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Peñarol semifinalista: la jeraquía pudo más que las ganas de su clásico rival

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“Me importa tres carajos lo que me griten desde la tribuna, yo juego todos los partidos igual”, descargó Martín Leiva después del partido.

La diferencia fueron los momentos. El “milrayas” no jugó bien durante toda la serie frente a su clásico rival, pero aprovechó al máximo los momentos en el juego, porque Peñarol cuenta con jerarquía en varios de sus jugadores y a lo largo de la serie se notó sobre todo en los cierres. Una vez más “La Peña” venció a Quilmes por 80 a 70, con un Polideportivo que desbordó de fanáticos, y con el objetivo cumplido logrando una nueva semifinal y con la ilusión de poder obtener un nuevo título liguero.

Una vez más el “cervecero” comenzó mejor plantado y mucho más práctico de cara al tablero del visitante. El orientador de “La Peña” Fernando Rivero, tuvo que parar el juego con un minuto, porque el vendaval quilmeño en ese pasaje del match no solo se notó en el tanteador sino también en el juego.

A medida que pasaron los minutos el “milrayitas” se acomodó en el partido, y con el aporte en ofensiva de Campazzo y Boccia logró un parcial de (9-0) que le permitió a Peñarol cerrar el primer segmento en ganancia (19-18).

La paridad fue absoluta en la primera mitad. El foráneo Walter Baxley, de lo mejor del “tricolor” en la serie y en la temporada, fue contundente en cada ataque y eso lo hizo pesar en el tanteador. Ya que se prestaron la delantera del encuentro en varias oportunidades.

Peñarol no fue contundente y sufrió en ofensiva como a lo largo de la serie. Pero con el aporte de los suplentes en el rectángulo, dándole descanso al quinteto titular.

Los dirigidos por Leandro Ramella aprovecharon la situación, y siempre dependieron de Baxley, que redondeó 13 puntos en esa primera parte marcando la diferencia en el marcador con el que se fueron a los vestuarios (41-37).

El tercer cuarto siguió comandando Quilmes con más actitud en ataque y con un arma no muy utilizada, los lanzamientos desde 7 metros. Justamente la situación predilecta de su rival que nunca lo pudo implementar en la serie, con Gutiérrez y Weigand apagados desde el perímetro.

Por su parte el que resurgió de las cenizas fue el pivote Martín Leiva, de regular cotejo hasta allí, pero tomó tres rebotes en ataque y se las ingenió en la zona pintada para sumar y acercar a los suyos en el marcador.

En el mejor momento del partido para el “cervecero”, dos triples seguidos del medallista olímpico Gabriel Fernández, le otorgaron una vez más la ventaja al “milrayas”, con un dato llamativo: los de Ramella fallaron 5 libres consecutivos cuando en ese rubro son casi infalibles.

El en cuarto final el “tricolor” usufructuó el ataque en zona pintada ya que Fernández, se cargó de faltas, y el misionero Romero lo aprovechó para sumar buenos puntos que lastimaban a “La Peña”.

Pero ante un regular juego de Campazzo con más errores de lo habitual, no siempre puede ser goleador, apareció un relevo que no estaba en los planes de nadie: Franco Giorgetti. El “chaqueño” simplemente descosió la anaranjada. En menos de 8 minutos hizo todo lo que no pudo realizar a lo largo de la serie ya que fue determinante no solo en ofensiva con 12 puntos sino que también tomando 5 rebotes en defensa.

Una vez más, sin jugar bien, pero defendiendo como debe ser en un playoffs, Peñarol volvió a derrotar a Quilmes por 80 a 70, dio vuelta la serie, y espera en semifinales al ganador de Boca y Gimnasia de Comodoro, en lo que será más complicado aún y el último peldaño para intentar llegar a una nueva final de Liga Nacional.

La palabra del vestuario los ganador:

El presidente de Peñarol, Domingo Robles, luego de la felicidad por un nuevo clásico obtenido afirmó: “esto es un regalo para todo Mar del Plata y el básquetbol argentino. Un gran espectáculo y una muy linda serie”. Y añadió que “la gente se merece esto y mucho más, alentaron todo el tiempo y se comportaron muy bien”.  

Robles asimismo agregó que “Ojala se pueda dar una nueva final para que los hinchas estén contentos y de esta manera enardecidos”.    

Por su parte el pivote Martín Leiva se desquitó no solo dentro del campo sino a través de los micrófonos de Los Martínez: “me importa tres carajos lo que me griten desde la tribuna. Yo juego todos los partidos igual.  Juego fuerte 40 minutos y me importa tres carajos quien tengo enfrente, Quilmes o el que sea”.   

Uno de los históricos del “milrayitas” Leonardo Gutiérrez señaló que “la serie fue muy frustrante para mí porque no pude ayudar ofensivamente al equipo. Me defendieron muy bien todo el tiempo y por eso se me hizo complicado”.

 

 

 

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