Ciudad

Los pañuelos blancos no se manchan

Esto último que expresó Maradona tiene  efecto asociativo,  con un emblema que práctica y mayoritariamente, se había convertido en un  paradigma de la sociedad argentina:”Los pañuelos blancos”.

Nuestra ciudad aportó hijos nativos y casos paradigmáticos a sus mártires, para darle razón a los pañuelos blancos.

Tan significativos fueron los pañuelos blancos para nuestra ciudad, que ellos mismos eligieron el playón de la Catedral de Mar del Plata como primer espacio, para dar lugar a la vuelta de los jueves fuera de la Plaza de Mayo. Aún tengo presente ese momento en pleno proceso militar, donde creamos o no eran muy pocos los que acompañaron esa tarde a los pañuelo blancos en su simbólica vuelta, donde sí muchos los observaban, pero a cierta distancia para evitar compromiso.

Así transcurrió el tiempo y apareció un dirigente político que inteligentemente descubrió el valor marketinero de los pañuelos blancos. A tal punto la cosa fue así, que ese político cuando se transformó en Presidente de la República,  hizo de los pañuelos blancos su emblema casi personal, a pesar de no haberlas querido recibir nunca en su provincia, donde fue gobernador durante varios años, al extremo que ni siquiera nunca recibió a los pañuelos blancos, de su mismísima provincia mientras fue Intendente y Gobernador. Quizás nos llame la atención esto último, pero en estos días estamos viendo que la ambición por el acceso al poder está asociado a la amoralidad, la cual es una condición peor que la inmoralidad, porque nos guste o no el inmoral sabe que lo moral existe, en cambio el amoral desconoce su existencia, como principio básico del ser en una sociedad que merezca ser vivida.

Ya hace tiempo llamaba la atención que una parte de los pañuelos blancos, emblema de los derechos humanos argentinos, que trascendiera mundialmente, tomaran posición política partidaria, cuando este tipo de organizaciones en todas las partes del mundo son absolutamente independientes, para no ser tentadas por la inmoralidad o la amoralidad, que merodea en el campo de la política. Observemos que la mujer de Mandela, cayó en la trampa de la tentación del poder y su marido que tenía claro su derrotero le hizo pagar su error.

Hoy tenemos pañuelos blancos manchados, pero gracias a Dios pareciera que pueden llegar a ser muy pocos. Es importante recordar que la Presidente de una agrupación de los pañuelos blancos, en época del Presidente Alfonsín se oponía al juicio a la junta militar, porque argumentaba que a los militares no lo podía juzgar la justicia burguesa. Esto nos explica muy bien por qué ese pañuelo blanco cargado de ideologismo, se arrimó a la invitación de compartir el poder propuesto, desde una amoralidad fáctica y quizás también nos explica porque entregó el manejo operativo, de una causa originariamente noble y valiente  a un parricida.

Quizás el ideologismo, mezclado con el profundo dolor de una pérdida humana tan querida, produzca un proceso metabólico que haga perder a la moral como valor, a los principios propios los transforme como únicos y al cumplimiento de las normas lo considere  un acto absurdo de una sociedad equivocada.

Es preocupante ver que el responsable del manejo  de los Medios de Comunicación y sus consecuencias,  haya sido uno de los que más festejaba y acompañaba los exabruptos de la metabolización de ese pañuelo blanco manchado, a tal punto que asociando con la historia, nos hace pensar acerca del posible nacimiento implícito o explícito, de un ministerio de la propaganda al mejor estilo  goebbeliano.

Pero en fin, lo cierto es que los pañuelos blancos no se  deben manchar y por suerte ya gran parte de sus usuarias y protagonistas del  nacimiento de los mismos,  están en este mismo reclamo. También debemos tener piedad por aquellas que los mancharon, por la conjunción  del coctel explosivo del ideologismo mezclado con la amoralidad, que acarrea el descreimiento fundado en el dolor profundo sin sustento de fe.

 A quienes no debemos perdonar, es a todos aquellos que nunca les importaron los pañuelos y se apoderaron de ellos, los usaron no exactamente para secar lágrimas de dolor, sino para tapar procedimientos negros que sólo pueden ser tapados por un blanco puro.

 Esperemos que la mancha de algunos pañuelos sea el principio y el fin de una historia que no debe repetirse.            

Fuente: mdphoy.com

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