Arte y Cultura, Música

CRITICA – Canciones como regalo

Por Mex Faliero
(foto: archivo)

“Pero si es una canción es un regalo importante, el robarle al tiempo una flor negra. Es un regalo muy importante…”. Lo dicen Los tipitos desde Flor negra, tema que abre Tan real y que fue uno de los primeros que se escuchó la noche del viernes cuando la banda de Wálter Piancioli, Raúl Rufino, Federico Bugallo y Pablo Tévez pisó Abbey road. Sin sobresaltos, con gran profesionalismo y una cuota de simpatía sin sobreactuaciones, Los tipitos presentó ampliamente El club de los martes y confirmó algo que en los discos se nota: son una de las bandas nacionales más precisas cuando de canciones hablamos.

Veamos, lo que hacen Los tipitos es sencillo: es un 2+2 sin mayores vueltas. Pero lo hacen bien. Muy bien. En escena son prolijos, pero no fríos o distantes, y a esto le incorporan unos interesantes juegos vocales, aunque resulta sobresaliente la voz de Rufino que se carga varios de los momentos más inspirados del show. Por su parte, los dedos de Pancioli al teclado demuestran haber aprendido varias lecciones de rock nacional ochentoso.

La noche del viernes mostró entre sus primeras armas Laberinto, Flor negra, Brujería, diversas etapas de Los tipitos, desde la consagración con Armando camaleón hasta el presente con El club de los martes, del que llamativamente repasaron varios temas: Reírnos del amor, Hay un lugar, Se te nota, el citado Laberinto, entre otros. Es cierto como algunos los acusan, se han vuelto una banda radiable y efectista, pero esto no puede ocultar la versatilidad de algunas de sus letras, la potencia de sus estribillos y la calidad, sin virtuosismos, de sus integrantes.

El show tuvo los típicos segmentos, del agite más rock and pop, pasando a las baladas, allí donde Silencio continúa siendo un himno con ese teclado tan “calamaresco” y la voz de Pancioli lamentándose por esas bocas que saturan el aire. Y sobre el final, los muchachos la rockearon con un guiño a los seguidores más históricos y el Rock de los patitos. Antes habían destacado con una muy buena versión de Campanas en la noche, tal vez el punto máximo entre lírica y sonido que la banda ha logrado.

Sin embargo un instante extraño dentro del show fue cuando ejecutaron Siguiendo la Luna, del disco homenaje a los Fabulosos Cadillac. Que el momento más intenso haya sido un cover, hablaría mal de Los tipitos. Sin embargo hay que ver cómo se apoderaron del tema, lo modificaron y lo hicieron propio, para comprender que en Los tipitos reside también otra cuestión: la de saberse continuadores del ritual del rock nacional. No hay en su música aires refundadores, apenas un puñado de canciones que se cuelan en el viento.

Posiblemente esa sencillez y humildad para formar parte de la historia sea lo mejor del legado de Los tipitos. Y parte de lo que se pudo disfrutar en el moderado, compacto y amable paso por Mar del Plata. Economía de recursos, que le dicen.

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