Ciudad, Información General

Entre la desesperación y el ridículo…

 

Quienes son lectores habituales de nuestra página, entre los que se cuentan las autoridades del gobierno, de quienes sabemos que diariamente echan una ojeada y toman nota de lo que aparece en APROPOBA, no podrán negar de nuestras advertencias en cuanto a la creciente inseguridad; de las denuncias públicas que hemos hecho de situaciones que tienen que ver con las condiciones laborales de los policías, como con los elementos logísticos y equipamiento imprescindible para la difícil misión de hacer cumplir la Ley, en fin, de nuestras prédicas que durante los últimos doce años hemos propalado desde nuestra Asociación Profesional con la leal y sana intención de hacer aportes para la solución.

En el transcurso del actual gobierno provincial hemos advertido algunas acciones para llevar a la práctica cambios o modificaciones propuestas por APROPOBA, lamentablemente siempre incompletas o mal instrumentadas como ya es conocido por todos. Los gobernantes constantemente dieron la sensación de que era más importante y prioritario sostener la ideología de unos poco encumbrados que optimizar la seguridad pública, a pesar que el costo de ese sostenimiento fuera condenar a la muerte, por abandono, a miles de ciudadanos, civiles y uniformados. Aún con la sociedad desesperada en las calles, clamando por políticas de seguridad; aún con las familias llorando por las vidas perdidas o implorando por miedo a perderla, nuestros gobernantes prefirieron priorizar la ideología de los Bonafini y Schoklender que se quedaron con los sueños compartidos de la gente, y de los Verbitsky, que asesinaron a miles de argentinos y hoy se presentan como custodios de los derechos humanos de unos pocos…

Desgraciadamente, con gran pesar y bronca, debemos decir que nunca hicieron nada serio para cambiar la cruda realidad. Estuvieron todo el tiempo como obsesionados y encarnizados en lo que pareció ser el único objetivo: maltratar a los policías, negarles derechos, acotarles atribuciones, retirarles el armamento para su defensa, hambrearlos con sueldos miserables, desatender sus necesidades humanas, hasta hacer añicos sus vocaciones. Esa legión de mujeres y hombres, humildes todos, que eran poseedores de una vocación increíble, casi inexplicable, para desempeñar con osadía y entusiasmo tan difícil como riesgosa tarea social, parte de ellos se están convirtiendo obligadamente en un ejército de burócratas ministeriales a los que solo les preocupa acumular días en sus legajos para una segura jubilación o retiro. “Hacer la plancha” y “mirar para otro lado” parece ser la consigna general que trasuntan las leyes y disposiciones que viene emitiendo el poder, desde los tiempos de otro de los responsables de esta tragedia, el ex gobernador Felipe Solá.

¿Qué otra cosa sino puede pensar un policía, al que el propio gobierno le retira parte del armamento, no le provee balas, no recibe suficiente entrenamiento en tiro, lo desprotege jurídicamente, no recibe atención adecuada si es herido, no le pagan en tales casos lo que le corresponde, en sus adicionales gana menos que una empleada doméstica, y su sueldo es la mitad que un camarada de la Policía Metropolitana, no tiene descanso, y si se equivoca va preso, o al cementerio..?

Otra parte de los uniformados, a pesar de todo, aún siguen con un esfuerzo sobrehumano, en inferioridad de condiciones, tratando de cumplir lo mejor posible, aunque nadie, ni del poder, ni de la prensa ni de la sociedad les reconoce su labor. Un tercer sector de los uniformados, en cantidad que ronda un tercio del total de la fuerza, se encuentra desafectado con licencia médica psiquiátrica, dato que el gobierno se empeña en ocultar. No es casualidad tampoco el éxodo de buenos policías de la provincia hacia la Policía Metropolitana, donde son mejor remunerados y fundamentalmente mejor tratados.

Tuvo que llegar el día 11 de agosto, fecha en que el pueblo harto de mentiras y promesas incumplidas se puso de pie, ejerció su soberanía de manera impiadosa y perentoria. Los poderosos que durante muchos años desoyeron el clamor de la gente, los arrogantes que siempre subestimaron los reclamos y advertencias de los profesionales de la seguridad, los que se consideraban infalibles, entraron en pánico al conocerse el resultado de las urnas. En estampida, como ganado asustado, salieron a la calle a reconocer públicamente las falencias de la gestión, tanto tiempo negadas, entre ellas obviamente la inseguridad. Los invadió la desesperación ante la posibilidad cierta de perder el poder, poniéndolos en evidencia que para ellos esta amenaza es mucho más grave, más importante, que la seguridad y la vida del resto de la ciudadanía.

Además de inescrupulosos demuestran ser ridículos, dan vergüenza…!

Después de haber desguazado y vaciado a la fuerza policial del primer estado argentino abandonado a la población al albedrío de una delincuencia criminal agrandada y cada vez más violenta por la sobreprotección del propio Estado, cuando están a punto de ahogarse sepultados por los votos, como últimos manotazos pretenden inundar las calles con personal de Gendarmería y Prefectura, en un operativo mentiroso, efectista y transitorio, tan breve como el tiempo que resta hasta las elecciones legislativas. Nos quieren hacer creer que esta es la solución. Juntaron a miles de gendarmes traídos hasta desde los lugares más remotos del país y serán reemplazados por tropas del Ejército. Desarraigados de sus pueblos y familias, los hacinarán en albergues transitorios, mal dormidos y mal alimentados, gastarán 268 millones de pesos en un parche que aguantará pocos meses. Un esfuerzo humano estéril y un gasto inútil, a menos que semejante movilización tenga otros fines no confesados.

Otros, dispuestos a seguir metiendo la mano en el presupuesto sin miramientos, reflotan el sueño de no pocos intendentes de tener una policía propia, servil a su partido político y manejada obviamente por sus punteros, como ya se ha podido advertir en algunas policías comunales del interior bonaerense, donde el personal subalterno prefiere llevarse bien con los funcionarios municipales, con quienes pueden intercambiar algún que otro favor, antes que con sus superiores responsables del servicio.

Se resisten a reconocer las causas de la inseguridad ya endémica en nuestra provincia. No es que no lo sepan. Deliberadamente elaboran diagnósticos falsos y han gastado enormes sumas de dinero público en campañas, con operaciones de prensa incluidas, para desarmar moralmente a la fuerza policial y convencer a la población de sus mentiras. Desde nuestra Asociación Profesional ya lo hemos denunciado hasta el hartazgo y por lo tanto no lo vamos a repetir ahora.

Un solo dato de la realidad vamos a reiterar: La caída de los niveles de seguridad en nuestra provincia se inició a partir del año 1998, coincidente con las mal llamadas “reformas” de la Policía y las reformas del procedimiento penal. Ello significó un quiebre del que la provincia nunca se pudo recuperar. .

Lo paradójico y grotesco es que ahora, nuestros gobernantes, para que les saquen las papas del fuego recurren a fuerzas que conservan sus disciplinadas, eficientes y tradicionales estructuras militarizadas, como lo era nuestra Policía antes de ser desguazada, precisamente con el pretexto de que era una institución de estructura vertical, militarizada…

Septiembre 5 de 2013.

 
Jesús Evaristo Scanavino

Comisario (ra)

Secretario de Organización de APROPOBA

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*