Carta de Lectores

¡Argentina Explota!

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Trataré de explicar, esta aseveración, aclarando que no escribiré acerca de una explosión destructiva, una bomba, aunque lo que señale, a mi entender, igualmente destroza derechos humanos.

Comenzaré con hechos recientes que afectó a todos los que habitamos este territorio. Sucesos que mostraron una policía ausente, reclamando por lo que no le pagaban. Como consecuencia, escuchamos muchas opiniones indicando que “esta no es la manera, aunque es justo el reclamo”. Se dice que ésta es la década de los derechos humanos y creo que se ha centralizado demasiado en lo pasado, sin observar adecuadamente lo que nos pasa ahora, con gente que no ha tenido para sí los derechos humanos a su disposición, como otros.

Y esto es lo que nos pasa. Entre tantas opiniones, no he podido visualizar cómo es la forma civilizada que se sugiere de reclamar si se les niega la representatividad para dialogar. Nada de sindicatos “en razón de que son personas con armas”. No entiendo. Lo que sí entiendo es que fueron tan justos los reclamos, en el olvido en que se encontraban, que lograron lo que quisieron. Quizás, es cierto también, con la mayoría de los argentinos como rehenes. Pero es posible que esto sea la consecuencia de no haber observado que debajo del uniforme (o por sobre ellos) hay personas, con familias, jubilados y pensionados de estas fuerzas, todos al costado. Salarios mínimos infames, pagos no retributivos, no bonificables, con lo que esto representa luego para el retiro que sólo considera lo que está por derecha. Así, nadie miró para ese costado. Ninguno de los gobernantes pensó que se producía un caldo de cultivo para que algo explotara y se produjeran los tristes hechos conocidos.

Y entonces ¡Argentina explota! Quedó al descubierto que a nuestro país le gusta la explotación. A esta me refiero, a la que utiliza al otro para su servicio, sin pensar en el bienestar de ese otro, conforme a una dignidad que comienza con un buen pago y condiciones laborales. Lo del mal pago estuvo a la vista, lo de los recursos, siempre escasos. Un municipio, con un comercio mediante, busca hacer una rifa para comprar patrulleros. La seguridad en manos de una rifa… y si sale el número nos salvamos.

Sobre estos sucesos, si quedamos cautivos, es en razón  de que con el tema seguridad no existe un efectivo plan A y por supuesto, ausente el plan B. Con los servicios de inteligencia, que pagamos todos, los gobernantes deberían saber qué es lo que puede pasar. No se supo o no se quiso saber. Se especuló con que la culpa la tiene el otro (los gobiernos provinciales) y de esta manera se desgastan nuestros enemigos, aunque se tenga una dotación de gendarmes a una hora de distancia del conflicto. Escuché al jefe de Gabinete nacional que “no se puede disponer de un momento para el otro”, que “son personas que comen, que duermen”. Pasa lo mismo con los bomberos, pero ellos tienen la obligación de llegar a tiempo para apagar los incendios. También, obligación del Estado, sea cual fuere, “apagar los incendios sociales cuando hace falta”. Que” los gendarmes no están para esto o aquello”, pero cuando se quiere hacer presencia para recoger votos, entonces sí. Lo vimos entre una elección (Paso) y otra (las generales). Alguien dice que no y el otro dice que sí y entre las dudas e indecisiones, se llega tarde al infierno que supimos concebir.

Pero, reitero, en la Argentina nos gusta la explotación, más allá de las palabras de justicia social que se enarbolan. Alguien tendría que haber pensado que los agentes de policía de casi todo el territorio nacional no recibían lo que les correspondía. Quizás, es cierto, la población tampoco recibe por parte de ellos lo que ella necesita. De todas maneras, por algo hay que comenzar. Si hablamos de trabajadores con salarios justos ¿dónde estaban los hechos para esta gente? Ninguno de los dirigentes planteó con fuerza, con decisión que esto se debía arreglar. Conclusión, nos gusta la explotación, que nos sirvan, como si algunos fueran reyes y los otros simples sirvientes que comen las sobras.

Lo peor de todo esto es que los que deben dar el ejemplo desde el Estado, son los primeros ausentes a la hora de observar y actuar. Desde el Estado se paga no retributivo, no bonificable; se tienen trabajadores (tercerizados) absolutamente mal pagos, mientras que los empleados directos, con sindicatos fuertes, logran sus alzas justas para ellos, mientras que los otros se quedan mirando, reitero, dentro del mismo Estado. Parece acertado lo que se hace en cuanto sugerir, por ejemplo, un orden y una legalidad en los servicios domésticos, pero, lamentablemente, no se comulga con el ejemplo.

Me ha tocado en lo personal trabajar en una empresa del Estado y observar esto en vivo y en directo y presentarlo por escrito y tener como respuestas que “todo está bien”. No conviene la igualdad. Nos gusta la desigualdad, tener a alguien por debajo, sin darnos cuenta que siempre hay alguien por encima que puede llegar a golpear a nuestra puerta para pisotearnos y ahí, cuando nos toca, nos damos cuenta que “ya es tarde”. Pero, los funcionarios reciben distinciones de sus “iguales”, sin importar el desigual.

Un dirigente sindical señaló que “nadie puede ganar menos que un agente”. Ahora, cuando emergieron, se dice que hay que igualar con los que antes estaban abajo. Me suena a que “si estos lograron esto, ¿cómo no nos va a tocar a nosotros?”. Una apreciación desacertada y acorde con el sentir de una sociedad absurdamente disociada.

Lo vivido en los últimos días, nos hace pensar, por lo menos a mí, y ojalá que a reflexionar y encontrar nuestras miserias para ubicar el camino de una real igualdad. Se corre el riesgo de perder lo ganado, meter la mano al bolsillo y no rasguñar ni siquiera una moneda. Se dice que “el que las hace las paga”, cuando agarramos a uno mientras se nos escapan cien. Entonces, una ilusión. Prefiero pensar que “el que las hizo, puede cambiar”, si, otra utopía, pero así quiero creer que mañana podré escribir que la Argentina explota… ba.

MIGUEL TOSCANO

DNI 5.329.126

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