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El obispo presidió un multitudinario Corpus Christi

“Mirá el tiempo que nos tocó, fue realmente un milagro de Jesús”, decía una señora a la otra durante la procesión de Corpus Christi en Mar del Plata, que, contra todo pronóstico meteorológico, se pudo realizar sin ningún tipo de inconveniente, incluso con el sol que iluminó a los cientos de fieles que caminaron junto al Pan Consagrado.

La misa comenzó unos minutos después de las 15, monseñor Antonio Marino, obispo de Mar del Plata presidió la eucaristía y concelebraron casi todos los sacerdotes de la ciudad. La misma se desarrolló en la Iglesia Catedral y posteriormente, la procesión por las calles del centro con la bendición final en las escalinatas del templo.

Durante la homilía, el obispo describió “en esta marcha por nuestro desierto existencial, Jesús desea darnos un alimento restaurador de nuestras fuerzas desgastadas. Más aún, Él mismo se identifica con ese alimento. Nos propone comer su carne y beber su sangre, vale decir, alimentarnos con aquel amor que hizo de Él una ofrenda inmolada agradable al Padre y ofrecida por nosotros”.

Y luego añadió, “Jesús nos ofrece Vida. Es su propia Vida. Es Vida eterna, iniciada en el tiempo como germen de resurrección: ‘El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día’. La comunión eucarística –no debemos olvidarlo– es anticipo de la salvación definitiva que integra nuestro cuerpo, transformándolo en un cuerpo glorioso como el de Cristo resucitado”.

Sobre el 60° aniversario de la diócesis, que se celebra este año, monseñor Marino habló del envío de Jesús a la misión. “La Eucaristía nos recuerda nuestra razón de ser: existimos para anunciar,  para salir y ‘ofrecer a todos la vida de Jesucristo’. Creemos con fe firme en la presencia real de Cristo en el pan eucarístico. Esta misma fe nos lleva a interrogarnos si nuestra comunión frecuente produce los efectos que producía en los apóstoles y en los discípulos de Emaús”.

“Si de verdad ‘queremos ser comunidades orantes, fraternas y misioneras’, según la feliz expresión del siervo de Dios, cardenal Pironio, dejemos que el Señor Jesús abra nuestros ojos con la luz del Espíritu Santo y procuremos reconocer su presencia en el prójimo necesitado. Afortunadamente, muchas iniciativas de la Iglesia diocesana dan testimonio cotidiano de real compromiso de caridad. A todos bendigo y aliento a seguir creciendo más y más”.

“Finalmente, la Eucaristía nos apremia a trabajar por la amistad social y por el encuentro entre los enemigos. No podemos renunciar a palabras como reconciliación y perdón mutuo, sólo podemos explicarlas en su justo significado”, señaló el obispo y concluyó pidiendo a la Virgen el auxilio de su intercesión.

Luego de la misa, se realizó la procesión con el Santísimo Sacramento, esta es la única vez en el año que se saca al Santísimo de los templos para recorrer las calles. De esta manera los católicos, manifestaron su fe a todos los que pasaban y transitaban. Muchos se persignaban, otros se acercaban a tocar la Hostia Consagrada, otros sacaban fotos, y algunos miraban atentos. Como es tradicional, el recorrido de la misma fue por Mitre hasta Rivadavia, de allí a Catamarca y por San Martín hasta la puerta de la Catedral nuevamente. En las escalinatas, monseñor Antonio Marino hizo la bendición con el Santísimo a todos los presentes.

En las escalinatas el obispo dijo “el sol, salió después de una mañana en la que poco y nada se veía, y con pronósticos muy oscuros, el Señor nos regaló esta tarde con sol, realmente un lujo. Veo como siempre niños y los monaguillos de las parroquias, esto me alegra el alma. Agradezco a todo los que se hicieron presentes en esta celebración, y vinieron haciendo mucho esfuerzo. Quiero nombrar a los sacerdotes que han venido numerosos para estar junto al obispo celebrando esta misa del Corpus Christi, que tiene un significado profundamente sacerdotal y diocesano. La eucaristía es nuestra fuerza, lo que necesitamos para renovarnos para ser una Iglesia viva”.

Luego señaló, “en la vida se mezclan alegrías y tristezas, así es nuestro caminar, durante la procesión me ha llegado la noticia del naufragio con 12 tripulantes, todavía no sé mucho más, pero esto es más que suficiente, para continuar una profunda oración por ellos, para expresar nuestra solidaridad y ojalá podamos tener mejores noticias pronto. Se los encomiendo a sus oraciones o y estarán por supuesto en la mía”.

“Con todo mi afecto de obispo padre y pastor, que el Señor les regale un hermoso día, hasta pronto” concluyó monseñor Marino.

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