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La familia, la fe y el trabajo, ejes de una multitudinaria jornada

Con el lema “El trabajo y la fiesta, familia educadora en la fe”, se realizó ayer en las instalaciones del Colegio Fasta, la Jornada Diocesana de la Familia organizada por el Secretariado de Pastoral Familiar. Más de 400 personas estuvieron participando, no sólo de Mar del Plata sino también de Miramar, Necochea, Lobería, Balcarce, Mar Chiquita, Villa Gesell, Pinamar y General Madariaga. Los expositores elegidos fueron los reconocidos Paola y Héctor Delbosco y el Padre Mamerto Menapace, que a través de sus conferencias brindaron sus conocimientos, las experiencias y ejemplos cotidianos que fueron muy bien recibidos por el auditorio.

La Jornada comenzó a las 8.30 de la mañana y se extendió hasta las 20 con la misa que presidió el Obispo de Mar del Plata, Monseñor Antonio Marino en la Capilla del Colegio FASTA. Durante el encuentro no sólo se desarrollaron las conferencias, también hubo tiempos de preguntas, trabajos en grupo, y espacios para visitar stands.

“La vida de la familia si está impregnada de la fe, transmite la luz y la propone. En Argentina todavía existe la familia y muchos apostamos por ella, no estamos en una fase de destrucción total. Hay nuevas realidades legales que apuntan contra la familia; debe producir algo tan bueno que atrae estrategias para poder desestabilizarla. A pesar de los golpes es fundamental seguir apostando a la familia” expresó Paola Delbosco, quien es, como su esposo, doctora en filosofía. “La fe en familia, genera momentos de celebración. Tenemos que celebrar la familia, recordando que si bien la vida nos desgasta, bien vivida es un excelente entrenamiento para ser sal de la tierra. Dios necesita de buenas familias porque sino el mundo no se hace” manifestó Héctor Delbosco.

Por la tarde, expuso el Padre Mamerto Menapace, sacerdote benedictino, muy popular por sus cuentos sencillos con enseñanzas profundas, “el matrimonio es su camino de santidad, como para mí tratar de ser buen cura es mi camino de santidad. La pareja, con el sacramento del matrimonio, como camino de santidad, es una fuente de gracia. Aunque a veces haya momentos duros y a veces desaparezcan los momentos de fascinación, el compromiso está hecho con el otro. Los que han vivido bien su pareja, sufren muchísimo cuando el otro muere,  pero terminan por vivirlo en paz” expresó el sacerdote.

Para finalizar la Jornada Diocesana de la familia, Monseñor Marino presidió la misa y en su homilía expresó “la Eucaristía es escuela de humanidad, alimento del amor, exhortación a la fidelidad, cátedra de convivencia y de virtudes familiares y sociales. Si la Eucaristía evangeliza a la familia, ésta a su vez se vuelve evangelizadora. Esto acontece ante todo en el seno del propio hogar. De allí el acierto del lema de esta Jornada diocesana y de nuestro bienio pastoral: La familia educadora en la fe”.

“Verdad y amor. La familia educadora en la fe, es también educadora en el amor, porque según afirma el apóstol San Pablo, lo que cuenta es ´la fe que obra por medio del amor´. Cuando en nuestras familias enseñamos a rezar a los niños, cuando damos ejemplos cotidianos de paciencia y gratuidad en el amor, cuando enseñamos con nuestro ejemplo a perdonar y a abrirnos al bien de los demás, cuando aprendemos a dialogar, estamos poniendo los cimientos de una nueva cultura” enfatizó el Obispo, y añadió “por eso, no debemos desalentarnos ante el espectáculo, por cierto triste, de nuestro tiempo que se cierra a la ley de Dios. Si es verdad que la cultura ambiente influye sobre nuestros jóvenes, también es verdad que la gracia puede abrirse paso en las peores circunstancias y que muchos de nuestros jóvenes están hambrientos de grandes ideales”.

Por último el Obispo de Mar del Plata señaló, “no esperemos de las leyes el cambio de la sociedad, cambiemos nosotros, y con el tiempo cambiará también la sociedad. Es importante que como ciudadanos expresemos por medios pacíficos nuestro desacuerdo, pero el tiempo se nos debe ir ante todo en la formación de las mentes y en el testimonio de la vida. Esto no excluye el exigir aquellos derechos que son anteriores a toda ley de hombres, porque antes está la obediencia a la ley de Dios: derecho a la objeción de conciencia y a no ser discriminados en la vida pública por manifestar nuestras convicciones; derecho a ejercer la patria potestad sobre nuestros hijos”.

 

 

 

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