Opinión

Negro o blanco

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 “Puede que a ti te guste o puede que no

Pero el caso es que tenemos mucho en común…

Los dos tenemos el mismo miedo a morir,

Idéntica fragilidad…”

Serrat,  “Te guste o no”.

Pero, además, una película, El mayordomo, basada en la historia real de un negro, quien llegó hasta la Casablanca. La presencia de varios presidentes estadounidenses  servidos por él, con hechos dramáticos y fundamentales para que luego, con su color de piel, llegara Barak Obama. Demás está explicarlo, todo un relato con las diferencias raciales e ideológicas que caracterizaron la historia no muy lejana de Estados Unidos.

Una desaparición, la de Nelson Mandela, aunque bien cabe aclarar que estos son personajes que nunca dejarán de estar, de tal manera que al correr del tiempo nos podemos proponer mentalmente uno de esos olvidos involuntarios ¿vive o no?

La película, vista unas horas antes de ese punto que muestra la inmortalidad de ese sudafricano ilustre, ya me había hecho pensar en nuestro país y las diferencias que nos están marcando más que las posibilidades de encuentros en objetivos comunes, que los hay; nadie es dueño exclusivo de la justicia o injusticia en todos los niveles de una sociedad frustrada, bien entendiendo lo que debe ser una sociedad, simplificando lo que nos puede llevar una larga escritura.

Aquí, en la Argentina, pareciera que nos estamos debatiendo en observar quien es el negro, más allá de un término lamentable, usado despectivamente para obscurecer aún más a quienes no tienen muchas posibilidades de salir a la luz, fundamentalmente si no se los deja, con enseñanza, con trabajo, con posibilidades ciertas.

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Los ejemplos expuestos en el comienzo me hacen pensar que esa distancia en la piel puede ser mejor visualizada y vencida, que cuando no sabemos contra qué estamos, ya que nada está definido en cuanto a ideología alguna que pueda identificar en un solo sector a quienes abrevan de aquí y de allá. En consecuencia, no podemos identificar al “enemigo”. No logramos visualizar quien es más blanco que el otro. Por caso, Carrió propone una asignación por hijo, pero como no es del mismo “color”, no sirve, luego, cuando lo dispone alguien del “color debido”, entonces sí vale.

Lanata propone en su discurso periodístico “no profundizar la grieta”, pero al mismo tiempo no se impone ningún límite para colaborar en esta dirección. Ataques por un lado, ataques por el otro. Víctor Heredia, Fito Paéz, Ignacio Coppani, desvalorizando  a quienes votan en otra dirección a la que consideran única e irrepetible.  Blanco o negro, como si todos estuviéramos libres de zonas grises.

Y así está nuestra sociedad. Difícil, complicada traumática para una mayoría que mira azorada sin saber quién es del color que le conviene. Seguramente que ni uno ni otro. Nos negamos a esa igualdad de virtudes y miserias, unos más y otros menos de una cosa y/o la otra, que superan cualquier diferencia de piel. La distancia no está en la piel, ni en un lugar u otro, está adentro de cada uno.

En un último escrito pedí que alguien cuestione mis interrogantes, lo hago también ahora. Es cierto, estoy escribiendo con más signos de interrogación que nunca en razón de que debo quedar abierto a las razones en virtud de mis dudas al no saber si lo que se lee, se escucha o se ve, es medianamente una verdad. Demasiada búsqueda de enemigos, por aquí y por allá, para perseguirlo si no es de nuestro “color” y para esclavizarlo de nuestro pensamiento si no concuerda con mi fe. Historia de Estados Unidos, de Sudáfrica y de tantos otros lugares del mundo, con problemas raciales e irracionales en serio, bien palpables, historia también de la Argentina que se debate entre colores indefinidos, buscando desesperadamente al negro para demonizarlo.

También escribió Serrat en su canción, hablando con un imaginario “distinto”, “…lo común me reconforta, lo distinto me estimula…”. Te guste o no.

MIGUEL TOSCANO

DNI 5.329.126

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