Carta de Lectores

¿Ciencia o Magia?

Recientemente trascendió que una diputada nacional propone liberar la obligatoriedad del Plan Nacional de Vacunación. A favor de su proyecto un especialista disertará en el Congreso. El “especialista” resultó ser un homeópata, lo cual es consistente con que la misma diputada presentó otro proyecto para oficializar y regular la práctica homeopática.

El proyecto antivacunas no tuvo acompañamiento ni si quiera de sus compañeros de bloque, por lo que es posible que no pase de la comisión de salud. Sin embargo el de regulación de la homeopatía tiene más de 15 firmas de diputados de varias bancadas. Si este proyecto se aprueba “las prestaciones homeopáticas, incluidos los medicamentos” serán parte del Programa Médico Obligatorio, por lo que deberán ser ofrecidos gratuitamente por los prestadores de salud públicos y privados.

El problema con este proyecto es que la homeopatía no es medicina. Sin entrar en detalles de su filosofía y su práctica, sus fundamentos teóricos han demostrados ser falsos, su método de investigación (llamado patogenesia) es inconsistente y sus pócimas (medicamento es otra cosa) carecen de principio activo (es sólo agua). Además, en la práctica, se demostró ampliamente que sus efectos en la salud (como no podía ser de otra manera) son nulos.

“Pero…a mí me funciona”, expresan muchos consumidores de homeopatía. Pues funciona del mismo modo que otros placebos. Que no le ocurra como a Steve Jobs que para cuando advirtió que las pseudomedicinas son un fraude su cáncer ya era terminal, o como Francesco el niño italiano de 7 años que falleció debido a que su otitis fue tratada con homeopatía.

Una de las falacias más ostentosas de las bases de la homeopatía se refiere a que se obtiene una pócima “potenciada” (es decir que es más fuerte) cuanto menos principio activo tiene. De hecho esas pócimas carecen del principio activo debido a diluciones sucesivas y numerosas que llegan hasta niveles en los que desaparece. Esto es tan absurdo que lo sabe cualquier alumno de 4to año de secundaria que está estudiando las relaciones de masa y cantidad de moléculas en las reacciones químicas. Ellos saben que cuanto menos reactivo hay, menos producto se obtiene. De hecho no debemos aprobar Química para saber que si queremos la sopa más salada debemos poner más sal, no menos sal.

Otra de las falacias de esta práctica se basa en que esas pócimas curan, a pesar de no tener principio activo, porque el agua (usada como diluyente) se acuerda que tuvo esa substancia. Según los homeópatas el agua tiene memoria y sólo de lo que ellos diluyen.

“Pero…mi homeópata es médico”, también reclaman los mismos consumidores. Pues no. Resulta que alguien, aunque sea médico, cuando actúa como homeópata no practica la medicina, del mismo modo que cuando juega al fútbol tampoco practica la medicina sino un deporte.  En Argentina la práctica profesional está autorizada a través de la carrera de grado, y la carrera de medicina no incluye la homeopatía. Y no la incluye porque la homeopatía y la medicina son excluyentes, si una funciona la otra es falsa.

“Pero…a mí me funciona” insiste, a pesar de todo, el convencido. Pues, está consumiendo una práctica de salud inventada por sólo una persona hace dos siglos, estática desde entonces, era una época cuando no se conocía totalmente la anatomía humana, se ignoraba el rol de los microorganismos en las enfermedades, todavía se desconocía la importancia de la higiene para prevenirlas, no se había desarrollado el uso de la electricidad, desconocíamos la conformación del átomo, los motores apenas eran intentos y la fotografía y la telefonía no existían (de hecho el telégrafo apenas era un ensayo). Este es el contexto del conocimiento de quien elige la homeopatía.

En esa época el desarrollo de la medicina se puede caracterizar como precientífica y muchas de sus prácticas actualmente serían consideradas como mala praxis o directamente como actos criminales. Pero en 200 años, a diferencia de la homeopatía, se transformó en una disciplina científica y basada en la evidencia.

La “biblia” de la homeopatía fue publicada en 1810 en Alemania, cuando en el Río de La Plata se conformaba la Primera Junta de Gobierno, desde entonces que no tuvo mejoras ni actualizaciones, por el contrario recibió miles de refutaciones.

Incluir la homeopatía en el plan médico obligatorio es oficializar una doctrina demostrada como inútil y que el estado (todos nosotros) paguemos una práctica curanderil. Además, si se oficializa promueve el pensamiento mágico y abre las puertas para que otros dogmas sean aceptados en la salud pública.

Carlos A. Quintana

 

 

 

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