Arte y Cultura, Música

El retorno de un talentoso del acordeón

Simpatía. También la gracia es parte del talento natural de Spasiuk.

El peligro de la frase “defender lo nuestro” es real: sacada de contexto, tal definición puede ser funcional a sentidos nacionalistas y reaccionarios. Por eso la importancia de un artista como el Chango Spasiuk: primero, y antes que nada, un músico de gran talento; segundo, alguien capaz de ayudar a sostener una identidad nacional; tercero, y fundamental, esto lo logra a partir de reconocer lo propio y respetar lo ajeno. Esa combinación se da en su música, única.

El acordeonista estará este viernes a las 21:30 en la Sala Piazzolla del Teatro Auditórium (Boulevard Marítimo 2280). Allí dará a conocer Pynandí-Los descalzos, recientemente presentado en el Coliseo con gran repercusión de público y de crítica. Además lo hará acompañado de una formación que incluye guitarra, percusión, contrabajo, violín y viola.

Spasiuk es uno de los músicos folklóricos de la nueva generación, de aquellos que arribaron para instalarse en el gusto del público más joven. Sin embargo, a diferencia de cantantes como Soledad o Los nocheros, ha mantenido una coherencia artística envidiable: lo suyo es antes que nada la calidad interpretativa y luego la búsqueda popular. Desde ahí, suma un discurso político en la misma sintonía y se instala en un público definido, que busca voces en amplios sentidos.

Decididamente Spasiuk es un artista que no habría existido de no haber habido antes un León Gieco. Relacionado muchas veces desde lo artístico, el acordeonista parece rehacer el camino de Gieco, pero a la inversa: si este trajo el rock al folklore, la actitud fresca de Spasiuk parece seducir al mismo público y lo vincula con el rock en un camino de doble mano y sumamente provechoso.

Pero además este misionero y chamamecero debe a sus orígenes, al haber crecido en un lugar con influencias de las culturas brasileñas, paraguayas y ucranianas, ese sentido de búsqueda y de falta de límites que lo construyen como un artista diferente. Con un espacio bien ganado, al que no se le debe restar su simpatía sin poses, el “Chango” Spasiuk tiene mucho para dar todavía.

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