Destacado, Política

La postal de la corrupción en el puerto marplatense

Si sólo en un lugar se pretenden hallar las evidencias de la corrupción, hay que posar la lupa en la administración del Consorcio Portuario de Mar del Plata. Es nuestra Yacyretá vernácula. Ahora “las diferencias políticas que tienen del modelo” han distanciado a Daniel Scioli y Gustavo Pulti, pero siguen unidos por el mismo hilo conductor la inoperancia, la impericia y el despilfarro de los dineros públicos. ¿Cuánto costó la dársena de la terminal de Cruceros? Es la más cara del mundo, si la medimos en función de arribos. “Este puerto es el que está llamado a sacar las mayores exportaciones de la zona más rica del país”, esta frase de ocasión cuántas veces la escuchamos. El puerto está congelado, inaccesible, es una caja política de funcionarios acomodados, que viven de los impuestos. La pesca, su principal sustento, es una actividad que sólo suma para la desocupación de dos dígitos, que convierte a Mar del Plata en la Capital Nacional de la Desocupación. Es realmente es indignante, cómo fluye dinero de los contribuyentes. No aciertan ni en un pliego de licitación pública que cobran $ 50.000.- a los eventuales oferentes, una verdadera vergüenza, que hoy personaliza Machinandiarena, aunque dicen que sólo en carácter de interinato, es preferible dejar el cargo acéfalo, en una historia donde se mezclan cargos políticos como Tettamanti y Dell Olio, por ejemplo, y que ahora está bajo los dominios de Manino Iriart, como delegado de Scioli, quien anda dando lástima pidiendo plata para los docentes, que todavía no han iniciado el ciclo lectivo de 2013.

 

La problemática del funcionamiento del puerto y la rimbombante Terminal de Cruceros es abordado a través de la Revista Puerto, por el periodista Roberto Garrone, en una nota que titula “El sueño que no fue”, realizada con motivo del cumplimiento del tercer aniversario de la llegada del último crucero, que tocó nuestro costa, sólo durante cinco horas.

La reproducción textual es la siguiente:

“El crucero Minerva, construido en Rusia, decorado en Italia, con bandera de Bahamas, de 135 metros de eslora, con 300 turistas alemanes a bordo, de regreso de la Antártida, los canales fueguinos y la inabarcable naturaleza patagónica, arribó al puerto de Mar del Plata el 5 de marzo de 2010, apenas unos minutos después de las 7 y abandonó la estación marítima pasadas las 12.

Esa es toda la historia que liga a Mar del Plata con la opulenta industria de cruceros de lujo y por la que se han derrochado recursos y discursos públicos para sostener un relato que la realidad se ha encargado de estrellar contra su cruda pared.

A tres años de aquella jornada “histórica”, según la calificación del gobernador de la provincia, Daniel Scioli, y el intendente Municipal, Gustavo Pulti, quienes participaron del acto de reconocimiento a las autoridades y tripulantes del crucero, al promediar la mañana, el puerto de Mar del Plata tiene una terminal de cruceros terminada pero sin inaugurar, por la que se invirtieron 13 millones de pesos, solo en el edificio, y un canal de acceso a la estación marítima que hoy no podría recibir ni al Minerva.

En realidad el crucero no tenía incorporado al puerto local como destino turístico sino como escala para aprovisionamiento de combustible y víveres. A Scioli y Pulti poco les importó. Tomaron su arribo como un hecho que marcaría un antes y un después en el futuro de la ciudad. Repasemos sus discursos.

Daniel Scioli destacó que la llegada del crucero a Mar del Plata constituye “un sueño cumplido” tras las obras de infraestructura y dragado que se realizaron en el puerto de la ciudad.

La obra de dragado a la que alude el Gobernador se había encarado con la Draga Acróbata, de Dragamais Argentina, adjudicada por el entonces presidente del Consorcio Mario Dell’ Olio. Esa draga tenía su casco deformado y perdía gran parte de los sedimentos que succionaba. Se fue del puerto entre las sombras, dejando un tendal de acreedores. La draga Mendoza hacía casi un año que había llegado y seguía en etapa de pruebas luego de haber fundido uno de sus motores.

Sigamos con el discurso. El Gobernador puso de relieve “el mercado estratégico” que se abría en Mar del Plata, en el marco de los trabajos en la nueva Terminal de cruceros (en ese momento todavía en proyecto). El mandatario resaltó además el “impacto positivo” que se generaba a partir de la llegada de esta clase de navíos al puerto local.

Scioli hizo especial hincapié en que este tipo de perfil turístico “puede generar múltiples beneficios para la ciudad”, ya que “son cientos de turistas que bajan, que consumen, luego también la región puede tener los beneficios de la llegada de cada crucero”.

Los pocos alemanes que desafiaron el sueño y el mal tiempo reinante en la ciudad bajaron por la empalizada y participaron de un city tour por el microcentro. Muchos otros se quedaron contemplando el paisaje desde la cubierta superior. El cielo gris y chispeante los corrió enseguida para sus camarotes.

El Intendente Municipal se enfocó en la inversión realizada por los visitantes. “Compraron más de 300 kilos de frutas y verduras producidas en la ciudad para abastecer la embarcación”, resaltó y luego sí, se animó a soñar. “La escollera Norte tiene que ser y está empezando a ser la nueva industria turística de Mar del Plata. Ya tenemos comprometidos cruceros para diciembre, enero, febrero, marzo”, señaló el intendente.

Desde aquel 5 de marzo de 2010 las noticias referidas al arribo de cruceros no coincidieron con el desarrollo de la Escollera Norte. Tuvieron que ver con maniobras oficiales encaradas desde el Consorcio Portuario para disimular el papelón consumado con el Aida Cara, el crucero alemán que tenía giro de arribo en el verano del 2012 -y servicios contratados en tierra- y abandonó el puerto ante el riesgo de quedar encallado.

Pese a que el movimiento económico que generan es escaso y los fracasos en torno a ellos ya forman una colección, las luces de los cruceros tienen un brillo especial para seguir encandilando funcionarios y alimentando relatos paralelos a la realidad.

Rodolfo “Manino” Iriart, el hombre de Scioli en Mar del Plata y presidente de la Comisión de Intereses Marítimos de la Cámara de Diputados, en la previa de la temporada se animó a predecir la llegada de un crucero durante el verano. Todavía creía posible que la obra del dragado se hiciera en tiempo récord como para liberar el canal secundario y vender humo.

Sería mejor que el legislador se preocupara en encontrar los motivos de la nueva demora en la realización de la obra de dragado, ahora prevista –el llamado de licitación– para lo que queda del mes de marzo. No parecen creíbles los argumentos brindados por el Subsecretario de Puertos y Vías Navegables, al diario El Atlántico la semana pasada.

Horacio Tettamanti dijo que las empresas de dragado que se presentaron pero no formularon ofertas en la licitación, les hicieron notar “la robustez inusual del banco de arena”. Para esto ampliarán el plazo de obra y como las empresas deben traer dragas de mayor porte para enfrentar el crudo clima del invierno marplatense, parece que no alcanzan los 90 millones de pesos del presupuesto oficial.

¿Hace falta que actores privados, que no tienen ni una agencia oficial en Mar del Plata le digan a la autoridad de aplicación nacional en materia de puertos, el grado de consolidación de los sedimentos del banco?

Cuesta creer que Tettamanti y José Pérez de la Sierra, el delegado de la Subsecretaría en Quequén, no supieran de las características del banco, luego de más de una década de acumulación sistemática de arena por la deriva de litoral.

Ni que hayan incluido en el pliego ninguna evaluación del volumen total a dragar, que no figurara el canal interior, del cual no se incluyó la profundidad a dragar –solo se hace referencia en forma general como si este tuviese una profundidad uniforme–, y que el escaso plazo establecido no tuviera una evaluación técnica razonable. Muchos errores y olvidos para gente acostumbrada a redactar pliegos.

La realidad marca que nos tapó el agua hace mucho y ahogó varios sueños, no solo el de los cruceros. También el de ver un puerto de Mar del Plata pujante, desarrollado y que capte inversiones capaces de generar e incrementar puestos de trabajo calificados. En esas aguas de la mediocridad que todo lo invade, solo flota la draga Mendoza y todo lo que su inoperancia significa”.

Un comentario

  1. tREMENDA NOTA!!! EXCLENTE LASTIMA QUE LOS MARPALTENSES HACEMOS COMO LA AVESTRUZ Y NADA NOS IMPORTA MIENTRAS NO NOS TOQUE A NOSOTROS.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*