Carta de Lectores

La tristeza ñao tem fim

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Confieso que, desde purrete, me alegraba cuando las selecciones de fútbol de Brasil o Uruguay, perdían. Ni que decir cuando caían ante la Argentina: era la gran fiesta, la felicidad total y lo celebraba cantando, repitiendo –sin saberlo- consignas xenófobas.

Sentía más aversión que la que pueden experimentar los riverplatenses por los bosteros o los hinchas de Estudiantes por los de Gimnasia.

Pero el fútbol, televisión mediante, ha cambiado. Lejos de ser, como opinan algunos estúpidos, “el moderno opio de los pueblos” es la forma de exteriorizar, amor, alegría, felicidad o tristeza que une a pobres de las villas y a multimillonarios  de Puerto Madero.

Y  Brasil, había disimulado que se postergaran sus muchas necesidades, los múltiples reclamos de los más humildes, para invertir en modernos estadios. Lo de Dilma Rousseff era la apuesta de una estadista en serio, no de pacotilla: iba a bancar  reclamos convencida que la promoción excepcional que provoca el Campeonato del Mundo atraería inversiones, ayudaría al desarrollo y que, con la extra de una buena actuación de sus futbolistas, cambiaría el humor popular. Porque hay una diferencia entre los pobres de las favelas y sus colegas de infortunio, los habitantes de nuestras villas: Allá es mucho más llevadero ser menesteroso, por el clima. El calor, las arenas calientes de las playas, exigen menos proteínas para subsistir; aquí los fríos inviernos, la carencia de calefacción,  motiva otras exigencias. Mientras allá, están las 24 horas con malla y en ojotas, aquí es indispensable la camiseta, las medias, el sobretodo. Y un buen plato de sopa.

Pero, ambos pueblos, están unidos por la misma ilusión: gritar los goles a favor…

Nunca pensé que la deseada derrota por goleada de los brasileños me impactaría tanto. Sentí ganas de llorar cuando a los 30 minutos del primer tiempo los alemanes ya habían convertido 5 golazos. No voy a decir que experimenté el mismo dolor que si ese baile increíble lo hubiera sufrido nuestra selección con Messi a la cabeza, pero mezcle deportes, política, economía y concluí comprendiendo que son las mismas necesidades y alarmándome porque la bronca de los hermanos brasileños también puede ser contagiosa. Hay que ver que pasa cuando el Mundial sea un mal recuerdo.

Creo, aunque esto es totalmente discutible, que este mal trance del fútbol latinoamericano será gran golpe para algunos populismos.  Dilma que apostó a sembrar con vistas al futuro y, de paso, mejorar en las encuestas pre electorales, debe estar desesperada de sólo pensar que otra vez, los desprotegidos, bajarán de las favelas reclamando pan, a falta de goles a favor…

Eso es el futbol: más que deporte,  sentimiento. Y esto es más viejo que la humanidad misma: las admiradas Roma o Grecia, ¿no tenían sus héroes? : Luchaban y exponían sus vidas, por la Patria, como si fueran a la guerra. Sólo hay que observar cómo se posesionan.

Es estúpido reírse de millones de brasileños que lloraban. Yo, al menos, los acompaño en el dolor o, quizás, me esté cubriendo por aquel viejo refrán: cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar…

Ojalá que esté equivocado y que la Selección Argentina de fútbol se convierta en la vengadora de Brasil, Uruguay, Colombia…

Qué así sea…

K.K

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