Arte y Cultura, Cine

Noches alegres…

Por Mex Faliero

¿Qué pasó ayer? Parte II (The hangover Part II / EE.UU. / 2011 / 102 minutos)
Dirección: Todd Phillips
Intérpretes: Zach Galifianakis, Bradley Cooper, Ed Helms, Justin Bartha, Liam Neeson, Jamie Chung, Juliette Lewis, Ken Jeong, Todd Phillips, Mike Tyson
Sala y horarios: Cinema Los Gallegos (todos los días: 17.55, 20:10 y 22:20. Viernes y sábado: 00:55. Martes 31 de mayo no se realiza la función de 20:10)

Si bien es un género que suele funcionar en taquilla, la comedia no logra dar grandes éxitos comerciales. Sin embargo, ¿Qué pasó ayer? fue una de esas excepciones a la regla: debido esto, en parte, a una narración sabia que jugaba al misterio, la recurrencia a un humor al borde de lo aceptable (como suele ser norma en Phillips) y unos personajes sobresalientes, especialmente aquel que interpretaba Zach Galifianakis, que además sería fundamental para potenciar su carrera. El actor era, hasta entonces, un desconocido para el gran público. Sin dudas que tenía que venir la secuela (y vaya paradoja en una película que precisamente se construye sobre las secuelas de algo) y aquí esta la segunda parte, con Phil, Stu, Alan y Doug viajando a la exótica Tailandia para el casamiento de Stu. Phillips, uno de los directores de comedia más interesantes de la actualidad, es además un tipo inteligente: por eso, esta parte dos es una reiteración de lo ocurrido en la primera, aunque corriendo más los límites: hay un festejo, las cosas se les van de las manos a los muchachos y con la resaca a cuestas, a tratar de reconstruir aquello de lo que no se tiene pistas claras. Como dije que ¿Qué pasó ayer? fue un suceso impensado y tenía algunos elementos de interés, también digo que me pareció un poco sobrevalorada y que, incluso, era bastante machista en su defensa de las licencias masculinas en el marco de la vida en pareja. Esta segunda parte se presenta casi como una exclusiva pista de lanzamiento para todo tipo de delirios y salvajadas. En ese sentido, puede funcionar y ser, incluso, más aceptable que la anterior.

La noche del demonio (Insidious / EE.UU. / 2010 / 102 minutos)
Dirección: James Wan
Intérpretes: Patrick Wilson, Rose Byrne, Barbara Hershey, Ty Simpkins, Andrew Astor, Lin Shaye, Leigh Whannell, Angus Sampson
Sala y horarios: Cine Ambassador (todos los días: 18:15, 20:25 y 22:35. Viernes y sábado también: 01:00)

Wilson y Byrne interpretan a un matrimonio que vive feliz con sus tres hijos, pero que cuando uno de estos sufre un accidente doméstico las cosas comienzan a cambiar invariablemente. ¿Qué ocurre? Parece que malvados espíritus quieren dejar atrapado al niño en ese estado de coma en el que está, y llevarlo para el más allá. Estamos, como se darán cuenta, en los terrenos del cine de terror. El director, si no un especialista, fue quien puso la piedra basal para uno de los grandes errores de la historia reciente del cine como es la saga de El juego del miedo: Wan dirigió la primera de estas, tal vez la más interesante. Hay quienes han visto en la estética que desarrolla el realizador en La noche del demonio ciertas reminiscencias del cine de terror de los ochenta, una década clave en éxitos de todo tipo, tal vez la más brillante para el género. Si las analogías con ese niño en estado de coma no derrapan hacia algo más dramático y con mensaje, tal vez estemos ante un buen ejemplo de película miedo, algo que no está pasando muy cotidianamente.

Poder que mata (Fair game / EE.UU. / 2010 / 106 minutos)
Dirección: Doug Liman
Intérpretes: Naomi Watts, Sean Penn, Sam Shepard, Ty Burrell, Bruce McGill, Michael Kelly, Brooke Smith, David Denman, Noah Emmerich
Sala y horarios: Cines del Paseo (todos los días: 15:40 y 22:35)

Estamos en el territorio del thriller político, subgénero que siempre nos lleva a la década de 1970, cuando Hollywood se puso serio y tiró algunos dardos venenosos contra su propio sistema político. No es algo casual: en aquel momento la guerra de Vietnam generó tantas dudas como en estos momentos la prolongada incursión norteamericana en Medio Oriente. Y, se sabe, los sectores progresistas de la política yanqui suelen escandalizarse, y contarlo en películas. Poder que mata, de hecho, se centran en un episodio de la realidad, aquel que involucró a la agente secreta Valerie Plame, quien descubrió que no había armas nucleares en Irak por más que la administración Bush lo asegurara. El asunto es que Plame tenía un marido, Joe Wilson, un diplomático norteamericano que publica un artículo periodístico sobre este y otros asuntos. Resultado: el Gobierno de los EE.UU. terminó revelando la identidad de la agente Plame. Lo curioso de Poder que mata es que su director es Doug Liman, alguien más cercano al thriller de acción que al film de denuncia. Posiblemente, esto sirva para que la película tenga un nervio que otro tipo de realizador podría no darle. El film va de lo público a lo privado, observando cómo este tema afecta, incluso, la relación de Plame y Wilson. Watts y Penn, por su parte, son dos notables intérpretes que suelen brindar toda su solvencia. A priori, interesante.

Mis tardes con Margueritte (La tête en friche / Francia / 2010 / 82 minutos)
Dirección: Jean Becker
Intérpretes : Gérard Depardieu, Gisèle Casadesus, Maurane, Patrick Bouchitey, Jean-François Stévenin, François-Xavier Demaison, Claire Maurier
Sala y horarios: Cines del Paseo (todos los días: 20:35. Sábado y domingo también: 13:40. Sábado también: 00:50)

De la simpatía al drama tremendo hay un paso. Veremos si Mis tardes con Margueritte se contenta con lo primero o, lenta y progresivamente, va derivando hacia lo segundo. Depardieu es un hombre analfabeto que por casualidad se encuentra con la Margueritte del título, una señora mayor fanática de la lectura. Obviamente, ella instruirá al hombre y ambos construirán un vínculo amable y sin complicaciones. Aunque siempre hay un pero, y en este caso llegará cuando la mujer se vaya quedando ciega y el buenazo que antes era iletrado y que ahora lee, se encargue de leerle algunos libros a la señora. Resta esperar que el director Becker maneje esto con mesura y sin caer en sentimentalismos excedidos. Si esto sale moderadamente bien, del resto se encargará Depardieu, una bestia cinematográfica con una presencia inconmensurable.

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