Opinión

La ley del pueblo

El no abandono de las convicciones en las puertas de ningún lugar y la lucha sostenida en el tiempo sin usar la variable acomodaticia de la coyuntura, trae evidentemente como consecuencia, la victoria.

La lucha se torna comunitaria y toma ribetes épicos cuando trasciende lo meramente personal, y en esa mancomunión, y en esa épica, se enrolan las almas nobles, que sin enredarse en tecnicismos burocráticos, intuyen, saben, perciben con sabiduría popular, que el camino emprendido, por más obstáculos encontrados y puestos en el mismo, es el justo.

Es como un humor social que meramente intuye, que olfatea un destino de grandeza pisoteando ombliguismos  que demoran el recorrido como una mochila pesada, abrumadora, pletórica de egos, que no ven más allá de las propias conveniencias.

La vida es lucha, y en el fragor de ella es donde la vida toma el sentido correspondiente.

Esta ley, nuestra ley, la ley del pueblo, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (Ley 26522) ha sido comentada y enriquecida por los catedráticos más renombrados de nuestra Patria y por el más humilde ciudadano que sólo labora, pasa y sueña.

No hay en la historia democrática de nuestra Patria ninguna ley que haya tenido este festivo y tortuoso trayecto. Justamente no lo ha habido porque ninguna ley., como esta ley, nuestra ley, la ley del pueblo, se metió nunca tan de lleno en los intereses concentrados del poder mediático y del poder económico, que se enuncian separados, pero ya sabemos que son uno mismo.

Nuestra ley, la ley del pueblo, ahora con su plena constitucionalidad, después del fallo de la Corte, camino a su plena aplicación, es bandera de lucha y es ejemplo a nivel mundial, por la calidad de su contenido.

La solidez argumentativa que se expresa en la ley en su conjunto es algo que ni los denostadores, ni los tergiversadores, ni los meramente mentirosos, ni las chicanas judiciales, pudieron ni tan siquiera hacerla tambalear argumentativamente sobre la necesidad de multiplicar las voces, para que todos y todas, puedan ejercer el derecho inalienable de la expresión humana.

Ahora, ya con este tramo finalizado, las cosas serán más claras para nuestro pueblo. Más instrumentos habrá para que cada ciudadano pueda librar su subjetividad captada durante tantos años por la concentración comunicacional y el mensaje único. Las víctimas de este sistema oprobioso impuesto a fuerza y sangre en su momento, y con negociados y prebendas luego, tendrán ahora una pequeña lima para lentamente cortar los barrotes que aprisionan su alma encarcelada,  y así encontrar, muy de a poco, la libertad de expresión que un día les fue arrebatada.

Escrito por: Juan Manuel Rapacioli

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