Opinión

Presagios tormentosos…

Quienes leen nuestra página, que no son pocos incluidos legisladores y funcionarios de gobierno de todos los niveles, saben de sobra, les consta, que desde hace años venimos repitiendo como un clamor la necesidad de desligar y preservar a la fuerza policial y a sus miembros de los conflictos resultantes de los vaivenes de política partidaria. Y reiteramos, una vez más, que cuando ello ocurre, la sociedad inexorablemente paga las consecuencias, como está ocurriendo desde hace más de una década.

Es verdad que una fuerza policial no debe indisciplinarse ante las autoridades, dando lugar al conflicto de días pasados. De hecho no ocurre en ningún país con gobierno que se precie de serio. Pero también es verdad que las autoridades no deben abusar de su poder para utilizar a las fuerzas del orden en beneficio personal o de su sector. La fuerza policial es un servicio público y quizás el más trascendente de la administración, porque un país puede no contar temporalmente con fuerzas armadas, suspender el Congreso y otros organismos importantes, pero nunca puede prescindir de las fuerzas del orden. Las instituciones policiales no son de los gobiernos, no le pertenece a ningún sector político, son de la comunidad, para la defensa de la libertad, la vida, honras, derechos y bienes de las personas y del Estado, contribuyendo además a la preservación del orden democrático.…

Desde hace mas de una década la policía provincial fue considerada y tenida como una especie de botín de guerra, cuya organización y manejo se la disputaron sectores políticos, que lo que menos hicieron fue tener en cuenta las necesidades de la población, el bien común. Mucho menos consideración se tuvo para con los miembros de la policía. Únicamente prevaleció la ideología, el rencor, la revancha…

Hoy somos testigos de una colosal guerra por el poder político de los próximos años. No hace falta describirlo porque todos sabemos lo que se trata y quienes son los personajes. El campo de batalla obviamente es la provincia de Buenos Aires, donde se definen y definirán todos los resultados electorales. Y uno de las causas que se esgrimen, falsa por cierto, es un supuesto autogobierno de la institución policial como origen de la inseguridad y de casi todos los males de la provincia.

Todos sabemos, y la sociedad bonaerense también se enteró, que esos argumentos son falaces; ya sufrimos durante diez largos años el nefasto experimento ejecutado por León Arslanián y su grupo de expertos civiles, apoyados y fogoneado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELs), los mismos que hoy asesoran a la Ministra de Seguridad de la Nación, hoy una de las principales espadas del gobierno nacional contra la provincia, que desde hace tiempo viene reclamando la renuncia del actual ministro Raúl CASAL y del ex Jefe PAGGI, mas el manejo de la fuerza íntegramente por civiles –amigos de ellos obviamente-, con la sola excepción del Crio. Gral. Matzkin, quién parece ser el único que goza de la simpatía de la ministra, como así del asesor Arslanián y su equipo.

En esta contienda que recién se inicia el gobernador “cambio alguna figurita”, pero igual va perdiendo. Aceptó despedir a PAGGI, nombrar a MATZKIN, el preferido de Arslanián, en su lugar; nombró dos civiles en sendas Subsecretarias y a cambio logró mantener en su puesto al Ministro Raúl CASAL, lo cual no satisface para nada la voracidad del gobierno nacional. Al día siguiente de esos cambios todos supimos que la cosa no quedaría ahí nomás. Que vendrían por más…

Por eso hoy cabe preguntarnos, si el acuartelamiento y protesta policial, fue consecuencia de la imprudencia de alguna autoridad provincial que pretendió desligarse de la responsabilidad por las órdenes impartidas a la policía, o si fue el fruto afanosamente buscado desde algún ministerio de la nación, enviando a los nuevos jóvenes idealistas de “La Cámpora” con indicaciones precisas para agredir a la policía y victimizarse por las secuelas de la obvia y legítima defensa que ejercerían los uniformados, para lanzar luego a toda la tropa (Legisladores, funcionarios, alguna prensa, y supuestos expertos) contra el gobernador, pidiéndole la cabeza que mas cuida, la del ministro CASAL, e imponerle en su reemplazo a alguien que merezca la confianza de los “expertos”, que sin duda sería señalado por León ARSLANIAN y con el visto bueno e Horacio VERTBISKY, para que de la mano del Vicegobernador Sr. Gabriel MARIOTTO manejen la Seguridad en el territorio provincial, al margen de los gustos o ideas del gobernador Daniel SCIOLI. Obviamente pensando en las próximas elecciones como trofeo final de esta guerra y no en las necesidades y deseos de la gente.

Una quincena antes de estos sucesos, en los mentideros de La Plata se comentaba que ni bien reasumiera Scioli su segundo mandato, se le practicaría un “bypass”. El ingenuo informante creyó que se trataba de una cirugía…

¿A quién benefició entonces la protesta de los policías acuartelados en Infantería…?

A ninguno de los dos sectores en pugna. Ni a los “especialistas” empeñados en practicar el bypass, ni al “paciente”, quien con uñas y dientes, y todo tipo de contorciones, lucha por esquivar el bisturí. Ellos ni remotamente esperaban que los policías, hartos ya de manoseos y con el vaso que acababa de rebalsar en la Legislatura, se decidieran marcarles la cancha. Si hubo alguien que resultó beneficiado o ganador, sin duda fue toda la fuerza policial. Los seis policías desafectados sin duda serán reintegrados al servicio normal, como corresponde; además los uniformados dejaron entrever en toda la geografía provincial la adhesión con los camaradas acuartelados en La Plata. Es más, a los jefes policiales de todas las zonas les insumió ingentes esfuerzos para detener la concurrencia masiva de policías a La Plata, que en esas horas se avizoraba como inminente, por lo tanto el poder, tanto dentro como fuera de la provincia, habrá tomado debida nota de la inconveniencia y riesgos de seguir usando y manoseando a los trabajadores policías.

Por otra parte, corresponde poner “el caballo adelante del carro” y no atrás como se pretendió. Es decir que en el episodio de la Legislatura las víctimas son los policías y no los militantes de “La Cámpora”. Los uniformados estaban trabajando, cumpliendo con su deber y órdenes legales y legítimas impartidas por autoridad competente. Fueron agredidos y lesionados salvajemente por una horda de exaltados militantes de “La Cámpora”, para doblegarlos: En cambio las lesiones sufridas por los agresores sin duda son atribuibles al legítimo uso de la fuerza pública que debieron ejercer los uniformados en su defensa y para hacer cumplir las disposiciones de aquella autoridad competente. Sin duda que la persecución penal debe ser contra los agresores, no contra los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley. La autoridad ministerial o la superioridad policial deberían presentarse como querellantes en la causa…

El gobierno de la provincia, sus funcionarios más importantes, deben convencerse que los policías no son sus adversarios. Son gente con vocación de servir, vecinos comprometidos con la comunidad, que cuando se les brinda todos los elementos legales para su misión, se los aparta y protege de las reyertas políticas y se les otorga condiciones laborales, sociales, salariales y de salud dignas, pueden desenvolverse disciplinadamente y con eficiencia; y deben tener muy en cuenta que el beneficiario último de sus servicios, después del vecino, no es otro que el propio gobierno.

El componente humano policial jamás aceptará de buen grado ser conducidos por civiles ajenos a la fuerza. Y mucho menos si traen prácticas o ideologías que tengan que ver con Arslanián o gente allegada a él. El policía se somete voluntariamente al mando de personas que los valore, que los quiera, que no tenga prejuicios ideológicos, que conozca el oficio, y esas condiciones las reúne únicamente otro policía. Cualquier plan de seguridad que se pretenda encarar, sea a nivel provincial, regional o municipal, debe contar siempre con la conformidad y adhesión de los ejecutores, de lo contrario estará irremediablemente destinado al fracaso.

El Comisario General Matzkin, está en el puesto que nadie quisiera estar en estos días. Es un miembro de la familia policial, un buen profesional, pero bastante cuestionado por sus relaciones con el ex ministro Arslanián, con quién –se dice- habría colaborado aún en detrimento de la institución y sus camaradas. No obstante tener sus atribuciones acotadas, cuenta con capacidad e inteligencia suficiente para mejorar la situación de la fuerza y sus miembros, convertirse en el Jefe que todos deseamos y oportunamente retirarse por la puerta grande; o bien limitarse a administrar la crisis con una gestión opaca, darle la espalda a sus subordinados, y a su tiempo irse sin pena ni gloria. Para lo primero el Sr. Matzkin sabe que contará con todo el apoyo de sus camaradas. El tiempo es hoy. De él dependerá.

Dijimos al principio que el conflicto tratado es una señal de días cargados de tensiones y conflictos que a nuestro juicio ya se otean en el horizonte. No pretendemos ser agoreros y mucho menos alentamos nuevos conflictos, pero debemos recordar que hace tiempo venimos exhortando a las autoridades a atender las necesidades elementales que demanda el personal policial, sea en medios logísticos, entrenamiento real y herramientas legales para la función, como así una retribución salarial decorosa, más y mejor cobertura  de Servicios Sociales y de la Obra Medico Asistencial. Les hemos alertado por todos los medios posibles del malestar creciente en el seno de la fuerza, que puede desembocar en una protesta generalizada. Y no nos escucharon…

Hoy advertimos, una vez más, que en las condiciones actuales de insatisfacción y deliberación permanente no se puede brindar un servicio de seguridad óptimo. Y que si no se satisfacen estas necesidades que son elementales para la vida y para el sostenimiento normal de una familia; si los gobernantes y la dirigencia en general no aportan su respaldo al difícil trabajo de los buenos policías, la seguridad ciudadana seguirá siendo difícil de lograr y los conflictos con protestas del personal, como una consecuencia inevitable, se repetirán. Ello no es, ni remotamente, lo que los policías desean.

Por último debemos exhortar a todos nuestros camaradas a aguzar nuestra capacidad de análisis, para no cometer el error de terminar siendo funcionales nada menos que a quienes nos odian y odian a la institución. Sabemos que hay sectores políticos que esperan ansiosos que la policía se subleve y algunos intentaran acicatearnos para producir el caos y luego llevar agua para sus molinos. Tampoco nos dejemos llevar por cantos de sirena, como la oferta de la sindicalización policial que nos hace el Dr. Marcelo Saín, que no es más que una zanahoria que Arslanián manda a repartir con sus colaboradores, porque sabe que la palabra “sindicalización” suena bien en nuestros oídos. Queremos si la sindicalización, pero no la que nos ofrece esta gente incluida en un paquete que contiene otras reformas, todas adversas a la institución y a sus integrantes….

Los policías debemos mantenernos encolumnados con nuestro gobernador de turno y los funcionarios que él designe en el Ministerio de Seguridad, como todos los sectores de la administración pública; pero igual que los demás, también tenemos derechos constitucionales, como peticionar, expresar libremente nuestras ideas, opinar, asociarnos sindicalmente, etc.  y cuando se vulneras nuestros derechos, se nos niega una retribución justa o se nos maltrata y no se ocupan de nuestras necesidades elementales para la seguridad de nuestras vidas en el trabajo, como ocurre en el presente, debemos reclamarles sin miedos, pero sin perder de vista que nuestros adversarios están siempre al acecho, a veces mimetizados, como lobos con piel de cordero, con un batallón de detractores listos para lanzarse con sus censuras y difamaciones, con el fin de enredarnos en un juego político sucio, en el que los policías por  no saber o no querer  jugar, seremos seguros perdedores.

19 de diciembre de 2011.

Jesús Evaristo Scanavino
Comisario (ra)
Secretario de Organización de APROPOBA

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