Opinión

Impulsar el desarrollo con la participación ciudadana

Por Antonio Torrejón

En nuestra cultura se instaló la costumbre de mandar, que es incompatible con lo esencial de conducir, que requiere profesionalidad para liderar genuinamente. Dentro de esta nueva concepción, en un mundo competitivo que necesita soluciones eficaces en tiempo y forma, ya que hoy la democracia sirve si la acompañamos con participación, es decir, si se la acompaña en administraciones claves a través de los más representativos y capaces de la comunidad, encabezando estos grupos el nivel político, ya que para conducir el bien común elegimos al mayor nivel de autoridades.

Si los gobernantes aptos ayudan a crear variables participativas, creo que la democracia encontrará niveles profesionales que no puede pagar con cargos de la línea política. En la participación ciudadana argentina nos habituamos a que nos convoquen generalmente para integrar instancias asesoras, no vinculantes. Felipe González (estadista español contemporáneo) nos recuerda que la velocidad que imprime a nuestras vidas la revolución de las comunicaciones, nos obliga a crear herramientas que provean soluciones, en tiempo y forma. En lo que respecta al turismo, el estadista español subrayaba que al no tener posibilidades este sector terciario de almacenar productos, servicios, requiere como ninguna otra herramientas que lleven a transparentes soluciones, reivindicando por ello la vuelta a los patronatos de fomento turístico, actualizados, donde el Estado conduce lo político, pero con las entidades intermedias que viven de este moderno factor de desarrollo, lo institucionalizan con la mejor de las representatividad. Esta figura la actual Ley de Turismo de la Argentina, la impulsa como institutos mixtos de promoción turística.

Durante mucho tiempo impulsamos también en la Argentina comisiones asesoras, sin el compromiso vinculante, lo que terminó vaciando la instancia participativa. Ante la inoperancia y la inanición, producto no sólo de presupuestos en regresión, sino en gran parte por la poca capacidad gerencial de cierta clase política.

En el mundo cambiante y globalizado que vivimos, se requiere enriquecer las administraciones democráticas, dando mayor cabida al llamado tercer sector (asociaciones sectoriales, hoteleras, agentes, guías, entes mixtos de promoción turística municipal, etcétera) que en la democracia participativa y eficiente, es en realidad el primero, porque allí se resuelven los problemas de la gente, propósito fundamental de la verdadera política.

En la asamblea del Ente Patagonia Turística de 1985 en Comodoro Rivadavia, se decidió por unanimidad hacer la apertura al sector privado del turismo regional. Esta decisión quedo demorada ante un equilibrio del ¿cómo?

Hoy con las experiencias participativas.

De Bariloche, Ushuaia, Puerto Madryn, El Calafate, Trelew, Esquel, Smandes, ha llegado el momento de institucionalizar a estos destinos, que han demostrado una evolución y un moderno compromiso, que nos indica el “cómo…”.

Los gobernantes necesitan encontrar y convocar el máximo de materia gris, para poder ayudar en sus territorios a las personas que luchan por la subsistencia. Esto se agrava en contextos donde existen altos índices de desocupación que excluye a amplios sectores de participar activamente en la economía del consumo. De esto dan cuenta asociaciones de consumidores y usuarios que recogen reclamos que se incrementan día a día. Estas instituciones formales e informales, están llamadas a tomar un protagonismo cada vez más importante.

A la participación en la política y en lo socioeconómico hay que agregarle la influencia de cada persona con su cultura. Tal vez haya poca conciencia de este poder que reposa en cada ciudadano, pero los ratings no son un buen ejemplo para demostrarlo. Cada individuo tiene poder en una democracia entendida como modo de vida y no como una mera forma de gobierno o de encolumnamiento corporativo. Hoy nadie puede ser espectador pasivo de los hechos que le suceden, por lo menos en su sector. El mundo no se arregla en un café, ni se construye un nuevo país con diagnósticos que conocen hasta los más desmemoriados. Los problemas no se resuelven con los brazos cruzados o desparramando críticas que enferman el alma, sino con participación constructiva y responsable. Bien lo dijo Ortega y Gasset hace ya bastante tiempo: “argentinos… a las cosas”, a través de modelos posibles y que respondan a nuestra cultura y necesidad.

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