Arte y Cultura, Música

CRITICA // Julieta Venegas, calidad y calidez

Por Mex Faliero
(Foto: diario El Atlántico)

En vivo se puede confirmar: Julieta Venegas es linda. Muy linda. Pero de una belleza extraña, como su música. Tiene una frente particular para una chica. Y con el look de anoche en el Teatro Radio City, con su pelo lacio y tirado hacia atrás, con trenzas, su frente sobresalía aún más. Sobre el escenario apareció luciendo un vestido largo azul oscuro con rasgos autóctonos, tan largo que apenas dejaba sobresalir unos zapatos blancos. El primer tema fue Amores platónicos. Y ahí apareció su voz, una característica extraña de su personalidad: por momentos súper proyectada y llegando a lugares inhóspitos, por otros un tanto retraída, cortando las palabras en lugares poco habituales. Sumado a su atuendo, su aspecto introspectivo y su poderosa voz, hacen un combo particular; una mezcla de sensaciones y estilos, que puede verse reflejada en su música, una sumatoria de melodías pop, con letras por el estilo, que hablan de amor o de su ausencia, pero que en su construcción participan una serie de intrincadas herramientas. La música de la mexicana es puro corazón, pero uno que piensa y bombea ideas.

Por suerte, algo más de mil personas acompañaron la presencia de Venegas en Mar del Plata. Algo para destacar, una fecha hecha para y por los marplatenses: un miércoles cuatro de mayo no son muchos los turistas que andan por ahí. Y la ciudad respondió bien a la primera visita de la cantante mexicana, que llegó para abrir la gira promocional por la Argentina de su último disco, Otro tema. Ese, otro hecho para destacar: en su primera visita a la ciudad, Vengas no se amilanó y no atacó directamente los hits, para ganarse a la audiencia. De los 25 temas que recorrió, 9 pertenecieron al nuevo material: Amores platónicos, Bien o mal, Otra cosa, Duda, Despedida, Debajo de mi lengua, Ya conocerán, Original y Revolución. Casi casi, el disco entero. De este grupo, destacar la bella Debajo de mi lengua, compuesta con Dárgelos de Babasónicos, que dice “todo lo que quiero se me escapa de las manos, eso es lo que no quería admitir. Todo lo que quiero se me escapa de las manos y no sé manejar lo que empiezo a sentir”.

La inclusión amplia de nuevo material sirvió, por ejemplo, para que el público -muy respetuoso- no estuviera tan atento a canturrear hits y sí, más predispuesto a ver lo que pasaba sobre el escenario. Que era maravilloso: acompañada de seis músicos, Venegas cuenta con un verdadero dream team. Todos virtuosos y talentosos, son un soporte sonoro indispensable para las sutiles melodías que bordan sus canciones. Banda en constante movimiento, hay lugar para la guitarra, el bajo, la batería y los teclados, pero también para el banjo, la trompeta, la flauta traversa, el xilofón, las guitarras criollas, la presencia de lo electrónico en algunas bases y, claro que sí, el acordeón, elemento indispensable con el que Venegas demuestra una envidiable digitación y que conecta su música con las raíces mexicanas: qué serían sin el acordeón canciones como Me voy. Tanta variedad de instrumentos y tantos músicos variando sus posiciones harían pensar, también, en un dejo prepotente de virtuosismo. Pero no. Todo está justificado, en una puesta en escena austera que funciona como un laboratorio de canciones pop, que pueden involucrar lo dance en sutiles bases o lo folklórico.

Y, claro, están las canciones. Aunque ya las conocemos, sobre el escenario suenan perfectas, adorables. Mucho más en el cuerpo de Venegas, que canta y dice con singular precisión y dicción. Acompañada por sus manos, que van marcando los tiempos de las melodías, en una tarea que es casi didáctica: el buen cantante sabe que las palabras no son todas iguales y que cada una tiene una fuerza especial y una razón de ser en cada frase. Esto, que parece algo abstracto de explicar, se puede ejemplificar fácilmente: ver a Venegas cantando Despedida y marcando aquello de “es tan bueno despedirnos, como habernos conocido / Es tan bueno aceptar la derrota, como fue luchar”. Venegas es de esas artistas que se valen de sus canciones. Su interacción con el público fue casi nula, sus palabras eran puentes entre tema y tema, explicando el sentido de cada melodía. Lo mejor, cuando comentó sobre Duda y dijo que siempre es mejor hacerle caso al corazón “que aunque se equivoca más, es más divertido”. Que no haya tanta interacción, no quiere decir que Venegas sea antipática. Todo lo contrario. Dueña de una gran calidez, sabe que lo suyo se demuestra en esos tres o cuatro minutos que dura cada canción.

Hubo tiempo para los hits, con un momento superlativo en la interpretación, solitaria y al piano, de Lento. Pasaron, entre muchas otras, Limón y sal, Algo está cambiando, Canciones de amor, Me voy y Eres para mí, con la que cerró la primera tanda. Luego vinieron los bises y llegaron Revolución, El presente, la remake calamaresca de Sin documentos y Anda conmigo. Y la cantante prometiendo volver. El público se quedó por varios minutos pidiendo más, pero ya era historia pasada. Venegas continuará con su gira sudamericana. Fue una hora y media de un show impecable, donde la cantante sedujo con una calidez entre introspectiva y sencilla, pero especialmente con eso que todo artista del nivel de Venegas debe mantener para justificar su relevancia: la calidad.

Un comentario

  1. Coincido con la crítica, fue un excelente recital.

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