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Implosión de la Manzana 115: un antes y un después de una Mar del Plata que se quedó sin ideas

Explos1

Hoy los ingenieros celebran su día. Pero quien tiene motivos para festejar por partida doble, es el ingeniero José María Conte. Pasó a la historia grande de los marplatenses, cuando elucubró la obra más monumental de su vida como profesional. No sólo un ingeniero se especializa para construir grandes rutas, puentes y edificios, sino también para hacer caer con mecanismos propios de relojería, construcciones de grandes portes, como la manzana 115. Fue el 16 de junio de 1999.

Hace muy poco, el último 15 de mayo, el mítico estadio de El Cilindro de Montevideo, fue también objeto de su derrumbe total mediante el mecanismo de implosión, es el ejemplo más reciente de un acontecimiento singular, que no registraba antecedentes en la ciudad. La manzana 115 con toda su historia, era como el “patito feo” de un proyecto de paseo continuado, que precisamente obstruía los planes, para dotar a Mar del Plata, de un paseo luego de convirtió, en el favorito de los millones de turistas que nos visitan.

Cuando el entonces intendente Blas Aurelio Primo Aprile, tomó conocimiento sobre la posibilidad de emprender el desafío, confió en el ingeniero tandilense de 45 años (en ese entonces), José María Conte, que marcaría un antes y un después para Mar del Plata, tras la voladura por implosión de la emblemática manzana, ubicada frente al Casino Central, por las calles Moreno, Belgrano, Buenos Aires y Boulevard Marítimo Patricio Peralta Ramos.

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Ingeniero José María Conte

Y efectivamente así se trazó un hito en Mar del Plata, y la gestión Aprile abrochó una gran decisión política,  el ingeniero Conte se convirtió en el excluyente protagonista y en el padre de la criatura. Obviamente, que semejante emprendimiento mereció máximas garantías de seguridad, ya que los riesgos que se corrían también eran inmensos, no faltaban los pronósticos desalentadores y esperaban el nacimiento de una nueva veta para la industria del juicio, si algo salía mal.

La coordinación con fuerzas de seguridad, especialmente los expertos en la materia del Ejército Argentino, la movilidad sanitaria, empresas de servicios públicos, proveedoras de luz, gas y teléfonos, cuerpo de inspección de tránsito, las mediciones de las oscilaciones de las manzanas circundantes, escasos decibeles de ruidos, edificios que debieron evacuarse por horas, formaron parte de aquel dantesco espectáculo, que resultó reducir a una montaña de escombros, hoteles, edificios, restaurantes, etc. Caía una parte de la historia de Mar del Plata, pero nacía otra más moderna y atractiva.

Todo salió milimétricamente de acuerdo a lo programado, y allí residió fundamentalmente el éxito de la operación, que tuvo también otra arista, convencer a los escépticos, que no aconsejaban y desalentaban la impresionante voladura. Aquel característico “no hacen ni dejan de hacer.”

Sólo algún ruido de un vidrio flojo, una casi imperceptible vibración y nada más, dieron lugar a una salva de aplausos con la cual se coronó el éxito total de la implosión sobre cuyos terrenos, hoy se disfruta la Plaza del Milenio con su fuente de aguas danzantes, cita obligada para el disfrute de una ciudad que necesita de estos emprendimientos, a razón de una vez por año, mientras que ahora no se ponen de acuerdo para comunicar qué días hay que sacar una bolsita verde, hacen una peatonal oscura, o anuncios de prensa abriendo un paso a nivel ferroviario, en fin.

Jorge Elías Gómez

[email protected]

Foto: El Retrato de Hoy

2 Comentarios

  1. Si fuera en la actualidad Pulti privatizaría desde la implosion que solo transmitiria canal 2 en esclusividad y el espacio libre se lo otorgaría por 40 años a $1000 por mes al Gallego Aldrey Iglesias para que construya un bingo y una torre de Diez pisos

  2. NO tengas dudas!!! Gracias Javier.

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