Ciudad, Información General

Malvinas: Hacia el pacto nuclear del Cono Sur

Brasil y Chile nuestros socios para defender la región.

Al leer en los medios lo que está ocurriendo, pareciera lo mismo que en 1982: una asalto británico aún más evidente que en aquel entonces, la ONU con sus declaraciones, la prensa británica agrediendo con violencia no sólo a la Argentina sino a toda América Latina, la declaración de EE.UU. de “neutralidad”, algunos países de la región tomando posiciones declamativas…

Me surgió por consiguiente como un imperativo que, al menos para honrar a nuestros soldados que quedaron en las islas irredentas: reaccionar con dignidad y no cometer los mismos errores. Para ello recordar:

Gran Bretaña es una potencia que persiste en un sus propósitos colonialistas. En 1982 procuraron salvar el prestigio de un gobierno (que se iba a pique) reestableciendo la administración británica en las Islas. En el 2011 vienen a buscar el botín, como lo hicieron en 1808 cuando saquearon Bs. As. y se llevaron el tesoro de Sobremonte a Londres. Hoy el botín es mucho mayor: las riquezas naturales a las que no tienen derecho, porque las islas aunque las administren no pueden esgrimir soberanía sobre ellas: esto es así porque el acto primigenio de 1833 fue una usurpación ilegítima llevada a cabo mediante el uso de la fuerza y nada puede cambiar un hecho histórico comprobado. Lo que se haga a partir de allí en materia de explotación, será igualmente ilegítimo porque nada puede cambiar la usurpación original ni ésta puede ser fuente de legitimidad.

La ONU y su Consejo de Seguridad: un club de caza mayor donde todo se resuelve “democráticamente”. Hay cinco socios clase “A” (EE.UU., Rusia, Gran Bretaña, Francia y China), son miembros permanentes (no rotan) del Consejo de Seguridad, con derecho a voto… y a veto, cosa que no pueden hacer los restantes países. Significa el veto de uno de los cinco anula una Resolución apoyada por todos los más de dos centenares de países del resto del mundo. Los primeros pueden cazar sin permiso con la sola aquiescencia de los otros cuatro. Los socios clase “B” no pueden cazar, ni con autorización, ni sin  ella. Es un absurdo que nos llega desde la 2ª Guerra Mundial, y los vencedores necesitaban ciertas garantías para reconstruir lo que habían destruido, pero… estamos en el Siglo XXI y la guerra terminó hace más de medio siglo. En 1982, la República Argentina protestó por nota ante el organismo el 1 de Abril de ese año al Secretario General denunciando que estaba siendo “agredida” por Gran Bretaña por las amenazas de enviar la flota y el despacho del buque Endurance a expulsar a obreros argentinos de las Islas Georgias (cumplían un contrato comercial legítimo firmado por empresas británicas). Recordemos  que el agresor es quien primero amenaza con hacer uso de la fuerza, o hace uso de la fuerza. La reacción del Reino Unido fue un llamado urgente al Consejo de Seguridad por una inminente “invasión” de fuerzas argentinas a las Islas Malvinas. ¿Qué hizo el Secretario General? Se olvidó de la nota de nuestro canciller y cumplió la solicitud británica, que al denunciar aparentaba ser la parte agredida. Se sancionó la Resolución 502, que favoreció a Gran Bretaña porque sólo obligaba al retiro de las fuerzas argentinas en las Islas. Para lograr esto Gran Bretaña necesitaba 10 votos afirmativos de los 15 del Consejo y ningún veto, donde Argentina esperaba obtener el apoyo de los países no alineados, y con el mundo en plena Guerra Fría tal vez el veto de la URSS o China. Pero el Consejo de Seguridad se halla estructurado para imponer sanciones al resto  de los países, salvo que uno del grupo de los “cinco” interponga el veto a su favor. De esta forma se condicionan las aspiraciones e intereses en juego de la inmensa mayoría,  por más puros que sus derechos puedan ser. Y la Argentina se hallaba –y se halla- en ese grupo de socios clase “B” o “naciones de soberanía limitada”. La votación terminó con diez votos a favor de Gran Bretaña, uno favor de Argentina (Panamá), y ningún veto. Fue uno de los peores desastres diplomáticos del país. La ONU puso en manos de Gran Bretaña la llave de la guerra. Hubo otro proyecto de resolución el 3 de junio, que obligaba a las partes al alto el fuego inmediato y a negociar. No pudo ser sancionado pese a ser apoyado por una gran mayoría porque el Reino Unido (pesa a ser parte interesada) no fue privado de ser juez y parte, e interpuso el  veto. Como si esto fuera poco, EE.UU. el “neutral”, también lo vetó.

El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Esto foro de los países del continente también tiene una finalidad equívoca: todo está organizado para defender los intereses de un país: EE.UU. Se reunió para considerar la gravedad de las crisis que afectaba a uno de sus miembros (Argentina), atacado por una potencia extracontinental (para eso existe el TIAR). Encendidos discursos de los países latinos,  maravillosa declamación, 17 votos a favor, ninguno en contra (hasta EE.UU. se abstuvo) y una ovación para el Canciller Costa Méndez. Resultados prácticos: ninguno. Luego no hay que sorprenderse cuando los británicos se burlan de este foro.

La actitud de EE.UU.: a veces uno se siente tentado a pensar si es un beneficio o lo contrario tener a la mayor superpotencia en el barrio. ¿Respuesta?:  depende. Si los intereses propios coinciden con los de Washington, perfecto. De lo contrario, olvídate de la opinión de los otros 20 miembros, o de creer en la “neutralidad” estadounidense. El Secretario de Estado Haig se ofreció como componedor mediador en el conflicto. Se pasó desde el 2 de abril (día que Argentina recuperó las Islas), hasta el 1 de Mayo de 1982 (día que Gran  Bretaña bombardeó las posiciones argentinas) haciendo viajes entre Londres y Buenos Aires. Al finalizar su gestión dio la impresión que viajaba primero a la capital británica a pedir instrucciones, y luego a la Argentina para tratar de que las aceptáramos. El día anterior al ataque declaró que había fracasado y que la culpa era  nuestra.

La actitud Argentina. Prefiero no explayarme, pues está vertida en todos los periódicos donde destacados columnistas pueden informar mejor que quien escribe la situación de hoy: nueva crisis, viejos actores, una acción británica inadmisible, una declaración de Washington de “neutralidad”, otra de Londres ridiculizando a los países de la región, y como si esto fuera poco, un general ingles (no el Secretario de Defensa o el Canciller: un general) que comete el desatino de amenazar a la Argentina (si, a un país soberano, no a un club de fútbol): “el general De la Billiére advirtió que si la Argentina apela a la fuerza militar, sufrirá ´las pérdidas más insoportables´”…  como si fuera soportable permitir lo que están haciendo. Esperemos que la ONU, Washington y el Foreign Office hayan tomado nota que esto es una amenaza, sin mencionar las noticias del envío de submarinos nucleares, al igual que en 1982. Pero cuando se observa a nuestra diplomacia (poco adiestrada para estas lides) apelando a “la negociación”, hablando de “mediación” con el Secretario general de la ONU, de declaraciones de apoyo latinoamericano, etc., no puedo contener una exclamación: “¡¿Otra vez lo mismo ¡?”

Pero retornemos al principio. Hablar del pasado histórico para quien conoce o ha vivido lo ocurrido, o criticar el presente sin proponer soluciones, resulta muy fácil y puede defraudar al lector. La gran pregunta que podríamos formularnos es “¿y que haría Crux, el proyecto político integral, en este caso?”  O mejor dicho ¿qué es lo que aconseja la ciencia política? Brevemente:

Lo primero sería no volver a cometer los mismos errores. Nada positivo se logrará de la ONU, el TIAR, o  Washington mediando porque la posición de total debilidad e indefensión en que se encuentra el país. Recordemos la frase de Churchill, parafraseada por Margareth Thatcher: “El derecho sin poder que lo respalde, es como una sinfónica sin instrumentos”.  Y la Argentina no tiene ni partitura.

Lo segundo debiera ser buscar posibles aliados, construir una estrategia que aproveche nuestras fortalezas mientras simultáneamente se buscan las vulnerabilidades del enemigo.  Nuestros aliados para empezar son los dos países vecinos más poderosos de la región que se han comprometido a dar su apoyo: Chile por su fortaleza militar y la coherencia de sus gobernantes, y Brasil por su vocación de potencia regional, sin ignorar al Cono Sur y el resto del subcontinente.

Luego veamos las debilidades de Gran Bretaña y su principal aliado, EE.UU.  Londres por lo pronto no cuenta con legitimidad, a partir de las agresiones cometidas en 1833 y 1982 para detentar las islas por la fuerza. Sí, fue el agresor en 1982 según la ley internacional por haber sido el primero en hacer uso de la fuerza y en amenazar en tal sentido. Gracias al general De la Billiére británico tenemos otro caso similar, sin olvidar la prepotencia de sus voceros y la jactancia e insolencia de sus medios. Y la crisis económica de Europa no está como para andar guerreando allende los mares con corsarios o plataformas petrolíferas piratas que “contaminan” la paz de la región. En cuanto a Washington, su actual presidente no parece tan decidido como Reagan a apoyar incondicionalmente las fechorías de su socio: la Guerra Fría se acabó, la crisis económica no terminó, y la proliferación a armas nucleares es su máxima preocupación. (imaginen un extremista islámico haciendo estallar un artefacto nuclear en Nueva York).

Brasil se torna en nuestro principal aliado natural. Quiere ser potencia mundial y modificar las reglas de admisión al “club de caza mayor”, excelente compañero para iniciar las transformaciones necesarias en la ONU, el TIAR, etc. Pero para aspirar a tal membrecía le falta llenar un cuadrito que ya le habían señalado los rusos: capacidad nuclear, y me refiero a armas nucleares, no propiamente a tenerlas ni a pensar en utilizarlas, sino a estar en capacidad de fabricarlas, es un instrumento que modula muy bien, “por si las moscas, ¿vió?”  (el poder putativo es muy tenido en cuenta por los estrategas).

Brasil tiene una hipótesis de conflicto propia del siglo XXI: la fábrica del oxígeno planetaria que es la Amazonia, que ya aparece en los textos escolares del Primer Mundo como “patrimonio de la humanidad”, no de los brasileños, y que abarca zonas de Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia. Luego, ¿de dónde puede sacar Brasil esa capacidad? Porque a su tecnología e instalaciones le falta mucho para eso, y… ¡sorpresa! Si, Argentina la tiene, es una de los pocos países del mundo que domina todos los pasos de la tecnología nuclear… Y ya tenemos las bases para una alianza estratégica. Los restantes vecinos tendrán más razones para aplicar que para  quedar afuera.

Y tendremos en Washington el principal colaborador para decirle a los británicos  “boys, están contaminando el ambiente, y para entuertos, ya tenemos bastantes…”

Rubén Oscar Moro
Comodoro ( RE)
Heróe de Malvinas
Docente Universitario
Autor de varios libros sobre la Guerra en el Atlántico Sur
Autor de la Iniciativa Crux

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