Ciudad, Información General

Más extranjerización

Aquí, algunos fragmentos de la exposición en la que desarrolló tres ejes fundamentales en la

concepción que tiene la Fetera sobre la energía: un bien social, un derecho humano y un problema

de todos.

LA ENERGÍA COMO BIEN SOCIAL

En un país como el nuestro y en un mundo como el actual, donde dominan las políticas liberales y neoliberales, la globalización y su hija directa la privatización generan ejemplos de lo que no debería hacerse, y se hizo.

Se han cambiado conceptos y entonces nos han ido convenciendo de que la energía es un commodity, una mercancía, un paquete de yerba y que es igual a cualquier otra mercancía que se consigue en una góndola y se compra. Pero en realidad la energía no es una mercancía ni un commodity, la energía es un bien social que pertenece al Pueblo Argentino.

Porque está en el subsuelo, la energía no se produce tirando semilla como la soja, el trigo o el maíz. La energía forma parte de la riqueza de nuestra tierra, de nuestro patrimonio; además la energía significa soberanía.

En el mundo actual, con el desarrollo geopolítico que tiene y con las implicancias que genera el saber que recursos como el petróleo y el gas son finitos, ha adquirido cada vez más un valor substancial poseerlos.

Hay quienes se dieron cuenta de esto, hace mucho tiempo atrás, y han venido desarrollando una política que inclusive los ha llevado a generar cruentas guerras, a someter países, a hacer caer procesos políticos, con tal de quedarse con ese recurso vital y estratégico que es la energía.

LA ENERGÍA ES UN DERECHO HUMANO

La segunda cuestión es que para nosotros es un derecho humano. Que una familia pueda acceder al agua, a la electricidad y al gas es tener la oportunidad de comenzar a vivir con una cuota de dignidad.

En pleno siglo XXI, hay dos mil millones de personas en el mundo que no tienen acceso a la energía; que cocinan y se calientan con la leña porque no pueden acceder a otros recursos energéticos. Estoy hablando de países, regiones, que tienen energía abundante pero como no la manejan soberanamente y ha sido apropiada por otros, padecen esta situación, el ejemplo más claro, más cabal, más concreto, en este mundo es África.

SE SUBESTIMA EL VALOR DE LA DISCUSIÓN SOBRE ECONOMÍA Y ENERGÍA

Entonces, vean ustedes que tener claros estos conceptos significa saber y conocer precisamente de algo sobre lo que el enemigo ha generado para nosotros una cultura de subestimación y de no darle importancia, porque el enemigo es muy hábil e inteligente para quedarse con lo que necesita y obviamente trata que nosotros no entendamos o subestimemos la importancia de lo que estamos hablando.

Un ministro dijo que daba lo mismo que la Argentina fabricara caramelos o acero, con la intención de valorar el proceso de desindustrialización del gobierno militar de 1976. Actualmente “Arcor” es la empresa más importante del mundo de venta de caramelos, pero a pesar de esa paradoja,

no se han logrado resolver los problemas relacionados con el desarrollo industrial. Conclusión: no es lo mismo fabricar caramelos que acero. También alguien dijo “¿Para qué queremos el petróleo enterrado?”, que lo mejor era sacarlo y venderlo. Bueno, ¿por qué los yanquis no lo sacan de Alaska y del Polo Norte al petróleo?, ¿por qué van a buscar el petróleo y la energía en los lugares que no son de ellos y se lo roban? Tiene que ver con una necesidad vital para mantener al mismo tiempo el modelo de determinada conformación económica social y fundamentalmente con el consumismo y con sostener un parámetro de vida que está basado en la apropiación de recursos vitales como son los energéticos.

Una cuestión que está muy instalada en nosotros es que cuando uno habla de estas cosas, del tema de la energía, es como que se pone un cierto límite y se piensa que la energía no es como la educación. Cualquiera de nosotros se ve convocado a luchar por la educación pública porque hacen falta tizas, porque necesitamos mejores escuelas y cualquiera de nosotros se motiva para hacer algo: juntar firmas o salir a la calle. Lo mismo nos pasa con la salud, cualquiera de nosotros se motiva por el hospital público, porque falta algodón, porque tenemos que hacer algo para que haya más presupuesto y salimos a la calle juntamos firmas y así de seguido con otras cosas, pero no lo hacemos por la energía. ¿Por qué no lo hacemos por la energía? Si se trata de nuestro patrimonio, se trata de nuestra riqueza y se trata de un valor estratégico que hace a la soberanía nacional.

Hay una razón, cuando se habla de energía, lo primero que se piensa, que es un problema de los que saben o de los que supuestamente saben, es un problema de los trabajadores del sector, es un problema de los técnicos, es un problema de los ingenieros, de los científicos, pero no es un problema nuestro. Pareciera que está lejos y no es así: la energía es un problema de todos y de cada uno de nosotros y en tanto y en cuanto nosotros no nos ocupemos va a seguir sucediendo lo que sucede en este país que por año se van veinte mil, veintidós mil, hablan de treinta mil millones de dólares, precisamente, de una riqueza que en la medida que la vamos perdiendo no la podemos recuperar porque no se puede sembrar.

En nuestra opinión, esta es una batalla cultural que vamos perdiendo porque no logramos instalar la importancia y la vitalidad que tendría si nosotros manejáramos nuestros recursos si estuvieran en nuestras manos y lo cierto y lo concreto es que acá hay cuatro o cinco grupos multinacionales que son los que manejan desde la exploración que no hacen hasta el valor del combustible final.

DEBEMOS RECUPERAR EL PATRIMONIO ENERGÉTICO

Entonces nuestra línea de actuación y nuestro planteo está en función de que los argentinos debemos una materia, esa materia tiene que ver con recuperar el patrimonio nacional a manos del pueblo argentino, porque mientras este patrimonio de recursos energéticos, naturales, el agua, etcétera, esté en manos extranjeras, nosotros no tenemos posibilidades de manejar el valor estratégico, con lo cual se hipoteca el presente y el futuro para las venideras generaciones, de esta manera nosotros no tenemos autonomía e independencia real y concreta.

El ejemplo más notorio, con todas las opiniones que podamos tener, es lo que ha acontecido en Libia, Afganistán o Irak, donde las acciones militares y políticas que se desarrollan tienen como último objetivo apropiarse de los recursos energéticos que son fundamentales, estratégicos y cada vez más escasos.

No es entonces una cuestión de carácter menor, muchas veces nosotros nos proponemos

iniciativas transformadoras, de cambio, alentamos proyectos de transformación para tener una vida mejor, que nos involucre a todos para terminar con la pobreza, con la desigualdad, obteniendo una distribución más equitativa. Eso requiere de recursos, de dinero y si nosotros no nos apropiamos de esos recursos y los manejamos, difícilmente nos podamos apropiar de esos dineros, que son nuestros y que generan esos recursos. Hoy la energía en nuestro país, está en manos, en un 95% de los grupos multinacionales, eso sucede desde la década del 90 a la fecha.

Entonces es un bien social, es un derecho humano y es un problema de todos, si no logramos entender esto difícilmente podamos salir de esta situación.

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