Ciudad, Opinión

CUANDO ES EL ESTADO ES EL QUE AMPARA O INCLUSO PROMUEVE LA ILEGALIDAD- NO ME CONTARON, LO VI CON MIS PROPIOS OJOS.

Parecería un título sensacionalista si no fuera que refleja una realidad que podría resultar difícil de creer pero que sin embargo tuvo lugar el fin de semana pasado no solo a la vista y paciencia de todo el mundo, sino también con el aplauso periodístico hacia las autoridades que permitieron semejante despropósito.

Concurriendo con otros camaradas de APROPOBA hacia una reunión en la ciudad de La Plata, nos trasladábamos en horas de la mañana del día sábado 3 del corriente, como no puede ser de otra manera por la ruta provincial 2, hacia dicha capital provincial, cuando a la altura de Dolores comenzamos a ver un gran despliegue de patrulleros y motocicletas policiales a lo largo de la carretera, síntoma indudable de que algo estaba por pasar, recordando alguno de nosotros haber escuchado de una “caravana” de automóviles de carrera que se trasladaría desde la Capital Federal hacia Mar del Plata, como parte de los festejos de un aniversario del llamado “deporte” de las carreras de automóviles.

Kilómetros más adelante fue colmado nuestro asombro al ver que en sentido contrario y con un inmenso despliegue de cerca de un centenar de motociclistas de la Gendarmería Nacional, que indudablemente algún alarmista juzgaría como más necesarios y acordes a su función de custodias de las fronteras deberían encontrarse en esas zonas para, entre otras cosas prevenir y reprimir el ingreso de contrabando y especialmente drogas a nuestros país, se esforzaban en parejas para cuidar a los demás automovilistas de las estruendosas máquinas “deportivas” cuyos conductores haciendo caso omiso a toda indicación y prudencia competían en violar no solo los límites de velocidad, sino también haciéndolo por las banquinas y zonas de seguridad, al parecer inmunes a radares y otros controles.

Quienes somos policías de muchos años sabemos de las limitaciones que la ley pone a la circulación de vehículos, que mas aún deberían tenerse en cuenta cuando se trata de una ruta como la provincial 2, con intenso caudal de tránsito sobre todo durante los fines de semana, de las medidas de seguridad a la que los mismos deben adaptarse, paragolpes, luces, etc., inexistentes en la mayoría de los vehículos del tema, como también por supuesto de chapa patente, y todo ello a la vista y sin necesidad de levantar siquiera la tapa para ver los números de identificación de motor y chasis.

También sabemos que dadas situaciones especiales de necesidad de traslados de vehículos que como en este caso no reúnan los requisitos necesarios, como cargas indivisibles, peligrosas, lentas, etc., por supuesto que la Dirección de Transporte está autorizada a permitir mediante el acto administrativo correspondiente, la circulación de los mismos pero bajo los resguardos de una verdadera “caravana”, es decir precedida y cerrada por vehículos de seguridad debidamente balizados y embanderados, y bajo determinadas circunstancias de horarios y demás.

La verdad sea dicha, lo que se denominó “caravana” en este caso en particular no se ajustó para nada a las lógicas y normadas medidas de seguridad, los vehículos en infracciones de seguridad varias se desparramaron a lo largo de la ruta por más de ciento cincuenta kilómetros, al menos en lo que nos tocó presenciar, estimando que lo mismo ocurrió durante todo el trayecto hasta Mar del Plata e incluso a su regreso.

Innumerable cantidad vehículos color naranja de la supuesta agencia de control de tránsito, se ubicaban a lo largo del camino o acompañaban a los supuestos vehículos que mas que deportivos podríamos señalar como publicitarios, ayudándolos a que pudieran violar todas las normas de transito existentes y hasta a pasar las estaciones de peaje sin pagar, a expensas de los demás contribuyentes realmente atemorizados ante tan peligrosa compañía.

No pudimos con nuestro genio y nos arrimamos a conversar con los camaradas de Seguridad Vial, notándolos desorientados ante tanto despliegue de impunidad sobre el cual tenían las manos atadas, además de deber pagar con recargos en las horas de servicio en beneficio de unos pocos poderosos que pueden darse el lujo de semejantes libertades, organizado desde el propio Estado responsable de la seguridad de las personas, a pesar de que ello no pudiera resultar simpático para quienes fácilmente enloquecen al solo ritmo del desenfrenado estruendo de un motor sin silenciador.

El público al costado de la ruta y cruzando hacia uno y otro lado afortunadamente no sufrió ninguna de las consecuencias que fácilmente pudieran haber ocurrido ante tanta inconsciencia, como tampoco los automovilistas a los que les tocó compartir el asfalto, incluso pagando el respectivo costo del peaje para ser sometido al tormento, solamente vimos el cadáver de un ejemplar del mejor amigo del hombre que pagó con su vida el espectáculo con características de circo romano que por suerte a más de lo señalado, no arrojó otros resultados que un gran malestar de quienes viéndose en la necesidad de transitar juntamente con la caterva de irresponsables debió sufrir de tan grandes molestias, cuando en lo personal se le exige el irrestricto cumplimiento de la ley. Es extraño que todo esto haya ocurrido sin que se levantara voz alguna, todos los días leemos unos cuantos pseudos periodísticas autodenominados especialistas en temas de seguridad o policiales esforzándose en buscar las causas de la inseguridad ciudadana arribando siempre a la conclusión de que la culpa la tiene la policía, sea cual fuere el caso y las circunstancias, pero que por ejemplo en este caso más que la prudencia podríamos presumir fuera otro tipo de compromiso el que sella sus labios.

Seguramente algún rédito esta inconsciencia debe de haber arrojado a los sectores políticos que lo permitieron, que valga la paradoja, son los mismos que constantemente nos discursean sobre la necesidad de trabajar en busca de la seguridad para todos los ciudadanos, y ésta muestra no es precisamente un indicador de que así se procure.

APROPOBA, 6 de setiembre de 2011.

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