Opinión

El estado de Luperca

La postura del sociólogo uruguayo-brasileño, implícitamente es antagónica con los resultados de lo que piensa Ernesto Laclau con respecto al populismo, no olvidemos  que los libros de este último autor son libros de cabecera del matrimonio presidencial, el cual  sostiene que el populismo garantiza el logro del poder hegemónico, siempre y cuando se rompan  los lazos institucionales que debe relacionar al poder político con la sociedad en una auténtica democracia, que no son ni más ni menos que los partidos políticos.

El intento de transversalidad no fue una casualidad elucubrada por la “genialidad” de Néstor Kirchner, por lo contrario, siguiendo la línea teórica de Laclau fue la acción para romper los partidos con el fin de evitar que puedan actuar como vehículos necesarios de la democracia y de esa forma permitir un manejo directo y sin intermediarios entre el ejercicio del poder hegemónico y las distintas porciones atomizadas de la sociedad.

La oxigenación de los grupos piqueteros, de las ONGs que abarcan desde los hambreados hasta los gays, algunas  corporaciones  y cooperativas con límite de integrantes, tal el caso de los 100.000 puestos de trabajo creados a través de cooperativas que no podían exceder el número de 50 personas y debían ser conducidas por una comisión integrada por tres personas, no son producto de la casualidad.

Así también surgieron otras determinaciones que fomentaron la dispersión social, pudiéndose decir que se fueron cumpliendo con una exactitud casi de libro los postulados de Ernesto Laclau, intelectual argentino que no vive en el país y casualmente hace 40 años que reparte sus cátedras entre Inglaterra y EE.UU, e invitado frecuente a dar charlas en Argentina y entrevistarse con el matrimonio gobernante.

Volviendo a los 100.000 puestos de trabajo, no olvidemos que las organizaciones militares son verticalistas,  por ende piramidales, y que la cadena de mando en el caso de la acción nace del general, léase Néstor Kirchner; lo sigue la Plana Mayor, léase los intendentes básicamente del conurbano; a su vez estos manejan  las compañías, léase la sumatoria de secciones que tiene cada Intendente; y por último las secciones que al igual que las cooperativas de trabajo no pueden superar los 50 integrantes y donde cada una debe tener una comisión que los rige integrada por dos o tres de sus componentes, que  no representan ni más ni menos que la función de los suboficiales que las conducen en los campos de batalla. Como puede verse la organización de los 100.000 puestos de trabajo de Cristina repite el espejo organizativo de la milicia en situación de guerra, que obedece a un jefe superior y que genera una dispersión en la base que garantiza la imposibilidad de la organización integral del sustrato inferior para evitar toda subversión. Esto termina siendo  perfecto para un caso de movilización y se condice con la teoría de Laclau de dispersión en la base, además de tenerlo que bancar entre todos los argentinos. No es casual que más del 90% de las cooperativas pertenecen al cono urbano, mientras sabemos que hay una decena de provincias que tiene su población hambreada y no recibieron nada.

Volviendo a la palabra espejo, ya se están buscando los instrumentos para que se cumplan los pasos del 2009 con respecto a las listas que llevan este nombre. Sólo falta la testimonial para que el bastardeo de la política y el intento de ruptura de los partidos políticos vuelva a repetirse.

Pero en  esta etapa al 2011 se evidencia una diferencia de estilo con relación a la del 2009. Mientras por abajo quizás se trate de romper todo lo posible, incluso con ejercicio de la violencia embozada tal como ya ha empezado a ocurrir en ciertos actos opositores, por arriba tendremos que presenciar el sainete de “los buenos” en la búsqueda de los votos de la clase media y de la más numerosa de las clases sociales, que es la de los nuevos pobres, integrada en su mayoría por más de 5.000.000 de votantes jubilados que cobran la mínima de los cuales un 65% aportó toda su vida y cobra $ 930 y un 35% que se incorporó últimamente y que nunca o casi nunca había hecho aportes, y que la verdad sea dicha, está integrado en su mayoría por mujeres de maridos con dinero que les pudieron pagar a sus esposas el gasto de los gestores de este “beneficio”, total, unos manguitos de más nunca están mal. De esta última camada de jubilados pocos fueron los pobres que pudieron acceder por falta de información y/o de medios.

Así seguimos estimulando y  ampliando el Estado de Luperca, aquella loba que ofreció sus tetas para que Rómulo y Remo pudieran seguir viviendo, pero con una diferencia fundamental. Seguramente en tanto estos fueron creciendo dejaron de succionar a la loba,   inversamente a nuestro Estado se arriman cada vez mas succionadores transformando la política en una distopía (1) , con el agravante de que muchos de los que se arriman ya están bastante gorditos y van en la búsqueda del aumento de sus balances, perdón, de sus kilos.

Así estamos.

(1) Palabra usada por el filósofo John Stuart Mill como significado de: Antagonismo perverso de la utopía. Consta en el Diccionario Ingles de Oxford y en el Diccionario Actual Español de la Editorial Aguilar.

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