Deportes, Fútbol

Jugar para ganar es una cosa, e ir al bingo es otra

La propuesta de juego es tan emblemática como la misma banda roja. Definiciones como “Paladar negro”, “jogo bonito”, “futbol espectáculo”, “La Máquina”, son un sello de identificación riverplatense. Suenan fuera de contexto, las desubicadas declaraciones del entrenador del pirata cordobés, tras un indiscutible triunfo de River. ¿Qué esperaba un River regalado? y acertar el bingo, ya tuvo demasiada suerte, seguí comprando cartones o que te canten un pleno en la ruleta. Por otra parte, tampoco nos tocó volver de un 0 – 2 quinielero, con el cervecero. Fue el primer paso.

En River siempre se juega para ganar, no se cuelga del travesaño, sus jugadores tienen todos, hasta el arquero, características ofensivas o se los prepara con esa mentalidad. Hay un evidente y profundo cambio de clima interior y exterior en el mundo millonario. Se siente que se ha dejado atrás una etapa de mucha presión, cuyo traslado al campo de juego, dio lugar a malas pasadas, rozadas por el infortunio, muchas veces convencidos de que las cosas no iban a salir bien, y lamentablemente así sucedían. Hoy River todavía, tiene cuatro jugadores lesionados del torneo anterior, en proceso de recuperación que volverán en el próximo semestre. Es una ventaja muy difícil de conceder y afrontar.

En ese contexto de inocultable tensión, se terminó enredando todo, en un ánimo de contagio generalizado. Es necesario volver atrás y rescatar que Matías Jesús Almeyda dirigió el campeonato más difícil que jugó River en toda su historia. El bueno de Matías, con el descenso y el duelo a cuestas, guardó su camiseta, dejó de ser jugador, para asumir la máxima responsabilidad de devolver a River a su categoría, como el más grande del fútbol argentino. Almeyda es la reserva moral de los principios de la institución, que a nadie le quepan dudas.

Hoy con un toque nuevo, con las transformaciones que siempre provocan las decisiones revulsivas, nos toca vivir una sensación de alivio, de alegría, de reencuentro, que también ha apagado las voces de la discordia, para vivir y disfrutar de todo lo que envuelve esta pasión que despierta el sentimiento riverplatense. No es fruto de la casualidad que el rumbo haya girado, pero también es necesario admitir, que como siempre a River todo le costará el doble.

La expulsión de Ponzio, fue una inesperada complicación, como un gol fuera de contexto, de otro partido. Parece que los auxiliares de los árbitros están siempre atentos, vigilantes a la hora de perjudicar al millonario. Tuvieron que buscar con una lupa para saber qué hizo Ponzio, pero nada se dijo del golpe (nadie lo vio) que previamente sufrió el capitán. Lo concreto River se quedó con diez jugadores durante 40 minutos, tuvo ingenio, capacidad y convicción para volver con tres puntos. En este tipo de partidos, se empiezan a ganar campeonatos, y es absolutamente imprescindible hacer muchos puntos en las primeras diez fechas.

Hoy estamos en estado de jubilosa ebullición. Tandil, Mar del Plata, Mendoza y Córdoba fueron escenarios de manifestaciones de un público prendado, que sigue reconociendo en Ramón Díaz, el hombre destinado a conducir futbolísticamente a nuestra gloriosa institución en esta etapa. Se ha llenado el casillero de la unción, muy vacío cuando otras aspiraciones y ambiciones políticas, personales y económicas desestabilizan, toman el dominio y desvían el foco de las atenciones. A muchos no les conviene y les disgusta, que exista un River normalmente ganador.

Hay que disfrutar, no buscar ni exhibir fisuras, la unión en todos los ámbitos es vital para alcanzar los objetivos de máxima. La casa está en orden, por lo menos en la superficie. La energía positiva que se transmite desata un estado anímico proclive al optimismo, el clima ideal para trabajar.

 

Jorge Elías Gómez

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