Política

En la UCR palos para Macri: No queremos ni polizones ni pasajeros sin billete

En una declaración que lleva la firma de Liliana Puig de Stubrin presidente de la H Convención de la UCR se fija posición relacionada a la política de acuerdos y alianzas programáticas, fundadas en principios del centenario partido. No queremos ni polizones ni pasajeros sin billetes dice en una de sus párrafos que parece dirigirse excluyentemente a quienes pretender expansión territorial como representantes de pequeñas minorías. La definición parece tener como destino el corazón de la formación de alianza o acuerdo con el PRO, tras la reciente visita a la ciudad de Mauricio Macri, quien estuvo acompañado por Emiliano Giri, para participar del lanzamiento del ex corredor de TC Eduardo “Lalo” Ramos. Este cruce es el segundo en pocos días, ya que Ricardo Alfonsín declaró que un acuerdo con el PRO no pasará la Convención Radical.

 

Dice textualmente el comunicado de Puig de Stubrin

 

Estimados correligionarios:

“La Unión Cívica Radical es una organización de amplia extensión nacional que se expresa a través de sus instituciones. Los medios de comunicación necesitados de noticias, sobre todo durante el verano, hacen trascender declaraciones de afiliados de diverso rango y representación. Las mismas deben evaluarse en función del rol institucional que cumplen los interlocutores en el parlamento o en la estructura partidaria, y de su posición relativa respecto de la situación electoral en la que están inmersos.

Las autoridades de la UCR no han variado su posición respecto de la situación política del país durante los primeros quince días del año. El interés del radicalismo está puesto en garantizar una verdadera alternancia que aleje a los argentinos de dos riesgos: caer nuevamente en una variante política conservadora de orientación neoliberal, o continuar bajo el dominio de un populismo conservador con discurso ideológico encubridor que no tiene problemas en malversar los sentidos fundamentales de palabras y expresiones caras a los ciudadanos tales como los Derechos Humanos o la Soberanía Nacional.

Cada distrito busca construir su estrategia electoral. Ella debe inscribirse en el cumplimiento de la Carta de Ética del partido. Más allá de la base distrital de la representación, la UCR es un partido nacional que se rige por principios doctrinarios comunes. Allí, en la Carta de Ética, está nuestro norte político.

Los militantes del partido no nos debemos engañar con las declaraciones ruidosas que los medios toman ante la falta de noticias relevantes  en un enero escuálido en información significativa. Hombres y mujeres que se dedican a la política también descansan y se reúnen con sus familias en un alto de la vertiginosa actividad política argentina. Las actitudes de quienes, carentes de representatividad, buscan el refugio en gobiernos de signos distintos al del radicalismo y sus aliados; o muestran donde están sus verdaderos intereses ya sea porque sus declaraciones son promovidas por la agencia oficial del gobierno (que no se caracteriza por el pluralismo político) o por medios interesados en ayudar a construir un partido conservador, no nos deben confundir. Ellos quieren hacer creer que sus visiones del mundo y sus intereses s on los del radicalismo.

Ratifico, el radicalismo se expresa por sus instituciones y ellas han sido claras. Iremos a elecciones con nuestros candidatos y candidatas, competiremos en las PASO donde halla que hacerlo, y haremos alianzas con quienes compartamos concepciones políticas que permitan definir en común tanto el problema político a resolver como las soluciones necesarias para cumplir con nuestros objetivos prioritarios: recuperar la dignidad de los que menos tienen, en paz y con libertad, y la reconstrucción de la democracia republicana en la que rija la división de poderes, garantía de los derechos de los habitantes de este suelo.

Después del acto en la ESMA del Ministro Alak, ¿qué radical podría sostener que tenemos coincidencia política alguna con el grupo que gobierna? Quienes todavía sentimos en el cuerpo el dolor ajeno cada vez que pasamos por ese monumento al horror no logramos entender como se puede bastardear de esa forma la memoria de las torturas y muertes a que fueran sometidos miles de compatriotas que estuvieron confinados en ese lugar. No corresponde la utilización partidaria ni la banalización de un sitio donde habitan los fantasmas de los cuerpos sin sepulcro, o los llantos del recién nacido robado que todavía desconoce su identidad. ¿Qué podríamos tener de acuerdo con esa gente que no comparte nuestra identidad fundamental: la consideración de la vida y las libertades como derechos absolutos que hacen a la condición humana? Además: ¿qué tenemos en común con los partidos o los grupos políticos que confunden la obligación del Estado de brindar bienes públicos con repartir dádivas que someten la liberad de quienes las reciben, y transforman a la política en una mera transacción material con fines electorales?¿Dónde queda la finalidad liberadora de la política democrática cuando se condena a los desposeídos a la pobreza perpetua?

Tampoco nos tienen que confundir los movimientos de quienes creyendo, equivocadamente, que su futuro político está atado a las necesidades de extensión territorial de los partidos de base municipal, buscan construir alianzas en las que son clara minoría. Intencionalmente o no, se convierten en “free-riders” (polizones o viajeros sin billete). Existen en toda acción colectiva. Son aquellos que utilizan el valor simbólico de la organización o el movimiento del conjunto para lograr sus fines. No nos tienen que preocupar, son inevitables. Es de esperar que los buenos intencionados se den cuenta a tiempo de su error. No hay mejor cobijo para un radical que el propio partido. Acá están sus pares y los que tienen sus mismos valores. La historia reciente muestra múltiples ejemplos del fracaso en el mediano plazo de estas recetas. Abundan los que perdieron sus gobiernos y el reconocimiento público llevados por distintos cantos de sirenas políticas. Muchos sólo lograron cargos de diputados nacionales que hubieran obtenido por peso propio en el propio partido, otros sólo han quedado para el uso televisivo de su imagen conocida. Los que perdieron sus territorios y sirvieron al crecimiento de otros partidos, sufren la desconsideración ciudadana. Han perdido ellos y han hecho perder a los ciudadanos del valor de sus experiencias y conocimientos.

La convivencia partidaria es difícil pero es el partido el que brinda garantías para la representación. Nuestra preocupación en este año electoral debe ser lograr los suficientes diputados y senadores para devolver al país su condición de república democrática. Y lo haremos con nuestros cuadros políticos y con nuestros aliados en la reconstrucción del sistema político democrático liberal y del estado de bienestar. Ese es nuestro norte”

 

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