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Arancedo, una década como pastor de la diócesis de Mar del Plata

Ahora sus pares le confirieron la responsabilidad de ser la voz de la Iglesia Católica, en un especial momento del país, con autoridades nacionales que han tenido claros sesgos de diferenciación con las autoridades religiosas salientes. Arancedo es como un aporte a un bálsamo político, que parece haberse extendido por lo menos momentáneamente con el poder político central, tras un convivencia conmplicada con monseñor Bergoglio.

Los ´90  no fueron años de una década fácil para los trabajadores y en especial para la industria pesquera, no obstante ofreció su colaboración para mediar entre las partes, en especial con los gremios del sector. Fue un apasionado defensor de la causa de la pesca artesanal, acompañando los reclamos con la solidaridad desde su misión pastoral La reactivación del puerto lo tuvo como protagonista, provocando un acercamiento entre las partes en diferendo.

Su obispado en la ciudad coincidió con los mandatos del doctor Carlos Menem en la presidencia de la nación y de los intendentes Mario Roberto Russak y Blas Aurelio Primo Aprile y de las gobernaciones de Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf.

Fue el propulsor de la reedición de la Semana Social que comenzó nuevamente a realizarse en el 1995. Este espacio se transformó en el encuentro entre los gremios y la  Iglesia, y en el lugar para encontrar soluciones y propuestas para defender los derechos de los trabajadores.

Cuando en Mar del Plata, había una tasa de desocupación de más del 24%, los piqueteros tomaron la Catedral y el Obispado. A pesar de los destrozos y prepotencias, monseñor Arancedo los recibió y les ofreció su ayuda y acompañamiento.

En el 2000, impulsó la Gran Misión Diocesana, en la que participaron más de 10.000 misioneros de todas las comunidades y movimientos.

En diciembre de 1992 realizó confirmaciones masivas en el Estadio Mundialista, en la que fueron confirmados 8.000 jóvenes; en el marco del 5° centenario de la Evangelización en América.

Creó el Fondo Diocesano para la Evangelización, con el que se multiplicó la presencia evangelizadora en la Diócesis. Con este se impulsó la construcción, refacción de templos, capillas y salones comunitarios.

Recibió la visita del cardenal Pironio, en dos oportunidades lo que implicaba también una relación con el Vaticano.

En el caso de abusos denunciados en el Colegio Nuestra Señora del Camino, debió dar respuestas y escuchar las demandas de padres de alumnos del  colegio ya que el mismo dependía del obispado. Monseñor Arancedo los recibió, escuchó sus argumentos y brindó la posibilidad de ayudarlos, en hechos que finalmente se dirimieron ante la justicia.

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