Política

La CGT, el P.J. y los Wachiturros de la democracia

¿Qué es eso de hacerse los rulos, con el pelo negro y duro, siendo además sindicalista peronista?

Moyano no desconocía con anterioridad al 14 de agosto (día de las elecciones), todo lo que denunció en el estadio del club del cual es hincha Juan José Zanola. Sin embargo, hizo un acto para pedir expresamente, que la clase trabajadora apoyara a este modelo nacional y popular que lidera Cristina. Es una flagrante conducta, que hiere a la democracia, daña la credibilidad y la gobernabilidad.

Hoy cuando la resaca de la asunción del 10 de diciembre no se ha disipado, Moyano salió con los tapones de punta. A pasar facturas que se son impagables. ¿Qué banderas levantó Moyano? La señora para no caer en un lenguaje impropio “se lo comió”, aunque un camionero lo diría de otra forma.

“Mínimo” (cómo irónicamente lo llama Moyano en privado a Máximo Kirchner) le bajó el pulgar. Y la mamá se lo llevó puesto, en la primera de cambio, al “líder de los trabajadores”. Justamente cuando juraba como sucesora de si misma, con una acumulación de poder público, como no se recuerda en la historia.

¿Pero qué hizo Moyano? Rindió cuenta de las deudas que contrajo en nombre de la organización de los trabajadores. ¿Es tan inocente y cándido Moyano? CFK le copó la parada, con Néstor en vida en el Monumental. “Yo también soy trabajadora” lo interrumpió en River. Contra sus pedidos súper pobló con La Cámpora, las listas de legisladores. Lo tiene cómo un péndulo en las causas judiciales que amenazan al camionero.

“Cómo será compañeros, que hasta el cielo se puso a llorar” dijo Moyano cuando esa lluvias meonas (así denominadas científicamente por las características de su formación) empapaban a sus seguidores, que optaban por abandonar la cancha de Parque Patricios, donde se celebraba su día, con una clara intencionalidad política partidaria.

Y si, el cielo había puesto a llorar. Moyano, lavaba sus culpas, había terminado de darse cuenta que sus cargos partidarios, los ejercía en una cáscara vacía, como el mismo definió al P.J. nacional y provincial.

El Hugo se paró en tres ejes para blanquearse. Un trípode; político, obras sociales y sindicales, fueron sus patas. Su renunciamiento habla de otro espacio, donde parece que ya ha encontrado seguidores, entre los heridos, Venegas y Luis Barrionuevo, y siguen las firmas de lo que pronto comenzará a identificarse, como la traición a los trabajadores. Pronto aparecerán los grafittis en los muros de todo el país. Como las tortugas que soltaban en la Plaza de Mayo cuando Humberto Illia era presidente.

Volviendo un poco hacia atrás, a partir de 1983, este mismo jueguito, estuvo a cargo de Saúl Ubaldini, con sus 14 paros nacionales a Rául Ricardo Alfonsín. Argentina era un país aislado internacionalmente, venía de la dictadura militar más sangrienta entre hermanos argentinos, de lo cual no eran ajenos muchos (demasiados) responsables del gobierno de hoy.

El gobierno que recuperó la democracia, no tenía reservas en el Banco Central, no tenían valor en el mundo sus productos primarios, el país estaba endeudado y saliendo de una pesadilla, a través de un sueño normal, respirar la democracia, vivir en el gobierno elegido por el pueblo. Todo fue muy difícil. El P.J. nunca hubiera llevado a juicio a los militares asesinos y represores, como lo decían en la campaña en 1983. Esta es la política de frío y calor, que según sus espasmos aplica el P.J. y sufre todo el pueblo argentino. Como ahora lo hace con los derechos humanos  y ocultando la inflación.

No yendo tan hacia atrás, el último 10 de diciembre, Carlos Menem fue el más aplaudido en el Congreso Nacional cuando juró como senador nacional. El riojano había reclamado en 1989 asumir anticipadamente, diciendo que estaba preparado para gobernar, mientras Domingo Felipe Cavallo pedía en el exterior a los organismos internacionales negarle créditos a nuestro país. ¿Dónde estaba el sindicalismo, en ese entonces? Preparando el terreno, que dejarían entre otros, a Ubaldini en una banca de diputado nacional, luego de hacer su trabajo de esmeril como secretario General de la CGT, proviniendo de un gremio casi inexistente como el de los cerveceros.

Pero había quienes se definían como recontra alcahuetes de Menem, eran sindicalistas como Luis Barrionuevo que en ese momento adherían al modelo, que entregó a todas las empresas públicas deficitarias a los capitales privados. Así la CGT y el P.J. otro caso de la  aplicación de frío o calor, según les convenga a sus autoridades.

El último jueves un Hugo Moyano despechado dejó sus cargos en el P.J. Pero dejó, no precisamente en el aire, que Cristina Fernández de Kirchner planea dejar en default las obras sociales, no pagándole nunca alrededor de $ 15.000.000.000.- lo cual es dejar a los gremios sin su caja. Ahora los K, dispondrán también de esa recaudación para fomentar más clientelismo político, la base de sustento de su poder: el dinero. ¿Ahora fueron Moyano y sus muchachos, fieles custodios de las obras sociales? Y son cultores del sindicalismo empresario, que han recibido una mala noticia y no parecen asimilarla.

Este contexto es de una gravedad absoluta, para la vida institucional del país. Es muy difícil medir las consecuencias. Pero vale la pena poder ir sacando algunas conclusiones, o más que conclusiones, hacerse algunas preguntas.

¿Por qué Moyano reclama distribución de la riqueza? ¿Por qué pide más justicia social? ¿Por qué denuncia abandono de atención en obras sociales? ¿Por qué pide actualización de asignaciones familiares, hasta en sumas tan ridículas como de $ 60? ¿Por qué pide subir el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias? ¿Por qué lo hace cuando Argentina recibe miles de millones de dólares cómo nunca en su historia?

Es un paquete pesado, pero hay más contrasentidos.

Moyano, y esto es lo condenable, lo hace a menos de una semana de la asunción de CFK. En su discurso en el Congreso Nacional la primera mandataria discurseó sobre otras realidades de crecimiento, creación de puestos de trabajo, calidad del empleo, salarios dignos a nivel internacional, lucha sin igual contra la pobreza y políticas públicas sin precedentes.

Es evidente que hay algo que no cierra, y ya no estamos en una mera discusión política, sino en un contrapunto entre partes que son de la misma franja, compañeros de ruta a ultranza. ¿Qué pasó? Obviamente, al margen de los negocios que han compartido.

¿Cuáles son los tiempos de Moyano? El del fin de una etapa, la de un modelo agotado. Todavía vuelan las facturas en el Tomás A. Ducó. El camionero habló de desconocidos en las listas, y pidió reconocer sus “patoruzadas” contra los campesinos en Entre Ríos o haber llevado carne vacuna de Azul a Supermercados Coto, con sus choferes. Una gilada monumental, en épocas donde se dice que funciona la institucionalidad. Y también le puso el ojímetro al triunfo electoral,  y arriesgó “más del 50 % del 54 % fueron votos de los trabajadores”.

Muy posiblemente Moyano se ha dado cuenta, que la fiesta terminó y ha decidido tomárselas antes de que el último apague la luz.

Moyano ya cayó en la trampa que le ha sido tendida astutamente, por “Mínimo” y su madre. Ya no tiene cargos partidarios, no le quedará la plata de las obras sociales y sus decisiones en el campo de la lucha gremial,  son calificadas como chantajes y extorsiones. ¿Cómo hará para volver?  El sindicalismo (o mejor dicho muchos de sus jerarcas justicialistas) merecen el rechazo más fuerte de una gran mayoría de la sociedad argentina.

La CGT y el P.J. se han comido una generación de argentinos, siempre ha sido el pueblo trabajador, el que pagó sus internas políticas, en un marco en el que no se ha respetado la democracia (y mucho menos la sindical), porque le cortaban la lengua a quien opinara distinto, y no se alineaba en el movimiento nacional y popular. Moyano habló mucho de Perón (como Lilita habló, de Lincoln, Mandela y el Mahatma Ghandi; Alfonsín citó a Lula, a Clinton y a Felipe González).

Se han equivocado feo, en este país los que funcionan son los Wachiturros, pero vale la pena persistir en el error, por causas justas y nobles. Pero son tan Wachi y tan turros que hay veces que dan ganas de bajar lo brazos. La CGT y el P.J. son tan para cual, se seguirán necesitando, y es bueno tenerlo en cuenta, por lo menos para saber que existe otro 50 %, por lo menos, que no quiere saber nada de ellos

Jorge Elías Gómez

[email protected]

2 Comentarios

  1. a veces me sorprende horrores la línea de este diario, hay notas en que parece Clarín y hay otras en que parece El Argentino; por último, peronismo y democracia son palabras extrañas e incoherentes entre sí, mucho más lo son sindicalismo y democracia; díganme cómo se llaman las elecciones en los distritos en los cuales se enfrentan dos o tres candidatos peronistas de diferentes líneas, si no son elecciones internas disfrazadas de generales donde todo está ya cocinado y los giles creen que eligen

  2. Así es .Hace 10 años del que se vayan todos.Los únicos que se fueron son los radicales -Los muchcj¡hachos bien gracias,todos en pie ,todos en la fila,a veces menemistas a veces K pero siempre en el poder ,son los grandes responsables de esta decadencia pero las culpas las cargan otros y las sufre el pueblo.A los Argentinos nos gustan las mentiras,podemos cambiar de relato(mentira) pero que no nos toquen al mentiroso( Menem,Nestor,Cristina;Dualde,Moyano,Ubaldini,cafiero,Scioli,De la sota,Felipe,Lole,Palito ,RUCUCU!!! y siguen las firmas).-

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