Carta de Lectores

Precios Cuidados para un País Descuidado

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El Observatorio de la Universidad Fasta realizó un trabajo para analizar cómo visualiza nuestra población la situación económica. El 84% de los encuestados manifestó que con la misma cantidad de dinero compra menos como consecuencia de la inflación reinante. Hay que contemplar que en este tiempo se encuentra vigente el programa de Precios Cuidados, instrumentado por el gobierno nacional.

Alguien puede argumentar que ese estudio simplemente es una visión que tiene sus realidades viciadas de nulidad por alguna orientación ideológica, como se le endilga a dicha universidad. Que lo que se hace manifestar a esa gran mayoría es sólo una sensación. Por el otro lado aparecen los números del INDEC, apoyando ese control de algunos precios.

Lo cierto es que hoy es difícil precisar cuál es la situación efectiva. Si realmente son suficientes los precios cuidados. Por ahí, los encuestados se guían por antecedentes para fijar su parecer ¿y cuáles son estos? Los tenemos a la vista. El INDEC se ha manejado en forma artera y mentirosa. Esto es inapelable y se gastaron las explicaciones sin razón. Se dilapidó la credibilidad y los títulos valederos, como la distribución de la riqueza, para un modelo que hoy podría llevar el título de “impulsos sin proyectos sustentables”.

No es que no se quiera apoyar los validos beneficios que son necesarios para gran parte de la población, lo malo es cuando se utiliza esto para conservar el poder por el poder mismo, o lo es peor el enriquecimiento propio. En esta torta, se beneficia a unos y se deja a otros fuera de lo que correspondería. La demagogia no está a la vuelta de la esquina, se encuentra ahí nomás, casi todos los días en cadena nacional.

Pero hay que tener memoria. No hace demasiado tiempo, cuándo el mundo se debatía en el inicio de una de las más grandes crisis económicas y financieras, desde aquí (en nuestro propio país) y desde allá (en los grandes estrados de la política mundial), nuestra presidente hacía alardes de sabiduría, de control y de piloto avezado de las grandes tormentas. Invitaba a copiarse. Nadie lo hizo y el mundo continuó andando. Algunos países (no ir demasiado lejos), mucho mejor que nosotros. Los únicos que se copiaban mutuamente de deberes mal concebidos eran Argentina y Venezuela. En un ida y vuelta que parece que ya no es tal. Ahora pareciera que cada cual corre su particular camino de desaciertos.

Lo que se hace son “impulsos sin proyectos sustentables” para una nación, hasta los más aplaudibles. Y este es otro triste cantar. Aplaudidores de turno que se desarman de sonrisas y aplausos cuando se anuncia un ajuste en las asignaciones universales como un aumento. No hay aumento aquí, lo que aumentó es lo que se necesita comprar hoy, cuándo ayer se compraba más con menos. Por eso, quizás ni siquiera es un ajuste. Esto es producto de la inflación escondida debajo de la alfombra. Por si fuera poco. En todos estos favores que otorga el gobierno, siempre hay un retorno. Esas miserias, comparadas con lo que se llevan los que las otorgan con la plata de todos, tienen la devolución obligada del 21% del IVA.

Conclusión. Nos sobra soberbia y otros pecados y nos faltan estadistas. Leemos sobre este término: “Este calificativo también engloba o comprende a las personas que se encuentran por encima de las divisiones partidarias y de los sectores, en inquieta y creativa búsqueda del bien común, y asumiendo plenamente sus propias responsabilidades”. Qué más agregar.

MIGUEL TOSCANO

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