente, comenzaran antes del 10 de diciembre de 2015 y se profundizan en estos días. Esta es la ciudad que Scioli imaginó color naranja, pero quedó pintada de amarillo, debido a la voluntad del 48 % de sus ciudadanos.

Ya debería ser casi innecesario vincularlo a otras expresiones de poder que se articulan en la ciudad. Pero sin embargo la lección no se ha aprendido. Desde el dominante multimedios, asociado a espurios y cuantiosos negocios con todos los niveles del Estado. Scioli ha ejercido un dominio letal sobre la ciudad desde su ingreso a la política de la mano de Carlos Menem. Así han sobrevivido sus vástagos dependientes, años y años, rompiendo las equivalencias y promoviendo las desigualdades.

No es un dato menor que el poder judicial responde a un armado político que cumplió casi 30 años de dominio en la provincia, y aún retiene bolsones de poder en sus pliegues, que se mantienen intactos. Que fruto de esta anarquía, de atropellada, hagan saltar las térmicas de la institucionalidad, nos aproxima a un desenlace en el cual no debe descartarse el caos. Metidos de lleno en la puja política, los protagonistas sólo exhiben una virtud: no claudicar en su vocación por reducirlo todo a cenizas, para ello suman egoísmo, impericia, intolerancia e inescrupulosidad.  Así nos va.

Jorge Elías Gómez

jgomez@mdphoy.com

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