Deportes, Fútbol

No embanderarse en la euforia del exitismo

Cuando la vara se coloca más alta, más fuerte puede ser el porrazo. La expectativa que se edifica en torno a la figura de Ramón Díaz, cuando es desmedida puede generar, desde la desilusión al desencanto. Hoy nos encontramos con la reacción de los hinchas de Barcelona, por las actuaciones de Alexis Sánchez. Y vale, la reflexión que no siempre acompaña a los hinchas, dueños del fanatismo absoluto. ¿No será Tito Vilanova, quien debe mensurar como rinde el chileno? Ahora como conclusión, si se quejan los hinchas del mejor equipo del mundo, nadie queda exento de quedar sometido al juicio de la pasión.

Toda la euforia que envuelve a River, es muy bienvenida y Dios quiera que haya llegado para quedarse. El entrenador, y su hijo Emiliano, están muy enchufados directos a 220 volts, pero siempre es necesario, guardar un margen cuanto de optimismo desbordante se trata, así se evitan confusiones, lo cual facilita el tránsito por el difícil camino de la realidad.

Ayer Estudiantes (un equipo que viene con serios problemas de todo tipo) mantuvo durante los últimos diez minutos a River sofocado. El partido no se cerró en el momento indicado, y tampoco se tuvo el control del juego en esa parte final. Los contragolpes latentes a partir de los ingresos de Iturbe y Funes Mori, tuvieron más que ver con las intenciones que con las definiciones concretas. En esos momentos, hay que ser contundentes y anoche el equipo de Ramón no lo fue. Inesperada e innecesariamente las complicaciones surgen solas.

Hace mucho tiempo que no veía un gol de River tan bien construido. Desde la salida, la precisión quirúrgica de la habilitación de Rojas a Trezeguet y la exactitud de la volea del pique al piso, todo un sello del capitán del equipo. La verdad un delicia para el ojo, un festival de la jerarquía, por todo el conjunto de la elaboración de la jugada.

El “Pincha” muy limitado de recursos, no fue una medida que tenga relación con el objetivo que se alimenta minuto a minuto, ver a River campeón. Casi con seguridad, a Ramón no se le escapó del detalle del dominio, aún estéril de la visita en esos minutos. El entrenador también los sufrió y su apuesta a liquidarlo con mayor potencia ofensiva,  un nuevo esquema sin Lanzini y tres delanteros.

El futbol ofensivo entusiasma y deleita, pero ese magro gol de diferencia, a veces estremecía ante un corner, tiro libre o centro al área a favor de la visita, además siempre nos inventan un penal o una expulsión. Y si, es un sufrimiento que nos persigue. Había partidos ganados que terminaron empatados, y empatados que se terminaron perdiendo.

Tal vez, Mauro Díaz por Lanzini, el retraso de Vangioni y haber agotado un cambio por lesión de Román, hayan condicionado el sistema, pero hubo diez minutos en los cuales la victoria de River estuvo amenazada, quizás sea el único motivo de preocupación, porque cuando la liga se da en contra, ya existe demasiada experiencia de cómo nos toca sufrirla.

También influyó la ausencia de Ponzio, fundamentalmente por la escasa utilización que hubo sobre el sector derecho del ataque a los rally de Carlos Sánchez, aunque seguramente serán soluciones en otros partidos, hubo una excesiva tendencia a explotar la franja izquierda, aunque pudo haber sido también el esquema defensivo y de marcas que Estudiantes intentó hacer valer. A Mora lo provocaron, le hicieron sentir todo el rigor del roce físico, y el uruguayo entró en una maridaje que no le hace bien al equipo, pero es bueno que no escape a esa prueba de carácter, cuando ya se ha ganado el corazón con sus goles ante el equipo del virrey, al que parece que lo tiene alquilado.

Son sólo conclusiones de relativo valor, pero siempre hay que andar ajustando, y sino que le pregunten a Vilanova, luego de los afiches contra el chileno Alexis Sánchez, que deja muy bien a las claras, que las exigencias siempre encabezarán las demandas, porque es imposible creer que en el Barcelona, las demostraciones hayan llegado al límite del extremismo, en un campeonato que lo tiene virtualmente ganado.

Jorge Elías Gómez

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