Arte y Cultura, Variedades

Música popular y poesía de raíz argentina en el homenaje a Don Atahualpa Yupanqui

Alumnos de dos escuelas municipales y un colegio privado presenciaron el homenaje a Don Atahualpa, a 20 años de su fallecimiento. Semblanza de su persona, su obra y su legado, matizado con la interpretación de algunos de sus himnos hechos canciones dieron forma a un merecido reconocimiento.

 Un justo ejercicio de memoria, que permitió reivindicar a un cantautor que cimentó su prestigio desde el silencio, el bajo perfil y la exaltación permanente del orgullo sentido por ser argentino, se desarrolló hoy en el recinto de sesiones del Honorable Concejo Deliberante, donde -por iniciativa de la Presidencia- se llevó a cabo el homenaje a Don Atahualpa Yupanqui, a 20 años de su fallecimiento.

Además del Presidente del HCD, Ariel Ciano, también estuvieron presentes el director coordinador de la Secretaria de Cultura, Mauricio Espil; la directora general de Equidad y Calidad Educativa de la Secretaría de Educación, Laura Spina; el historiador, autor y poeta Mauro Mauriño, que hizo una semblanza de Don Atahualpa; el músico Ficco Parducci -de La Diabla Dúo- y alumnos del colegio Ortega y Gasset y las escuelas municipales primaria Nº 3 de Faro Norte y secundaria Nº 202 del barrio Libertad.

En primer término fue proyectado el video “Historias de Abuelas. La identidad no se impone”, video institucional realizado por el personal del Teatro Auditorium, Centro Provincial de las Artes.

A continuación fue proyectado otro video, en este caso sobre el genial músico y poeta, sobre quién fue, su legado y lugar de pertenencia que, en este caso, fue realizado por el Ministerio de Educación de la Nación (Canal Encuentro) y se llama “Los caminos de Atahualpa”.

Después, al momento de las palabras, Ciano dio la bienvenida a los presentes, señalando: “Es muy buena la posibilidad de que estén ustedes acá, en este homenaje a 20 años de la muerte de Atahualpa Yupanqui. Como observaron, el legado de su música tiene que ver con el video sobre Abuelas, porque el mensaje es que tenemos que conocer claramente de dónde venimos para saber a dónde vamos. Es decir, conocer nuestras raíces culturales, saber quién es Atahualpa”. Y agregó: “La responsabilidad de no tenerlo tan presente es nuestra, de los más grandes. Las generaciones de los chicos como ustedes no pueden querer lo que no conocen. Tenemos que difundir la obra de Atahualpa para que ustedes puedan elegir; entonces, cuando lo escuchen les va a pasar como a nosotros, que nos enamoramos de su arte”.

Ciano recordó que “Mar del Plata fue tierra de muchos artistas. Eligió esta ciudad para vivir por muchos años alguien como Alberto Merlo; uno podía cruzárselo en la calle. Otro artista muy importante, Raúl Carnota, se presenta mañana en el Teatro Colón. Difundir nuestra música, folclore y cultura, ése fue el objetivo principal de este homenaje, no sólo rendir tributo a quien para muchos es el mayor poeta de la historia contemporánea, sino que también los chicos y jóvenes puedan conocerlo, aún cuando ya se hayan acercado a él a través del rock y otros estilos musicales, por artistas que han tomado su poesía y música para difundirlo, para saber lo que es y fue Atahualpa para nosotros”.

Por su parte, Mauriño definió a Yupanqui como alguien “consustanciado con nuestras tradiciones y costumbres, siempre predicando con su ejemplo la reafirmación de nuestras raíces e identidad”.

“Celebro la iniciativa del Presidente del Concejo Deliberante y la gente de Cultura por acercarse hoy, en un aniversario redondo, por los 20 años que se cumplieron desde que nos falta ese hombre que tuvo la particularidad de ser referente en vida. Atahualpa tomó  un territorio tan grande como éste para resaltar las particularidades regionales e incluir siempre al hombre, al trabajo, la ocupación y las partes buenas que toca vivir. “El poeta no tiene biografía”, solía repetir. Él estuvo presente en lo que silenció, en lo que ocultó, en lo que mostró, en sus libros, discos, cartas y recuerdos”.

Mauriño evocó: “Él decía que el viento en una inmensa e invisible bolsa que iba recogiendo los sonidos, palabras y rumores, y que todas esas impresiones iban a parar a esa invisible bolsa, que a veces se cargaba de manera tan colosal que se rajaba por los costados y dejaba caer las yapitas del canto de los sonidos de los pueblos. Entonces, algunas permanecían intactas; otras se enriquecían y formaban el alma de los pueblos. ¿Quién las encontraba?, el juglar desvelado, que con la dignidad de la guitarra en su sonoridad profunda y de las flautas, iba formando el canto perdido”.

Para Mauriño “es más fácil y distinguible la frontera geográfica y los intereses económicos que la soberanía perdida de los cantos de la propia tierra”.

En tanto, Parducci también agradeció la iniciativa del reconocimiento y agregó: “Es fácil reconocer el territorio ocupado cuando es tangible, cuando se lo reclama, se lucha y por supuesto se muere por él. En cambio, es más difícil cuando se trata del territorio de la cultura; por eso, celebro cantar frente a ustedes, porque de todos los públicos son el más sagrado. Estamos acá sin acartonamientos ni actitudes diplomáticas, como si fuera una reunión de amigos”.

Parducci señaló: “Atahualpa no sólo nos contó paisajes y perfiles de actividades de paisanos. Yo tuve el honor de conocerlo y veía constantemente cómo él realzaba la condición del ser argentino. Estamos en momentos donde se ha desacreditado ese asunto, por eso aplaudo el querer devolvernos tal actitud mayúscula del querer ser argentino”.

A continuación, Parducci interpretó algunos temas de Atahualpa, tales los casos de “El Arriero”, “Sin caballo ni en montiel”, “El alazán”, “Huellas” y “Córdoba Norte”, que marcó el epílogo de un emotivo homenaje a un artista del más profundo acervo nacional

 

Historia del homenajeado

 

Nacido con el nombre de Héctor Roberto Chavero en el Campo de la Cruz, en José de la Peña, Partido de Pergamino, el 31 de enero de 1908, Atahualpa falleció en Nimes, Francia, el 23 de mayo de 1992.

Cuando tenía trece años -y para firmar colaboraciones literarias en el periódico escolar- Roberto comenzó a utilizar el nombre Atahualpa en homenaje al último soberano Inca. Algunos años después le agregó el Yupanqui que llevaría toda su vida. La traducción de estos nombres, unidos, significa, en quechua “el que viene de lejanas tierras para decir algo”.

Fue cantor, guitarrista, poeta, compositor y recopilador. A los seis años empezó a estudiar violín e inmediatamente guitarra con el profesor Bautista Almirón.

En 1917 su familia se trasladó de Roca a Tucumán y el pequeño encuentra otro paisaje, otros hombres, otras melodías, otros misterios. Ahora estaba -según él mismo definía- en “El reino de las zambas más lindas de la tierra”.

Atahualpa trabajó como empleado del ferrocarril, hachero, arriero, cargador de carbón, entregador de telegramas, oficial de escribanía, maestro de escuela, tipógrafo y cronista.

En esos años, además, junto con un amigo recorrió distintos pueblos del interior proyectando películas en una sábana que utilizaban como pantalla. Terminada la proyección, venía el concierto de guitarra a cargo de Atahualpa.

A partir de los dieciocho años inicia un peregrinaje casi constante, que lo llevará por los más diversos lugares: la ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos, el Uruguay, Santa fe, Rosario, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, La Puna, La Rioja, etc.

Más tarde trabajó como periodista en Rosario y escribió aquella célebre crónica acerca de la muerte de quien había sido su maestro de guitarra, Don Bautista Almirón.

Grabó tres discos para la Agrupación “El Mangrullo” (1936) con la zamba “Paso de los Andes” y el estilo “Mangrullando” (además de “Camino del indio”, “La vidala del adiós”, “Apariencias” y “Cumbres siempre lejos”).

En 1935 participó de la inauguración de Radio El Mundo junto a la orquesta de Dajos Bela, interpretando bagualas, vidalas, zambas, gatos y chacareras con honrada fidelidad, géneros que comenzaría a grabar en 1936 para el sello RCA Víctor. Se trata de temas como: como “La zamba del cañaveral”, “La andariega”, La arribeña”, “La churqueña”, “Tierra Jujeña”, “Kaluyo de Huascar”, “Viento, viento”, “Camino de los valles”, “Cañada Honda”, “La viajerita”, y “La raqueña”, entre otros.

En 1941 y en 1943 publica sus primeros libros “Piedra Sola” y “Aires Indios”, respectivamente. Y, luego, la novela “Cerro Bayo”, en la que se basó el guión de la película “Horizontes de Piedra”.

Sería en 1945 cuando se afilió al Partido Comunista al que terminará renunciando en 1952. Ello le significará la prohibición de sus grabaciones, programas radiales, presentaciones y la interpretación de sus temas por otros artistas. Y el encarcelamiento en varias oportunidades.

En 1949 actuó en distintos escenarios de países como Hungría, Checoslovaquia, Rumania y Bulgaria. Y más tarde en París, se vincularía con Paul Eluard quien  su vez le presentó a Edith Piaf que lo invita a actuar en sus propios conciertos ante el público parisino.

Firmaría contrato con “Chant du Monde”, compañía grabadora que editó su primer larga duración en Europa, “Minero soy”, obra con la que ganó el primer premio al mejor disco extranjero de la Academia Charles Gross, entre trescientos cincuenta participantes de todos los continentes en el Concurso Internacional de Folklore. Y dio sesenta recitales en Europa.

Desde 1953 vuelve a grabar profusamente. Fue el turno de piezas como “Tierra Querida”, “Chacarera de las piedras”, “Recuerdos del Portezuelo”, “La Tucumanita”, “Indiecito dormido”, “Lloran las ramas del viento”, “La humilde”, “Le tengo rabia al silencio”, “Luna Tucumana”, etc.

En 1964 realizaría su primer viaje a Japón, país en el cual se presentó cincuenta veces en distintos escenarios. Y dejó un poema titulado Hiroshima que habla de lo terrible de la bomba nuclear y de la capacidad de su pueblo para superar el horror.

En 1967 ganó el Premio del Festival de Cosquín y en 1968 y 1969 el Premio de la Academia Charles Cross de París al mejor disco extranjero.

Luego, en 1968 desembarcaría en España y ese mismo año volvería a Francia.

En febrero de 1968 Atahualpa fue nombrado Caballero de las Artes y las Letras de Francia por el Ministerio de Cultura.

Años después, en 1972, vería la luz su obra “El Payador Perseguido”, que refleja uno de sus mejores momentos musicales y poéticos. Y el compromiso con su época y sus contemporáneos, condición intrínseca de un artista para quedar en la historia.

Sus canciones han sido interpretadas por artistas de la talla de Mercedes Sosa, Pedro Aznar, Alberto Cortez, Los Chalchaleros, Jorge Cafrune, Horacio Guarany, Jairo, Alfredo Zitarrosa, Víctor Jara, José Larralde, Ángel Parra, Divididos, Andrés Calamaro, Marie Laforêt, Mikel Laboa, Juan Carlos Baglietto y Enrique Bunbury, entre otros.

Hace 30 años que el escenario de Cosquín lleva su nombre. Y recibió reconocimientos como: la medalla de Oro del Congreso Nacional (1954);  Premio a la mejor música de película en el Festival de Karlovy Vary (1956); Premio del Festival de Cosquín (1967); Premio de la Academia Charles Cross al mejor disco extranjero (1950, 1968 y 1969); Martín Fierro (1972); Ciudadano Ilustre de Vera Cruz (Méjico) y Trovador de América (1973); condecorado con la Orden de Francisco de Miranda por el gobierno de Venezuela (1978), Diploma de Honor del Consejo Interamericano de Música de la OEA (1983); Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (1991).

También fue premiado y reconocido por distintos municipios y provincias argentinas y en países como Colombia, Perú, Italia, Alemania, y República Dominicana.

Atahualpa es, sin dudas, un artista imprescindible para entender la Argentina, su historia, sus tradiciones y costumbres. Por lo tanto, una parte de la cultura y el patrimonio nacional..

Él, con su guitarra y su pluma ha dejado un legado inmensurable que apunta ante todo a la igualdad, a la justicia, al compromiso con la patria y con quienes lo rodean.

 

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