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Aumento del boleto: esta película ya la vimos y ahora con recorte de subsidios

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El paro de la UTA debió ser evitado. Ahora es el mismo argumento que Pulti usó como concejal opositor, eludir su responsabilidad y dejar el paquete en manos del Departamento Ejecutivo, para que fije la nueva vigencia y valor de la tarifa del transporte público de pasajeros.

Ahora todos se lavan las manos con agua bendita y no es así. Pulti, obcecado, tuvo un manejo discrecional sobre la aplicación del valor del boleto urbano. Ahora no encuentra en la oposición quien lo acompañe en la decisión, y lo dejarán con las manos libres para hacer uso de una facultad extraordinaria, asumiendo solitariamente el costo político de la medida, que casi siempre provoca turbulencias y desmanes.

El tema está planteado dentro del mecanismo que fijó el propio intendente. Un aumento por año, pero existe un condicionante que modifica todo el “statu quo”: los subsidios que recibe el transporte urbano de pasajeros del interior del país.

La Nación resuelva con comodidad, porque tiene margen para hacerlo, de $ 1,50 a $ 2,50, sin que el usuario tenga un gran impacto debido al contexto inflacionario en el que se otorga el aumento.

Pero hay un recorte en los subsidios al interior que ya está en marcha. Hoy además los pagos se difieren cada vez más y la quita de subsidios entra en las variables de ajuste de la política económica que entrado en una fase decisiva para acabar con la inflación.

A Pulti le dejarán en sus manos la misma bomba que él utilizó para hacer explotar a otras administraciones. Con sus siete concejales en una sesión deberá decidir cuál es el valor en un contexto complicado como lo es la eliminación de subsidios. ¿Quién asegura que a este ritmo el transporte urbano deje de ser subsidiado en su totalidad? En ese caso en uno, dos o tres meses, estaríamos frente al mismo cuadro de situación, la UTA de paro porque las empresas no cubren sus gastos operativos y de funcionamiento.

Este es el eje de la discusión. No debiera sorprenderlo al intendente, que eligió este juego. Ahora es apuntado como el único responsable, y de su decisión deberá abarcar además de una tarifa justa, la garantía de que el servicio no sufra el trastorno que siempre terminan pagando los pasajeros, cuando las tarifas se ajustan a decisiones políticas.

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