Ciudad

No soy geólogo ni vulcanólogo

He tenido el honor de recibir algunos llamados telefónicos y mensajes por mail, referidos a mis comentarios sobre las exploraciones de OSSE por aguas Termales y la existencia de  las “Termas Huinco” de nuestra ciudad. Algunos mensajes laudatorios y otros haciendo referencia a mi ignorancia de las ciencias geológicas.

Como digo en el título, no soy geólogo ni mucho menos, pero si, durante mi actividad como profesional del Turismo y la Comunicación me ha importado investigar los atractivos y recursos turísticos de esta ciudad, existentes o potenciales…

Y hace años que vengo señalando – sin demasiada fortuna en obtener respuestas positivas- que hace mucho hemos dejado de ser una “ciudad Turística” para ser una “ciudad con turistas”.

En la actividad y las prestaciones, hemos CRECIDO, pero no nos hemos DESAROLLADO.

Más allá de los plausibles intentos – y logros – de generar acontecimientos programados que  morigeren nuestra marcada estacionalidad, seguimos insistiendo en vendernos al país y al exterior como “Balneario”, denominación y “marca” que nos lleva a un cuello de botella en el desarrollo.  ya que nos limita en tiempo y en espacio.

En tiempo, a la cada vez más acotada “temporada” y en espacio a la disponibilidad de arenas aptas para el turismo de “sol y playa”, con menos de 1.750.000 m2 de árido puesto en valor. A este respecto, los analistas mundiales señalan que, para un destino de “calidad” cada usuario requiere un mínimo de  5 m2 de espacio de arena por persona, lo que significaría una capacidad de carga para un máximo de 350.000 usuarios simultáneos.

Con una población estable en el Partido que ronda los 750.000 habitantes, bastaría con que el 20 % de la población decidiera, un fin de semana del verano “ir a tomar sol a la playa”, para que los ansiados “turistas” deban desplazarse cada vez más lejos de su alojamiento habitual, para encontrar espacios donde, además de sol, puedan desarrollar otras actividades recreativas como vóley, caminatas, picaditos futboleros y requerimientos similares que brinden una mayor satisfacción a su permanencia y garanticen la “calidad” en las prestaciones que la ciudad promete. Para más datos, durante nuestra gestión como funcionarios municipales de turismo, realizamos, con el apoyo de la fuerza aérea, un relevamiento aero-fotogrametrico de las playas llegando a determinar que, un fin de semana de enero de 1974,  la   Playa   Popular mostraba una carga de 0.78 m2 por persona. Dato con los que obvian los comentarios.

Resulta obvia, entonces, la necesidad de diversificar nuestras ofertas. El anunciado dragado el ingreso a nuestro puerto posibilitara el ingreso de los ansiados cruceros internacionales, y naturalmente, de barcos cargueros de mayor porte  para la salida de nuestra producción agrícola, que hoy se desplaza mayoritariamente a nuestra vecina Quequen.

Pero eso no es todo, ni mucho menos. Estamos hablando de turismo, de diversificar nuestras ofertas, de salir del cepo del “sol y playa” y promover, y potenciar otros productos convocantes, competitivos y no estacionales,   entre ellos el termalismo y la talasoterapia.

Y lo lamentable es que los tuvimos  y no pudimos no quisimos conservarlos. Insisto, crecemos pero no nos desarrollamos.

LA “TALASOTERAPIA”

Los antiguos balnearios de la Playa Bristol –entre ellos “El Águila”,  explotadas décadas pasadas por Cerenil y otro por   la Asociación Cooperadora del Hospital, se disponía y brindaba servicios de agua caliente de mar, de masajes terapéuticos y tratamientos de distintas afecciones y cosmética.

Los diccionarios la  definen como:  La talasoterapia es un método de terapia que se basa en el uso de diferentes medios marinos, juntos o por separado, (agua de mar, algas, barro y otras sustancias extraídas del mar) y del clima marino como agente terapéutico. El agua se recoge en lugares donde esté limpia para garantizar la ausencia de agentes contaminantes, si contiene arena se deja decantar y queda transparente, antes de su aplicación en los distintos tratamientos (el agua de mar elimina por si misma los patógenos por osmosis).

El complejo balneario y spa de mar de Manantiales, sobre la costa camino a Chapadmalal, se identifica en su promoción en la web diciendo:

La oferta turística de Talasoterapia es un circuito privilegiado que descubrimos en nuestro viaje a Mar del Plata, un paraíso para el descanso y el esparcimiento, los deportes y la cultura del bienestar. La belleza de los acantilados que bordean el océano conduce al viajero hasta el primer centro de termas marinas de América Latina.  Mascara de Algas En la costa atlántica a sólo 45 minutos de vuelo de Buenos Aires – se encuentra Mar del Plata, la ciudad balnearia más importante de la costa argentina. Su privilegiado emplazamiento entre pampa, sierras y océano, grandes extensiones de playa y sólida infraestructura para la oferta veraniega, la posicionan como el destino ideal para la alternativa  del SPA y la Talasoterapia.

Igualmente, en época de anteriores explotaciones y desde su  construcción, el Gran Hotel Provincial de Mar del Plata disponía en los balos privados de sus habitaciones, de agua caliente de mar, la misma de los balnearios mencionados  que se extraía del mar mediante bombas adecuadas instaladas pajo la pedana del Torreón del Monje.

El “modernismo”, el crecer sin desarrollarnos,   más los años en que el Hotel estuvo inactivo, hicieron que ese servicio se discontinuara. Se demolieron los Balnearios, se instalaron salas de juego  locales de venta, remedo de “La Salada” o “La saladita “  con lo cual la ciudad  toda perdió un recurso  que otros destinos, con gran éxito, han puesto en valor (San Clemente, Necochea, próximamente Dolores)

LAS “TERMAS HUINCO”

En esta época de la web, basta con apretar un botón en la computadora y podemos leer entre las referencias a las Termas Huinco, por ejemplo:

Dibujo
Fachada del edificio principal de las termas Huinco

Las Termas huinco, fueron un complejo de aguas termales, que ocuparon una serie de construcciones cuyo edificio principal, es el que vemos en la fotografía. Su propietario, fue el Sr. Aldo Marcone, quien también se desempeñó como director del diario El Atlántico, entre otras funciones llevadas a cabo aquí en nuestra ciudad.

El complejo funcionó durante la década del 40*, siendo entonces uno de los cuatro destinos de las excursiones turísticas que salían desde la ciudad de Mar del Plata, posiblemente desde algún lugar en la actual zona centro, (accesible también desde la terminal, (en aquella época una de las tres estación del ferrocarril) mediante el servicio de tranvía, hacia el sur sud/oeste de la avenida Cincuentenario (actual Av. Juan B Justo). Aquella zona, entre las décadas de 1911 (año en comienzan los primeros movimientos en la construcción del puerto**) y 1940, era conocida como “Pueblo de los Pescadores” y también ¨Pueblo de Peralta Ramos”. Los otros tres destinos obligados de la “oligarquía” y la “burguesía” porteña que venían a descansar a la Mar del Plata de entonces, y desde esta, a aquel pueblo allende la frontera de la avenida cincuentenario (lugar de canteras y cientos de obreros trabajando en ellas, pescadores y barcos que arribaban de Bs.As. y hasta de Europa misma, templos, iglesias y viviendas obreras construidos por las Damas Vicentinas), eran la “Banquina”, “El Faro” y la “Gruta de Lourdes”.

Desde 1936, en el lugar también funcionó una fábrica de agua mineral, que sólo se comercializaba en la ciudad de Buenos Aires, quizás, aprovechando que, en aquella época, el tren llegaba desde BsAs. hasta la misma banquina.

En la actualidad, en parte de aquel complejo de antaño, funciona la Escuela Huinco “Monseñor Rau”, y a una manzana de allí, la sede del Club Atlético Banfield.

Quien quiera visitar el lugar, su dirección es calle Triunvirato entre Vertiz y Azopardo. En aquel momento, sin embargo, el complejo se extendía desde la Av. Édison hasta la calle Juramento y desde la av. Vertiz a la calle Tripulantes de Fournier. Fue un enorme predio rodeado por un cerco de árboles y atravesado por dos arroyos, Del Barco y Huinco. Casi un paraíso en la tierra, del cual muchas personas, en su gran mayoría turistas de Buenos Aires y extranjeros, disfrutaron durante apenas una década.

*Recomiendo el libro “El puerto que conocí en la década del 40”, de José Ibáñez, reeditado por EUDEM, y que actualmente se encuentra disponible en la Biblioteca Leopoldo Lugones, de la calle Padre Dutto esq. Ayolas.”

 

JOSE IBAÑEZ Y “EL PUERTO QUE CONOCI”

Tuve el honor y la satisfacción de compartir horas de charla e investigación con Jorge Ibáñez, destacado dirigente vecinal, autor del  libro arriba mencionado, quien, entre muchas otras cosas, me comentara que:

“Yo de pibe hacía de “trapito” en la puerta delas Termas, atendía y ataba los carruajes, venían Presidentes, Ministros, celebridades del arte y de la política….hasta llegue a trabajar de embotellador en la fábrica de agua Mineral”

Fue José, en una de nuestras tantas charlas, el que me dijo:

 “Ándate al museo del Puerto y pedí ver la documentación que hay…está el ·libro de “visitantes ilustres”, análisis químicos de las aguas, opiniones de médicos de todo el mundo al respecto, además de fotografías….y si queres, ándate a la Escuela Monseñor Rau /Triunvirato entre Vertiz y Azopardo/ y pedí que te dejen ir al primer subsuelo, ahí vas a ver que donde funciona el Jardín de Infantes, era uno de los vestuarios de las Termas…si no los sacaron, tienen las mayólicas originales traídas de España-“

Obviamente fui y aunque con algún recelo, las autoridades del Colegio me permitieron una rápida visita a l lugar, que conservaba (hace casi diez años) las mencionadas mayólicas, en sus paredes, tapizadas además  por coloridos y modernos dibujitos infantiles.

Lo que José no pudo o no supo decirme fue que `paso con la explotación de  las termas, con el agua mineral y todo el resto.

No obstante, me sugirió visitar al Club de Jubilados Termas Huinco donde era posible encontrara algún abuelo memorioso que supiera darme razón-

“LAS TAPARON PARA VENDER LOS LOTES”

Previo pedido de entrevista y mateada mediante, tuve el placer de conversar con algunos abuelos que recordaban, con precisión la génesis y desaparición de las Termas.

“Tenía mi casa a dos cuadras de ahí…y le digo…había noches en que sentíamos vibrar la tierra…el caño por donde salía el agua caliente estaba a unos metros de donde habían construido la “terma” y la envasadora de agua, y salía a los borbotones…si con mis amigos nos íbamos a bañar y chapoteábamos en el barro….”

Con inocultable tristeza concluyo su relato:

¿Vio, don?…el Puerto ya estaba terminado, el barrio crecía, se empezaron a hacer loteos y vender la tierra y de un día para otro taparon la terma con piedras, palos y yuyos y se acabó…vender lotes era más negocio que dar baños, ¿vio?

Es muy probable que el rio subterráneo de aguas calientes hubiera modificado su curso, que la afluencia hacia la superficie hubiera cesado sin adecuado bombeo, y que, como me dijera el memorioso abuelo, la especulación inmobiliaria haya “taponado” la terma para lotear y vender a los miles de trabajadores de la pesca y las industrias anexas que la existencia del Puerto traía consigo dándole forma a la que siempre pretendió ser una comunidad autónoma del centralismo Marplatense “La ciudad Puerto”-

Pero esa es otra historia.

Como me dijo un amigo geólogo local, ante los comentarios que dan origen a esta nota, “No hables de lo que no sabes”-

Y le hago caso: No hablo de Geología, ni de la génesis de las aguas termales, de las capas tectónicas ni de los ríos subterráneos.

Digo, solamente, que Tuvimos talasoterapia y tuvimos termas. Y que, las termas al menos, por ahí abajo están. Metros más o metros menos, al igual que el agua de mar,  al que hay que calentarla nada más.

Y creo, con perdón que pido humildemente a los destacados amigos profesionales de la geología y ciencias afines, que no  es imprescindible haber cursado esa    carrera para saber leer la historia de la ciudad.-

Basta, también  con haber presenciado “en vivo y en directo” lo que como “turistologo” y periodista tengo el tupé  (atrevimiento-desfachatez) de comentar.

Lamentando, (con el derecho de expresarme al que no resigno), que sigamos sin entender que Crecimiento no es sinónimo de Desarrollo.

Licenciado Luis Martínez Tecco

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