Ciudad, Policiales

La Alameda salió al cruce otra vez

La fundación La Alameda, que trabaja en la lucha contra la trata de personas y recientemente denunció al abogado del dueño de “La Posada”, presentó un petitorio ante la Justicia, para que se indague al letrado Roberto Montecchia.

En principio plantearon que en la nota brindada a El Atlántico, el abogado deja entrever que “el mismo tenía conocimiento de que el ‘café La Posada’ y el ‘Hotel Paraíso’ conforman un complejo que funciona como prostíbulo”.

Además, denunciaron que el hombre sabría de las condiciones de las mujeres que trabajan en ese lugar y que cobraba por su servicio semanalmente, dentro del café.

Por último, en el comunicado dicen: “El Dr. Montecchia pretende en el referido reportaje colocarse en la figura del protector de las mujeres que ejerce la prostitución justificando la explotación de la que son objeto por el proxeneta”.

El abogado Montecchia se desempeña como defensor del imputado Juan Carlos Mottillo, dueño de los referidos locales, en la causa iniciada por La Alameda.

La presentación surgió debido a la entrevista brindada para El Atlántico, el 25 de abril pasado, la cual transcribimos a continuación:

El abogado de La Posada se defiende: “No es un palacio de la maldad”

Niega que haya trata de personas en el prostíbulo de su defendido. Además se mostró molesto con el escrache del que fue víctima: “Ni Idi Amin en Uganda hacía este tipo de cosas”

Roberto Montecchia, cuenta, es abogado de confianza de Juan Carlos Mottillo -dueño de La Posada y el hotel lindante- desde hace diez años. Asegura que las chicas gozan de plena libertad: que tienen novio, que salen a bailar, que juegan al fútbol y hasta van a la playa. Sin embargo, reconoce que existe en cada caso una situación de vulnerabilidad, “como en toda la clase obrera”, indica.

Las chicas que estaban en La Posada -clausurada dos meses atrás- son llegadas desde Paraguay. Montecchia reconoció que el prostíbulo funcionó en el hotel lindante “El Paraíso”, donde se solían hacer “los pases” con los “clientes”.

El letrado, que fue escrachado el pasado jueves, fue acusado de “inducir” las declaraciones de las chicas. Él asegura que no es así. “Yo les digo que digan la verdad, que vienen por su voluntad. Pero eso no es organizarles el discurso”, sostiene en diálogo con El Atlántico. Además, cuestionó el escrache: “Ni Idi Amin en Uganda hacía este tipo de cosas”.

– ¿Mottillo está procesado?

– Mottillo está procesado, pero no por trata de blancas. Está procesado por lo que se llama delito contra el orden migratorio: concretamente en el caso de él es haber facilitado la permanencia ilegal de extranjeros en el territorio de la República. Yo he recurrido ese auto porque este tipo penal tiene muy mala redacción técnica y se superpone con la conducta que la misma ley 25871 reserva a los que dan alojamiento o trabajo a los extranjeros. Hemos interpuesto un recurso de apelación y estamos esperando la decisión de la Cámara.

– Hubo una última cámara oculta de Alameda que mostraba una chica que relató cierta falta de libertad para moverse porque eran siempre trasladadas por un mismo taxi, desde La Posada a la casa donde vivía con el resto de las chicas paraguayas; cuenta que dejó un bebé de meses en su país…

– Sí, hubo una cámara. Lo del taxi es una cosa lógica: si tienen que trasladarse tantas mujeres, tienen un taxi fijo que las traslada, les hace precio, como en otro momento tenían un transporte escolar. Viven todas alojadas, pero no hacinadas. Cada una tiene su cama, tienen televisor, todas tienen llave de casa, tienen sus documentos, dinero en el bolsillo, van a jugar al fútbol, van a la playa. Están en una situación de libertad evidente para quienes quieran ver.

– Cuando se hizo el allanamiento, ella no estaba.

– No, no estaba. Porque yo lo hablé con el dueño y le digo: esta chica no tiene sesos, porque cómo no se da cuenta que la intención de este tipo no es ocuparse sexualmente, sino sacarle a ver si dice algo en contra del negocio. No le da la cabeza. No obstante, ha vuelto a llamar a La Posada, al dueño, como hacen casi todas las mujeres que piden trabajo porque saben que son bien tratadas, saben que gozan de libertad. Le dije que la hiciera venir y que en caso la presento en el juzgado, en la fiscalía, en una escribanía.

– ¿Ella decide irse o hay un enojo por parte de Mottillo?

– Un poco parte de las dos cosas. Yo creo que hay un enojo por parte de La Posada por prestarse a una cámara oculta que es evidente, que la persona no está interesada en usar los servicios sexuales, sino le quiere hacer decir que es menor de edad.

– Hay una acusación sobre usted, respecto a inducir las declaraciones de las chicas, de acuerdo a lo que saldría de las escuchas telefónicas.

– Las escuchas telefónicas, como dice el diario, no es que yo lo llamé varias veces. Son producidas entre abogado y cliente, y están protegidas de cualquier filtración o pinchadura telefónica. Sin embargo, lo único que me limito a decir es que una de las chicas, la única declaración que presencié sólo por 20 minutos, lo único que digo es que será muy viva para sacarle la plata a los giles, pero para declarar empieza diciendo, cuando le preguntan la actividad, es servicio doméstico en Paraguay y acá también, cuando tendría que haber dicho frontalmente que ejercía la prostitución. Después lo corrigió ella y dijo que le daba vergüenza manifestarlo.

– ¿Usted toma contacto con ellas en la Fiscalía?

– En la fiscalía. Yo las veo a las chicas todos los viernes porque es el día que me pagan semanalmente y bien poco por cierto. Es en la esquina de mi casa, así que voy caminando, me tomo una copa, me pagan la cantidad -bastante mezquina por cierto- que me dan, y después me vuelvo a mi casa. De ahí las chicas me conocen, saben que tienen en mí… Las chicas también están temerosas de prestar declaración, tienen que entender que el lugar es de teóricas víctimas, que no les va a generar ninguna expulsión, yo las tranquilizo en ese sentido.

– ¿Usted sabe cómo llegan las chicas desde Paraguay a La Posada?

– Hace diez años que trabaja este establecimiento. Inicialmente empezaron a venir, había chicas mezcladas, de Argentina, de Brasil, muchas paraguayas. Las chicas trabajan, vuelven al cabo de un tiempo a Paraguay, se conocen, son de un barrio, de otro. Se ha corrido la voz de que acá son bien tratadas. Mottillo a veces tiene que rechazar la cantidad de pedidos porque tiene 15 o 20 chicas a veces y la capacidad del local no da para tener 20 chicas más, lo que le quitaría el trabajo a las chicas que están antes. Se van reponiendo. Porque goza de la fama que merece: no es un palacio de la maldad, las chicas saben que acá… casi todas tienen novio, salen, van a bailar, van a la playa, a jugar al fútbol.

– Usted ha defendido militantes en los 70 y hasta tuvo que irse al exilio. ¿Ve algún punto de similitud entre aquellos militantes y las víctimas de las redes de trata, muchas desaparecidas en democracia?

– Me parece que le tiene que caer con todo el rigor la ley. No son solamente mujeres, está Julio López también entre otros. Sí las hay, es sabido por todos el caso de esta chiquita Marita (Verón). Existe la trata, no voy a ser tan ingenuo. Solamente digo que no existe en La Posada.

– Las víctimas de trata sufren hoy lo mismo que los militantes de los 70, no tener quién las defienda…

– Esto es un tema de pobreza. Y las pobres chicas no tienen otra fuerza más de capital o de valor, que su fuerza de trabajo como la tienen los obreros, en eso consiste la plusvalía. Que ellas elijan ejercer una actividad inmoral, irritante, aberrante, y lo comparan con lo que puedan sacar trabajando de empleadas domésticas, es la misma situación que un obrero que está limpiando vidrios en el piso 20 de un rascacielos, que pone en riesgo su vida, pero que saca un salario mayor que el albañil que trabaja en la llanura. No digo yo que esté bien, yo coincido que es inmoral, pero no tiene derecho ni la Alameda ni nadie a imponer un orden moral de excelencia al resto del tejido social. Hoy por hoy, en la Argentina, la actividad de la prostitución es lícita, salvo que medie, como en el caso de la trata, engaño, violencia, amenaza.

– También uno de los indicios de la trata es el aprovechamiento de la situación de vulnerabilidad que estás chicas padecen.

– Te acabo de explicar que la vulnerabilidad la padece toda la clase obrera. No es que particularmente la padezcan ellas. Toda la clase obrera se ve sometida a la explotación de la plusvalía. Si en Paraguay desarrollan una actividad y cobran menos que acá, yo no voy a reivindicar ni hacer apología de la prostitución, simplemente digo que siendo una actividad inmoral, no es un delito. Si las chicas en vez de estar prostituyéndose allá, lo hacen acá y pueden mandar plata a su familia, no creo que… la situación de vulnerabilidad, vuelvo a insistir, afecta a cada uno de los integrantes de la clase obrera, y estas chicas no escapan a esa regla.

– ¿Cree que debería reglamentarse la prostitución?

– Estoy seguro que tendría que reglamentarse, tiene que tener un control el Estado, tiene que cuidar ahí la profilaxis activamente.

Nota de El Atlantico hecha

Por Belén Cano
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