Jorge Elias Gomez, Opinión, Política

Navidad de los pobres

Los sucesos de Plaza Constitución, no deberían extrañar. En un contexto en el que debe entenderse, toda la extensión de la problemática. No es posible responsabilizar al P.O., sino de neutralizarlo para evitar el corte de vías. ¿Para qué existen las fuerzas de seguridad especializadas? A las mismas debe apelar el gobierno nacional, cuando las circunstancias lo demanden, es para aplicar la prevención no la represión.

En el ámbito de Plaza Constitución siempre hay grupos de jóvenes (como en estaciones de la línea Sarmiento), con mochilas preparadas para explotar situaciones de estallidos sociales, como los ocurridos el jueves. Por Plaza Constitución pasan 60.000 personas por hora, que desde Capital Federal y otros puntos de Gran Buenos Aires, deben volver sus hogares. ¿Cómo pensar que pueden sentirse, luego de haber trabajado con 40 ° de sensación térmica?

Es razonable pensar que la protesta ha sido espontánea, casi generalizada. Por el grado de violencia y la experiencia que demuestran, no debe descartarse un comportamiento afín, a revueltas en las canchas de fútbol, a vecinos que atacan la vivienda de un violador, de un presunto asesino, de un corte de ruta, de usurpadores, a enfrentamientos de manifestaciones sindicales. Pero se dan las condiciones por la recurrente ausencia del Estado, y la incorporación del ingrediente de la violencia, en una franja proclive a esas actitudes, que el gobierno nacional nunca hizo nada para reducirla. Se ha generado y consolidado un clima de violencia social, y no se puede desconocer, en esto que oficialmente se denomina como el modelo.

Por añadidura, por asociación, por elementos de análisis comparativos, por sentido común, la violencia y alto índice de criminalidad en ocasión de asaltos y delitos comunes, han sido posibles merced a una decisión política para que prosperen, así han destruido a miles de familias argentinas. El kirchnerismo habló de sensación, “que no era para tanto”, “que los medios que los magnificaban”, “que estábamos en los estándares internacionales”, todas excusas que han caído en el absurdo.

Es de “ex profeso” que el gobierno de CFK, ahora,  y de Néstor Kircher con anterioridad, no tenían a la seguridad ciudadana en su agenda. Como tampoco registra como se multiplican miles y miles de pobres, que paradójicamente son los objetivos centrales de su política no sólo social, sino que son la razón de ser de sus convicciones de su lucha y programas de gobierno. Intentan hacer creer que estamos viendo a “El Chavo”, cuando en realidad tiene más que ver con una película del doctor Frankestein.

A no comerse la masita de que Nilda Garré va a implementar, algo que se parezca a la eficiencia en la materia de la inseguridad. Muy por el contrario. En diez días ha acumulado más desaciertos que medidas efectivas. A cualquier especialista en seguridad no se le escapa, que la convivencia de Gendarmería, Prefectura, Policía Federal, Bonaerense y la Metropolitana, sólo puede existir en un laboratorio de Disneylandia, se complotan y boicotean entre ellos mismos, pero por una cuestión natural, de formación.

Los 6.000 gendarmes que se han destinado al Gran Buenos Aires, son el equivalente a los policías bonaerenses que Daniel Scioli, ha desplazado a la Costa Atlántica. Los intendentes de los 24 partidos del conurbano bonaerense, exigieron no quedar desprotegidos. La inseguridad encabeza cómodamente, el ranking de preocupación de los habitantes bonaerense. A ello responde el operativo de saturación que se ordenó y tiene como premisa acordonar frentes muy convulsionados como Fuerte Apache, la villa Carlos Gardel y La Cava en San Isidro. No existe un plan de seguridad, y mucho menos en la gestión de Scioli, que entiende también que el problema radica en la atención del 911 (ahora con contestador automático) y el marketing de la televisión, su desvelo para multiplicar su propaganda.

En Mar del Plata 100 metros de fila para acceder sólo una cajero (de tres instalados), ancianos, mujeres con niños en brazos, esperaron horas para acceder a la extracción de dinero. Un policía era el que daba explicaciones en nombre del Banco de la Provincia, un verdadero despropósito, en la casa matriz de Córdoba y San Martín.

La excusa eran problemas técnicos, cuando luego se supo que en realidad era que estaba desbordado el abastecimiento de papel moneda. La medida del Banco Central de la República Argentina, de decretar el feriado bancario, descolocó a todo el mundo. La razón se supo luego no había reposición de billetes. No es nuevo, sino que se viene alertando desde hace meses con la expansión inflacionaria.

Las ocupaciones de predios públicos, había sido advertida por gobernadores, tal cual como ocurrió. El ministro Julio Alak dijo “está bien lo hablamos en marzo”. Llamó a una conferencia de prensa y leyó sus declaraciones, para explicar un déficit, atribuible a su morosidad y falta de tino político.

Macri, el P.O., Duhalde, la Casa de la Moneda, siempre hay un “responsable” al que se le echa mano cuando llega el momento de presentar las excusas. Pero el margen se estrecha y el camino de la improvisación, la impericia, quedan al desnudo. Es inevitable desvincular, con semejante grado de error, la relación y la mensura de los acontecimientos, que superan la capacidad de la acción de gobierno.

Acaso es posible creer que la mudanza de Nilda Garré, de Defensa a Seguridad, responde a un plan. La madrugada del indoamericano sembró la Casa de Gobierno de temores. La doctora Garré se aferró más a la política de la dialéctica, que a la de los hechos concreto, muy lejos de las soluciones. Sólo la calma, el reino de la paz, y la fe de las fiestas navideñas, obraron como un bálsamo, para una turbulencia de espiral imprevisible.

La agitación de la figura del ex presidente Duhalde, es permanente “Yo lo puse y yo lo voy a sacar” dice el hombre de Lomas Zamora a quien lo quiera escuchar. Cómo si le hiciera falta al kircherismo duro, pensar en maniobras destituyentes. En el medio ya no está el conflicto con el campo, la resolución 125 y la denominada oligarquía ganadera, dejaron a un país que empezó a desconfiar de las razones oficiales. La carne vacuna el pueblo argentino, es pagada a valor de la cotización del euro, como dijo Alfredo De Angeli.

Las quejas hacia Clarín son recurrentes. El mal de Clarín es informar y convertirse en un órgano de prensa crítico y opositor a los planes de la Casa Rosada. ¿El gobierno no sabe que C5N, América y Crónica, entre otros, difunden lo que toman sus cámaras? Es más fácil tomar las imágenes de los diez partidos del Futbol Para Todos, y dormir a los argentinos, esa cadena televisiva es la que quiere el gobierno.

Necesita prensa adicta escrita, radial y televisiva. Es necesario comprender que existe un país virtual que reza en los números de la macroeconomía, pero que no esconde el crecimiento de la pobreza, que está emergiendo con desmesura intensidad, con riesgo de conflictos sociales que cada vez cobran mayor intensidad y virulencia.

Los problemas de energía y combustibles, nos están llevado a niveles de países del subdesarrollo, no el que se publicita con tasas chinas de crecimiento. Se ha errado en la política de uso racional de la energía, con la fabricación de aparatos de alto consumo eléctrico más baratos, pero con menor prestación. No se optimiza el criterio científico para el ahorro de luz, al contrario se lo estimula, y encima se lo subsidia.

Queda toda la certidumbre, que no es al azar lo que nos ha conducido a este callejón. Es muy claro que a partir del dibujo de los índices de la inflación, estaba escondido el país real, el de los problemas de la falta de vivienda, de los trabajadores tercerizados, el del 40 % de los trabajadores en negro, el de los jubilados que ya no subsisten sin ayuda.

Esta es la Navidad de los pobres. Se quedaron sin dinero en los cajeros por falta de billetes, sin trenes que desataron la violencia, sin energía eléctrica, y en muchos casos también sin nafta. Siempre a todos les mintieron, hubo excusas, y chivos expiatorios que surgen de una forma de ver y hacer la política, no la de gobernar para todos los argentinos. Por ahora sólo se siente un efecto coyuntural, pero ya la sociedad ha comenzado a leer, la otra historia, la verdadera.

Jorge Elías Gómez
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